18 de Junio de 2018
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Colección: INTERAMER
Número: 66
Año: 1999
Autor: Christopher R. Thomas
Título: Medio Siglo de la Organización de los Estados Americanos: Panorama de un compromiso regional

CAPÍTULO IV
DE CARA AL FUTURO

I. Circunstancias internacionales y regionales

La Organización de los Estados Americanos es la organización regional más antigua del mundo y uno de los pocos órganos regionales que puede celebrar su cincuentenario en el siglo actual. La ocasión del quincuagésimo aniversario se produce cerca del inicio de un nuevo milenio anunciado por una transformación radical en la tecnología de las comunicaciones, generada por el fenómeno de la globalización. La globalización, a su vez, impone la gestión del cambio, el logro de la seguridad, el desarrollo sostenible, el multilateralismo y la interdependencia funcional. Éstas son fuerzas simbióticas en el contexto de la integración de la comunidad mundial. La manera en que la OEA consiga responder a estos fenómenos vinculados a la globalización determinará su éxito en la elevación de su perfil como organización y su capacidad para asumir funciones de liderazgo hemisférico más efectivas en el siglo XXI.

Los rápidos avances de la tecnología de las comunicaciones son, a la vez, motor del cambio y resultado de ese cambio en el sistema internacional. La constante corriente de innovación tecnológica, de evolución y transformación de los procesos que constituyen el sistema es tan significativa que el “cambio”, de por sí, se ha transformado en una realidad en los contextos social y económico en evolución constante. Los nuevos sistemas y los avances tecnológicos deben integrarse y adaptarse en forma constante en nuestras sociedades, lo que impone no sólo una enorme exigencia a nuestros recursos humanos, sino también a la capacidad estructural de nuestras sociedades para asimilar ese flujo constante de innovación. La gestión eficaz de estos cambios exigirá un criterio prácticamente científico para pronosticar el carácter de los cambios futuros y para determinar sus posibles efectos en la estructura de nuestras sociedades. Este pronóstico formará, por tanto, la base de los planes, programas y proyectos encaminados a satisfacer las futuras necesidades, en tanto que, al mismo tiempo, orientará el progreso de los cambios en las áreas que se consideren esenciales para el futuro desarrollo integral de nuestras comunidades.

La intensificación del proceso de globalización ha dejado muchas esferas de la estructura social, política y ambiental de la vida nacional y regional abiertas a influencias de todo tipo, a través de un conjunto intrincado e ineludible de vínculos. Este fenómeno ha determinado una redefinición de la cuestión de la seguridad y la reconsideración de nuestro abordaje de tales temas por el expediente de un criterio más abierto y conjunto de un problema que ha adquirido carácter global. Las futuras respuestas a la cuestión de la seguridad, por lo tanto, exigen un tipo de enfoque amplio y global, que refleje y atienda las preocupaciones de todos los protagonistas del sistema.

Un efecto importante de la globalización es la formación de megacompañías y carteles, en medio de una amplia gama de grupos de intereses que operan dentro del sistema y tratan de incrementar sus beneficios, adaptándose al proceso de globalización e impulsándolo al mismo tiempo. Ante este desafío formidable, los gobiernos no sólo tienen ante sí la tarea de mantener un rumbo decidido en su agenda de desarrollo, sino que, más importante aún, deben garantizar que el mismo sea integral y sostenible. Estas preocupaciones de los gobiernos nacionales y regionales imponen un criterio multilateral a todas las respuestas encaminadas a abordar las cuestiones del desarrollo. Ello es inevitable puesto que el desarrollo, necesariamente, es evolutivo, incremental, y nunca estático. Dentro de este contexto, el multilateralismo y el desarrollo pasaron a ser compatibles, desde que el propio proceso de globalización, de por sí, es multilateral. Ese multilateralismo incrementa la interdependencia, no sólo de los órganos de decisión política de los Estados, sino también de los propios procesos que constituyen la trama de la estructura social, económica y política de esos Estados. La interdependencia funcional se inscribe dentro de la propia lógica de la globalización y, sin duda, se caracterizará en el futuro por la cooperación internacional. En el caso particular de las Américas y de la Organización de los Estados Americanos, las circunstancias de los Estados de la región en los últimos años de este decenio constituirán las determinantes de la capacidad y del potencial de la Organización para aprovechar las oportunidades y enfrentar los desafíos del nuevo milenio, imperativos para su supervivencia.

¿Cuáles son, entonces, las circunstancias de los Estados de la región cuando ingresan inevitablemente en el nuevo milenio y cómo los prepara la dinámica interna de la Organización para una acción futura eficaz? En cuanto a las circunstancias, en los cincuenta años de empeños regionales de la Organización, conjuntamente con los Estados miembros, se ha asegurado efectivamente la democracia como cultura política de la región. Existe un compromiso continental en favor de la consolidación de esta cultura, cuya base debe ser la promoción del desarrollo integral. La democracia, a través del desarrollo, se ha transformado, por tanto, en el objetivo de la región. Debe procurarse el desarrollo a través de una estrategia orientada al ser humano, que abarque una amplia gama de intereses humanos primordiales en las esferas económica y social, de la educación, la cultura, el desempleo, la igualdad de género, la juventud, los mentalmente o físicamente discapacitados, los derechos de los pueblos indígenas y los derechos humanos en general. La cultura y la práctica de la democracia deben cimentar una acción efectiva en todas estas esferas. Por consiguiente, la democracia es la constante fundamental en que se debe asentar el futuro del Hemisferio.

No puede haber duda alguna de que la Organización ha alcanzado resultados significativos en los últimos cincuenta años. Sin embargo, aún queda por realizar numerosos objetivos. El proyecto de Declaración y Convención Interamericana sobre los derechos de los pueblos indígenas y la propuesta Convención Interamericana sobre personas con discapacidad, deben procesarse con celeridad. También quedan pendientes las angustiantes cuestiones de la pobreza, la distribución inequitativa de la riqueza, las desigualdades de género, los males sociales intrínsecos y la consiguiente ausencia de justicia social. Sin embargo, existe un consenso regional en torno a que estas cuestiones deben abordarse en forma estructural. Los elementos motores de esa acción regional sostenida deben ser, por tanto, el compromiso, el impulso y la oportunidad.