October 23, 2017
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INTERAMER
Number: 67
Year: 1999
Author: Eloísa Trellez Solís y Gustavo Wilches Chaux
Title: Educación para un futuro sostenible en América Latina y el Caribe

El desarrollo sostenible: De los propósitos a la realidad

Afirma el preámbulo a la Declaración de Jefes de Estado y de Gobierno reunidos en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, en 1996, que a pesar de los esfuerzos regionales y subregionales llevados a cabo en las Américas con miras al desarrollo sostenible…
subsisten algunas modalidades de extracción, producción y consumo de bienes y servicios que han respondido primordialmente a objetivos de corto plazo, causando la explotación inadecuada de nuestros recursos naturales y la degradación ambiental, lo que ha traído aparejado que los pobres asuman una cuota desproporcionada de tales costos.13
Ocho años antes el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) había publicado un reporte titulado “Educación - La Agenda para el Siglo XXI”,14 el cual expresaba mucho de esta misma perspectiva a un nivel mundial:
...la globalización económica no está reduciendo la disparidad en los niveles de vida. Al contrario: entre 1960 y el comienzo de la presente década, la participación en el ingreso del 20% más rico de la población mundial saltó de un 70% a un 87% y el coeficiente de Gini—una medida sumaria de desigualdad—se deterioró de un penoso 0.69 a un escandaloso 0.87. Los contrastes, por lo mismo, siguen siendo abismales: la esperanza de vida al nacer va desde 33.6 años en Sierra Leona hasta 79.8 años en Japón. El alfabetismo adulto va desde 13% de Niger hasta casi 100% de los países industrializados, y el ingreso per capita ajustado por el costo de vida local sigue yendo desde 352 dólares de Ruanda hasta los 34.155 en Luxemburgo.
En cuanto a consumo y calidad de vida en América Latina y el Caribe, el documento “Nuestra Propia Agenda” resume así el estado de la región:
Aunque la situación varía entre los países, se estima que en 1960 la población bajo el nivel de pobreza en América Latina y el Caribe era de 110 millones de personas y representaba el 51 por ciento de esa población. El porcentaje disminuyó al 40 por ciento en 1970 y al 35 por ciento en 1980. Sin embargo, la tendencia cambió en la presente década, estimándose que los pobres de la Región (163 millones) volvieron a representar no menos del 40 por ciento de la población, de los cuales 61 millones estarían en el nivel de la extrema pobreza. El número absoluto de pobres en 1985 era casi un 50 por ciento mayor que el existente en 1960 y un 25 por ciento mayor que el de 1980. En 1990, el número de pobres alcanzó 204 millones. En cuanto a las necesidades básicas, se calcula que un 40 por ciento de los hogares no consumen el mínimo de calorías necesarias; que de 12 millones de niños nacidos anualmente, más de 700.000 mueren antes de los doce meses; que la tasa de deserción en la escuela primaria es del 15 por ciento (mayor que las de Africa y Asia); el desempleo y el subempleo afectan al 44 por ciento de la fuerza laboral y el 68 por ciento de las viviendas pueden clasificarse como inadecuadas.15
En términos de calidad atmosférica en América Latina y el Caribe, se calcula que 81 millones de habitantes de zonas urbanas de la región están expuestos de manera permanente a condiciones atmosféricas inadecuadas, mientras 38 millones de personas habitan en ciudades donde la contaminación se considera “solamente intermitente”. Ambas situaciones se traducen en enfermedades respiratorias crónicas y pérdida de capacidad laboral. En Ciudad de México se han multiplicado seis veces las muertes debidas a cáncer y enfermedades respiratorias desde 1956, mientras las enfermedades cardiovasculares se han cuadruplicado. En cuanto a agua y saneamiento ambiental el documento hace referencia a que
la región presenta todos los inconvenientes del modelo de desarrollo industrial, pero sin los beneficios que este acarrea para los países desarrollados. Varios de los principales ríos de la región presentan problemas de contaminación biológica y química, producto especialmente de los centros urbanos, de la industria y de la agricultura (fertilizantes, plaguicidas, etc.).16
Mientras tanto, los inconvenientes del modelo de desarrollo industrial están revirtiendo por si mismos a sus orígenes, es decir, a los países desarrollados. En los Estados Unidos más de 60.000 personas mueren a causa de la contaminación del aire. Cerca de 500.000 personas viviendo en las áreas más contaminadas de 151 ciudades norteamericanas encaran un riesgo de muerte 15 veces mayor con respecto a aquellos que viven en áreas menos contaminadas, y alrededor de 164 millones de personas corren actualmente el riesgo de problemas de salud respiratorios y de otros tipos como resultado de la exposición excesiva al aire contaminado. Al mismo tiempo, más de 41 millones de personas en los Estados Unidos viven a menos de 6.4 kilómetros de uno de los 1.500 depósitos de desechos de tóxicos más peligrosos de la nación. Desde los años cincuenta, el país ha registrado incrementos dramáticos en cáncer de testículo, de próstata, de riñón, de seno, de piel y de pulmón, y de acuerdo con las fuentes más confiables los casos de éstas y de otras enfermedades relacionadas con el ambiente se están incrementando.17

Por último, en un estudio realizado en 1984
se demostró que el número de personas afectadas en el mundo por inundaciones, ciclones, terremotos y sequías, había pasado de 27 millones en la década de los sesenta, a más de 48 millones en la década siguiente, sin que se hubieran registrado cambios geológicos o climáticos capaces de justificar ese incremento.18
Aunque las dinámicas naturales no han cambiado substancialmente, se han consolidado fenómenos peligrosos capaces de desencadenar desastres, causando cada vez más pérdidas económicas y víctimas humanas. La agudización de los efectos del fenómeno de El Niño en los últimos años confirma que el clima del planeta está perdiendo su capacidad de autorregulación.

Los datos citados anteriormente muestran claramente cómo la brecha entre la retórica de los gobiernos sobre el desarrollo sostenible y la manera cómo los planificadores del Estado continuan concibiendo y llevando a cabo el desarrollo es cada vez más grande. Esto es una realidad no solamente en términos estrictamente ambientales, sino también en términos sociales y económicos. En pocas palabras, la manera como el mundo está siendo administrado es cada vez más insostenible.

En la Conferencia Mundial sobre MedioAmbiente y Desarrollo llevada a cabo en Río de Janeiro en 1992, se adoptaron decisiones al más alto nivel encaminadas a invertir estas tendencias destructivas. Sin embargo, seis años después de la Conferencia, la eficacia de dichas decisiones no solamente está todavía muy lejos de lo esperado, sino que la contradicción entre ambiente y desarrollo a nivel global sigue en aumento. Por lo tanto, debemos concluir que la organización socioeconómica humana, incluyendo la forma en la cual interactuamos con el ambiente y la noción que tenemos de desarrollo, agrava la vulnerabilidad. La manera como las formas predominantes de organización social están actualmente cambiando los ecosistemas en los que vivimos está haciendo más vulnerables y al mismo tiempo más amenazantes a los ecosistemas que ocupamos.

Reto para el futuro
  • Fomentar que los Jefes de Estado y de Gobierno asuman, con plena voluntad política, la responsabilidad de una reforma socioeconómica efectiva con la perspectiva de lograr una mayor sostenibilidad. Sin esta condición no será posible convertir en realidades concretas los compromisos asumidos en los documentos internacionales.