22 de Octubre de 2017
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INTERAMER
Número: 67
Año: 1999
Autor: Eloísa Trellez Solís y Gustavo Wilches Chaux
Título: Educación para un futuro sostenible en América Latina y el Caribe

Indicadores de proceso y criterios para evaluar la sostenibilidad

En teoría existe consenso sobre la incapacidad de los indicadores convencionales, tales como el producto interno bruto y el ingreso per cápita, para evaluar el desarrollo en términos de “satisfacción humana”. Sin embargo, en la práctica esos indicadores se siguen utilizando casi de manera exclusiva no solamente para medir el desarrollo sino, lo que es más grave, para diseñar, planificar y ejecutar las políticas de desarrollo. Los indicadores económicos per se siguen predominando sobre la medición de la calidad de vida de las personas, y por supuesto de la de todas las demás especies. A pesar del amplio reconocimiento de que crecimiento económico no es igual a “desarrollo”, los gobiernos continuan asumiendo que cuando las estadísticas indican crecimiento automáticamente se mejora en general la calidad de vida.

No han faltado esfuerzos para desarrollar indicadores y metodologías alternativas. Entre los esfuerzos más avanzados están la propuesta de “Desarrollo a Escala Humana”, publicada por el equipo CEPAUR (Centro de Alternativas de Desarrollo) de Chile, con sus matrices sistémicas de necesidades y satisfactores, y el Indice de Desarrollo Humano (IDH), propuesto y aplicado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

El IDH, como es bien sabido, combina un indicador convencional, el ingreso per cápita, con la esperanza de vida al nacer y el nivel de escolaridad que una determinada sociedad es capaz de garantizarles a sus miembros. Siendo las dos últimas variables mucho más aproximadas a la medición de la calidad de la vida que lo que lo son las meras cifras económicas. El IDH, sin embargo, no ha sido aceptado como el indicador del desarrollo. En cierto sentido sigue siendo un indicador marginal, académico, “alternativo”, y no la brújula de quienes administran las economías nacionales.

El PNUD y algunos gobiernos de América Latina y el Caribe vienen realizando esfuerzos conjuntos para darle más relevancia a el IDH a través de un sistema de medición más comprensivo, complementándolo con variables como la calidad del ambiente que sirve de escenario al desarrollo humano y la calidad de la educación que la sociedad le ofrece al individuo. Si los factores ambientales se tuvieran en cuenta para medir el desarrollo humano, y más aún, si se tuviera en cuenta el costo que el desarrollo de un país determinado conlleva para otros países, otra sería la posición que ocuparían muchos de los países “más desarrollados” en la lista.

A través de interrogantes como los siguientes podemos percibir si un determinado proceso de desarrollo conduce o no hacia una sociedad más sostenible:

Preguntarnos, por ejemplo, si como consecuencia de un proceso:
  • ¿Las organizaciones y sus líderes ganan legitimidad, representatividad y capacidad de gestión?
  • ¿El ejercicio del liderazgo se vuelve menos autoritario y más pedagógico y participativo?
  • ¿Se crean nuevas organizaciones y redes y/o se consolidan interna y externamente las existentes?
  • ¿La comunidad y las autoridades locales ganan capacidad de gestión, autonomía y poder de decisión en los procesos que las afectan?
  • ¿La comunidad y la región reducen su vulnerabilidad económica mediante la diversificación de fuentes de ingresos, capacidad de generar valor agregado y de generar excedentes económicos, seguridad social, seguridad alimentaria, incremento de oportunidades, distribución más equitativa de la riqueza?
  • ¿El Estado y sus instituciones ganan legitimidad, credibilidad, y la capacidad para gobernar ?
  • ¿La gestión institucional se vuelve más participativa y democrática?
  • ¿Las decisiones contribuyen a que los procesos adquieran sentido y significación desde el punto de vista del imaginario de la comunidad?
  • ¿Los sectores más débiles y marginados adquieren capacidad de participar, gestionar y decidir?
  • ¿La visión machista retrocede en favor de la perspectiva de género con consecuencias efectivas en términos de equidad?
  • ¿Las mujeres ganan espacios y oportunidades de liderazgo, de participación y de decisión?
  • ¿La población infantil y joven de una comunidad encuentran condiciones que estimulan su creatividad, que les permiten desarrollar libremente su personalidad y que posibilitan su participación en la construcción del futuro que les corresponderá habitar y protagonizar?
  • ¿La cultura ofrece posibilidades creativas y de realización humana que permiten reducir los niveles de alcoholismo, vandalismo juvenil y drogadicción?
  • ¿La población de la “tercera edad” mantiene una posición activa en la construcción de comunidad? ¿Sus integrantes permanecen abiertos a nuevos aprendizajes? ¿Se valoran e incorporan sus experiencias y saberes al patrimonio cultural vivo de la comunidad? ¿Existen espacios de encuentro y diálogo intergeneracional?
  • ¿Las comunidades étnicas indígenas y afroamericanas adquieren y/o consolidan reconocimiento y dominio territorial y capacidad para controlar y manejar sus territorios con criterios de sostenibilidad?
  • ¿Las comunidades étnicas logran fortalecer su identidad en función de la valoración interna y externa de sus propias particularidades y no de la negación de las particularidades de los demás?
  • ¿Valores como la cooperación y la convivencia comienzan a ganar espacio frente a la competencia excluyente y la dominación?
  • ¿Se incrementa la capacidad de acceder a y manejar información y de aplicarla a la solución de problemas y necesidades locales?
  • ¿Se democratiza el acceso a los medios de comunicación y se rompe o reduce la unilateralidad de la información?
  • ¿Aumenta la comprensión sobre los problemas en la comunidad? ¿Se socializa efectivamente el conocimiento sobre los problemas, sus causas, sus implicaciones y sus alternativas de solución?
  • ¿Aumenta la capacidad para producir, recuperar, valorar y aplicar saberes locales en el análisis de situaciones y la solución de problemas?
  • ¿La educación faculta para generar nuevos conocimientos y “aprender a aprender”?
  • ¿La gente aprende a formular integralmente y a gestionar proyectos para solucionar sus problemas?
  • ¿Se posibilitan y llevan a cabo diálogos de saberes y diálogos de ignorancias?
  • ¿La educación formal y no formal se acercan a la realidad de la comunidad?
  • ¿Se incrementa la capacidad de los sujetos de la educación para relacionar, contextualizar y relativizar sus conocimientos y experiencias?
  • ¿Aumentan la disposición y la capacidad para solucionar pacíficamente los conflictos? ¿Aumentan y se aprovechan los espacios para el diálogo y la concertación?
  • ¿Mejoran los factores ecológicos que inciden sobre la calidad de vida de la comunidad (calidad del aire, del agua y del suelo; niveles de ruido, calidad del paisaje, etc.)?
  • ¿Los ecosistemas cumplen su función ecológica a la par que su función social?
  • ¿La gestión ambiental conduce a un incremento en la capacidad de autoorganización y autorregulación de los ecosistemas?
  • ¿Aumenta la productividad del suelo (y en general de los ecosistemas) con reducción en el uso de plaguicidas y fertilizantes químicos contaminantes?
  • ¿Se reducen o controlan los niveles de riesgo mediante la reducción o manejo adecuado de las amenazas (naturales, socio-naturales, antrópicas) y los factores de vulnerabilidad tanto de los ecosistemas como de las comunidades que los ocupan o interactuan con ellos (Gestión de Riesgo)?
  • ¿Se logra que fenómenos habituales, propios de la dinámica de la naturaleza, pierdan su condición de amenazas?
  • ¿La gestión del riesgo se convierte en una herramienta integral de planeación y de gestión?
  • ¿Se reducen las pérdidas humanas y materiales que ocasionan los desastres?
  • ¿Se establecen sistemas participativos y permanentes de monitoreo de riesgos (amenazas y vulnerabilidades)?
  • ¿Se reducen las contradicciones entre usos actuales y usos potenciales del suelo y, más ampliamente, de los ecosistemas?
  • ¿Se incorpora la valoración de los “servicios ambientales” que prestan los ecosistemas en el inventario de activos de una región determinada?
  • ¿Aumenta la “producción” de agua en una cuenca determinada?
  • ¿Se protege o incrementa la biodiversidad en todas sus expresiones?
  • ¿Se avanza hacia una gestión ambiental con participación efectiva de la comunidad y de la naturaleza en las decisiones que las afectan?
Reto para futuro
  • Avanzar en la construcción de indicadores cualitativos y cuantitativos que permitan responder a las preguntas planteadas.