24 de Octubre de 2017
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INTERAMER
Número: 67
Año: 1999
Autor: Eloísa Trellez Solís y Gustavo Wilches Chaux
Título: Educación para un futuro sostenible en América Latina y el Caribe

El desarrollo como proceso y la sostenibilidad

Mientras el desarrollo se siga enfocando desde una visión exclusiva “de producto” y equiparándose a obras físicas, a crecimiento económico o a mayor capacidad de intervención sobre las dinámicas de los ecosistemas, sin asumir responsabilidad por las consecuencias de largo plazo de dicha intervención, resulta imposible hablar de sostenibilidad. Se hace necesario, por lo tanto, concebir el desarrollo especialmente en los niveles de toma de decisiones con una visión de proceso.

Uno de los principales problemas teóricos y prácticos de esta visión, es la ausencia de indicadores que permitan evaluar en el corto, mediano y largo plazo el estado y curso de un proceso determinado. Agobiados por la “visión de producto”, hemos desarrollado una enorme capacidad para medir resultados físicos y productos materiales, es decir, “cuadros fijos” sin apreciar las dimensiones de sus contextos históricos. Nos esforzamos por entender una situación en un momento dado sin comprender las circunstancias pasadas o su potencial futuro. Tratamos de forzar los patrones de conocimiento hacia simples relaciones lineales de causa-efecto, evitando el análisis de procesos multicausales e interactuantes.

Debido a que el desarrollo sostenible es un proceso dinámico es preciso que se aborde como tal, y no como un producto estático. Para ello se requieren con urgencia indicadores cualitativos y cuantitativos que nos permitan evaluar el impacto de decisiones específicas en términos de si éstas promueven o atentan contra las condiciones que hacen posible una vida en el planeta Tierra.

Reconociendo esta necesidad las Naciones Unidas han propuesto metodologías e indicadores para el desarrollo sostenible9 que consideran aspectos sociales, ambientales e institucionales. Sin embargo estas aproximaciones todavía necesitan ser inter-relacionadas de manera tal que permitan una visión holográfica del desarrollo. Desafortunadamente no existen todavía unos indicadores cualitativos y multidimensionales que puedan convertirse en instrumentos cotidianos para quienes tienen en sus manos la planificación, la ejecución y la evaluación del desarrollo.

En el caso de los países del llamado Tercer Mundo no existen indicadores y parámetros que permitan medir el desarrollo con base en perspectivas y realidades propias, lo cual ha conllevado a una habitual comparación con realidades surgidas de otras latitudes, de otros ecosistemas, de otras características étnicas, culturales y económicas y de otras historias. Las sociedades de América Latina y el Caribe son entonces descritas como subdesarrolladas, no como resultado de la confrontación de su propia imagen, sino como el resultado de verse en relación con otras sociedades consideradas así mismas, y también por el Tercer Mundo, como “desarrolladas”.

En una era caracterizada por el rápido incremento de la globalización en la producción y en el comercio, ya no tiene sentido definir el desarrollo en términos basados primordialmente en indicadores económicos nacionales. Estos últimos, hoy por hoy, no solo responden a las dinámicas internas de cada país, sino que además revelan los complejos efectos de los mercados internacionales, de las condiciones políticas y de la toma de decisiones corporativa.

Habremos sobrepasado este paradigma comparativo del desarrollo una vez que podamos definirnos en términos de países “sostenibles” o “insostenibles” o quizás “subsostenibles”, como resultado de una valoración de la habilidad propia de una sociedad para armonizar su cultura y su ecología. En la medición de esta habilidad podrían ser relevantes:
  • la convivencia armoniosa de las comunidades con su entorno ecológico.
  • la legitimidad de las instituciones y de los gobernantes.
  • la capacidad de gestión de las comunidades y la eficacia de las instituciones democráticas.
  • el respeto a los derechos humanos y la seguridad alimentaria.
  • la creatividad y vitalidad de los imaginarios10 nacionales.
Retos para el futuro
  • Comprender el desarrollo como un proceso complejo y potencialmente contradictorio, que inadecuadamente orientado, en términos de la sostenibilidad, puede movilizar fuerzas económicas y sociales que generen nuevos riesgos, reduzcan la calidad de la vida y produzcan deterioro ambiental.
  • Descubrir y aplicar nuevos criterios para redefinir el desarrollo, indicadores que permitan planificarlo, llevarlo a cabo y medirlo en los términos multidimensionales de la sostenibilidad.