23 de Octubre de 2017
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INTERAMER
Número: 67
Año: 1999
Autor: Eloísa Trellez Solís y Gustavo Wilches Chaux
Título: Educación para un futuro sostenible en América Latina y el Caribe

Los años 80 y el pensamiento ambiental latinoamericano

La fuerza principal del pensamiento ambiental en América Latina y el Caribe surge y se expresa durante esta década a través de los trabajos iniciados por los alumnos y profesores del CIFCA, así como también por expertos de la región, conscientes de la necesidad de promover los conceptos de ambiente y desarrollo y sus expresiones educativas en estrecho vínculo con las realidades de los diversos países. Fue así como empezó a originarse una escuela de pensamiento ambiental en la región.

En diferentes momentos y desde ángulos diversos, destacados latinoamericanos entran al panorama mundial y regional y aportan fundamentos esenciales del pensamiento ambiental, conduciendo las reflexiones hacia el campo educativo a través de propuestas efectivas llevadas a cabo en los países de la región.

En 1981, Latino América y el Caribe crean a través del PNUMA la Red de Formación Ambiental para la región, como una muestra del interés de los países en el tema educativo en relación con los procesos ambientales. Dicha red entró a desempeñar un rol fundamental en la búsqueda de alternativas formativas, como así lo ilustra el trabajo producido en la Primera Reunión Internacional sobre Universidad y Medio Ambiente en América Latina y el Caribe, realizada en Bogotá en 1985, y convocada conjuntamente con la UNESCO. En esta reunión se debatieron dos importantes documentos: “Las Diez Tesis sobre Medio Ambiente en América Latina” y “La Carta de Bogotá sobre Universidad y Medio Ambiente”. Muchas de las afirmaciones de estos documentos permanecen hoy tan vigentes como años atrás, cuando vincularon estrechamente consideraciones de desarrollo sostenible y educación, por lo cual vale la pena mencionar algunas de ellas:
De “Diez Tesis sobre el Medio Ambiente en América Latina:”
El orden económico internacional vigente ha determinado, en los países latinoamericanos, un estilo de desarrollo que provoca tanto una degradación de los ecosistemas como un empobrecimiento de la mayoría de la población. Las modalidades de explotación de los recursos naturales producen un deterioro superior a las posibilidades de regeneración de los sistemas naturales. (...)

América Latina cuenta con riquezas naturales suficientes para satisfacer las necesidades básicas de su población y con un potencial ecológico y humano para inducir un proceso sostenido de desarrollo. Sin embargo, el inadecuado manejo de sus recursos ha conducido a la eliminación o alteración drástica de sus ecosistemas naturales (...)

La degradación del potencial ambiental de desarrollo no es resultado pues de una presión demográfica excesiva sobre el territorio, se debe fundamentalmente a la incorporación de patrones tecnológicos impulsados por un estilo de desarrollo dependiente, centralizado y homogeneizante (...)

Se concibe el ambiente como un potencial productivo para un desarrollo alternativo, igualitario y sostenible, fundado en el manejo integrado de sus recursos ecológicos, tecnológicos y culturales. Esta concepción contrasta con las ideas dominantes en las que el ambiente se considera como un factor limitante o un recurso natural disponible, cuya degradación sería el costo ineludible del desarrollo. Surge así en América Latina un pensamiento propio en relación con la temática ambiental (...)

Las soluciones concretas a los problemas ambientales dependen, en última instancia, de una nueva capacidad organizativa de la sociedad en su conjunto, basada en los valores culturales de las comunidades, la creatividad popular y su potencial innovativo. Tales soluciones no pueden darse fuera del marco de una voluntad política que rompa con la dependencia económica, ideológica y tecnológica, y propicie condiciones para una gestión participativa y democrática de los recursos.4
Las aseveraciones dejan muy en claro que la historia socioeconómica que fundamenta los problemas ambientales de América Latina difiere en muchas formas de la estructura de estos mismos temas en Norteamérica. Primero, debido a que los Estados Unidos y Canadá desarrollaron sus estrategias de desarrollo, no las importaron, los temas de sostenibilidad no están tan ligados a las cuestiones de dependencia económica, ideológica y tecnológica. Segundo, el Norte no confronta como el Sur el desasosiego ecológico agravado por patrones de producción y consumo importados.  La introducción de tecnologías y enfoques hacia los recursos naturales y humanos que crearon perturbaciones ambientales aún en su entorno nativo, a menudo ocasiona un desequilibrio mayor cuando son introducidas súbitamente en sociedades que evolucionan de diferentes estructuras socioeconómicas.
De “La Carta de Bogotá sobre Universidad y Medio Ambiente en América Latina”
La introducción de la dimensión ambiental en el nivel de la educación superior, obliga a replantear el papel de la Universidad en la sociedad, y en el marco del orden mundial contemporáneo, en el cual se configura la realidad latinoamericana y del Caribe. Por eso, es necesario insistir en la significación y función de la Universidad como laboratorio de la realidad contemporánea dentro de las condiciones concretas de la región en el contexto mundial. (...)

La incorporación de la temática ambiental en las funciones universitarias y la internalización de la dimensión ambiental en la producción de conocimientos, replantea la problemática interdisciplinaria de la investigación y la docencia, y en ese contexto, la responsabilidad de las universidades en el proceso de desarrollo de nuestros países.

La cuestión ambiental ha generado nuevas temáticas interdisciplinarias que obligan a trascender esfuerzos y métodos pluridisciplinarios anteriores. Entre estos temas se encuentra, entre otros, la necesidad de la descentralización del poder y de los procesos económicos, fundada en criterios ambientales, para generar un proceso de desarrollo mejor equilibrado en lo regional, ecológicamente sostenible, y que permita una gestión más democrática de los recursos productivos. Allí se inscriben problemas globales y complejos como el de la racionalidad de los procesos productivos, la problemática alimentaria de nuestros pueblos, el manejo integrado de nuestros recursos, la satisfacción de las necesidades básicas de la población y el mejoramiento de su calidad de vida.5
En esta reunión celebrada en Bogotá, tanto el PNUMA y la UNESCO como todas las universidades participantes acordaron comprometerse a incorporar la dimensión ambiental, desde una perspectiva interdisciplinaria y global, en todas las carreras y postgrados ofrecidos en América Latina. Sin embargo, hasta la fecha este compromiso sólo ha sido parcialmente cumplido, y aunque se han creado múltiples postgrados (con diferentes calidades) en temas de ambiente y desarrollo, la dimensión ambiental sigue ausente en la mayor parte de las carreras universitarias, y, en consecuencia, en el perfil profesional de sus egresados.

Las razones han sido diversas, y entre ellas están las que provienen de la misma estructura universitaria, basada en departamentos rígidos, que no ha sido modificada y que continúa manejando procesos formativos puntuales, unidisciplinarios y que se resisten al cambio. Las actividades académicas mismas han estado signadas por este paralelismo y las incursiones hacia la interdisciplinariedad y hacia la construcción de nuevos saberes han tropezado generalmente con la incomprensión o el rechazo.

A pesar de estos obstáculos el proceso sigue su marcha. El “Directorio de Instituciones y Programas de Formación Ambiental de América Latina”, editado en 1995 por la Oficina Regional para América Latina del PNUMA y la Red de Formación Ambiental, presenta una lista de 156 programas relacionados con aspectos del ambiente y el desarrollo sostenible, ofrecidos en la actualidad por 85 instituciones de la región. No obstante, es de resaltar que los logros parciales de este proceso deben consolidarse con vertientes más profundas y con una mayor claridad en cuanto a la integralidad del conocimiento, la construcción del nuevo saber ambiental y a su articulación con el desarrollo sostenible.

En lo que respecta al norte del continente, hasta hace poco los programas universitarios dedicados a temas ambientales se caracterizaban por la tendencia a la fragmentación del campo en disciplinas dominadas solo por expertos científicos y técnicos. Esta estricta división creó en la universidad reinos de información separados y delegó al gobierno el rol de mediador entre ellos. Así, tanto el sector ambientalista político como el académico volvieron a ser fragmentados y elitistas.

En 1987 ocurrió un importante acontecimiento que marca un hito en el ámbito internacional y crea, una vez más, una base para la democratización de la cuestión ambiental: la Comisión Brundtland, creada en 1984, publica el informe “Nuestro Futuro Común”. En este informe se planteó por primera vez la definición básica de desarrollo sostenible, hoy ampliamente utilizada, y que serviría de referencia para la organización de la Cumbre de Río en 1992:
Desarrollo Sostenible es aquel desarrollo que permite satisfacer las necesidades del presente, sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer las propias.
Compromiso
  • Estudiar a profundidad los alcances del “pensamiento ambiental latinoamericano” y determinar su aporte potencial al desarrollo sostenible de la región.
  • Plantear su fortalecimiento y futura evolución en relación con la construcción de nuevos saberes y la reformulación de procesos educativos, a través de la promoción de investigación inter y transdisciplinaria tanto en ámbitos universitarios como comunitarios.
  • Enfocar estas actividades hacia la formación de profesionales comprometidos, desde sus respectivos campos de acción, en la reorientación del actual desarrollo regional hacia una auténtica sostenibilidad.
  • Ampliar las aplicaciones del “pensamiento ambiental latinoamericano” hacia los sistemas ecológicos y sociales de Norte América.