26 de Abril de 2018
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Colección: INTERAMER
Número: 62
Año: 1997
Autor: Emilio Carilla
Título: Pedro Henríquez Ureña. Signo de América

NOTAS

1. Ver Sonia Henríquez Ureña de Hlito, “Henríquez Ureña, mi padre”, Revista de la Universidad de La Plata (La Plata, setiembre-diciembre, 1960); reproducido en ECA, Pedro Henríquez Ureña (Buenos Aires, 1967) 198. Ver, también con el párrafo de una carta de Pedro Henríquez Ureña, de 1944:

Estoy tan ocupado en mil cosas, que no he podido darle los toques finales a una colección de ensayos sobre cosas de la América colonial (todo viejo y ya publicado en periódicos) que quiero dar en Losada... (Carta a Emilio Rodríguez Demorizi, fechada en Buenos Aires, el 25 de noviembre de 1944. USD, Homenaje a Pedro Henríquez Ureña [Santo Domingo, 1947] 58).

2. Según Emilio Rodríguez Demorizi, el P. Alfonso Escudero, en un artículo de 1931, “Acerca de Pedro Henríquez Ureña”, Ateneo (Santiago de Chile, 1931) se refiere a un “proyecto de Pedro Henríquez Ureña de escribir una Historia de la literatura hispanoamericana”. (Ver E. Rodríguez Demorizi, “Bibliografía de Pedro Henríquez Ureña”, Homenaje a Pedro Henríquez Ureña, ed. citada, 82).

Rafael Alberto Arrieta ha recordado que Don Pedro le propuso la preparación conjunta de una Antología de la poesía hispanoamericana, antología que comenzaron a trabajar sobre un plan de Pedro Henríquez Ureña. Agregaba que, con motivo del viaje a Santo Domingo, en 1931, la obra quedó interrumpida para siempre. Pero, no menos, Arrieta recuerda igualmente, como trabajo que Don Pedro alentó mucho antes del viaje a Massachusetts, una historia de la literatura hispanoamericana(“su siempre soñada historia de la literatura hispanoamericana...”).

Lo que resulta evidente es que esa “historia” la estaba elaborando lentamente en monografías y notas, y a lo largo de muchos años. Reparando en sus conferencias en la cátedra Charles E. Norton, es fácil mostrar que muchos de sus párrafos nacieron en sus cursos argentinos: los del Instituto del Profesorado Secundario de Buenos Aires y los de las Universidades de La Plata y Buenos Aires. Admitimos, sí, que esas conferencias lo urgieron a darle forma final de libro, aun con algunas limitaciones determinadas por el público al cual se dirigía (si bien, lo de “limitaciones” no debe entenderse aquí en un sentido muy riguroso).

3. El proceso es semejante al de multitud de obras.

Sin ánimo comparativo, por su puesto, cabe aquí la mención de algunos ejemplos célebres. Erasmo escribió en pocos días su Elogio de la locura. Ahora bien, ¿Podemos decir, realmente, que la obra fue escrita en pocos días, y no en muchos años? Esto último es lo que se revela en la obra, más allá de la redacción material del libro y de su aparente brevedad. En otra dirección, comedias de Lope de Vega (aceptamos declaraciones del autor) escritas en un día...

4. Veamos un temprano testimonio, de 1904:

...justo es interrogar, con el ilustre cubano Sanguily: ¿Cuáles son los ideales cuya conservación debemos principalmente atender? Somos españoles, pero antes americanos, y junto con la herencia insustituible de la tradición gloriosa hemos de mantener la idea fundamental, no heredada, de nuestra constitución, la que alienta aún en nuestras más decaídas repúblicas: la concepción moderna de la democracia, base de las evoluciones del futuro.

Las cualidades inherentes a nuestro genio personal —no menos reales porque aún no se hayan fijado en un todo homogéneo— no desaparecerán con la juiciosa y mesurada adaptación de nuestras sociedades a la forma del progreso, hoy momentáneamente teutónica (Pedro Henríquez Ureña, “Ariel”, Ensayos críticos, ed. citada).

5. Con respecto a su último libro, dice su hermano Max:

Estaba escribiendo una nueva obra: Historia de la cultura en la América Hispánica, que terminó tres días antes de que lo sorprendiera la muerte. (Max Henríquez Ureña, Hermano y maestro [Santo Domingo, 1950] L).

Sólo cabría agregar que esta Historia, terminada en sus líneas fundamentales, hubiera podido tener mayor desarrollo en algunos puntos, en caso de una mayor vida de Don Pedro. (Y no me refiero, claro, a las páginas finales...).

6. Cf., Pedro Henríquez Ureña, “Orientaciones (El descontento y la promesa y Caminos de nuestra historia literaria...)”, Seis ensayos en busca de nuestra expresión, ed. citada, 11-51.

7. Esto determinó también, en un primer momento, un equívoco. Ver “Notas norteamericanas”, La Nación (Buenos Aires, 1945) donde se dice, erróneamente, que la obra Literary Currents... es la versión inglesa de los Seis ensayos...

8. Citado por Alfredo A. Roggiano, Pedro Henríquez Ureña en los Estados Unidos, XII y XXVIII.

9. “Mi primera intención fue limitarme en estas conferencias a la literatura de la América Hispánica (nombre que me parece más satisfactorio que el de ‘América Latina’)...” (Pedro Henríquez Ureña, Introducción a Las corrientes literarias en la América Hispánica, traduc. Joaquín Diez-Canedo [México, 1949] 7).

10. Paralelamente, igual intento lo vemos en relación a España. Lo muestran diversas obras suyas y, de manera especial, su estudio “España en la cultura moderna” (publicado primero en La Nación de Buenos Aires, el 10 de noviembre de 1935, y reproducido posteriormente en el libro Plenitud de España, 1a. ed., Buenos Aires, 1940). El estudio inicia el volumen como básica introducción. (Ver, más adelante, nota)

11.[Civilización]

Ninguna nación tiene derecho a pretender civilizar a otra ¿Estamos seguros de que hay grados de civilización? ¿O son tipos, clases de civilización? Hay quienes dicen que es una  fortuna que no se haya pretendido civilizar al indio de los Estados Unidos: así ha conservado su civilización propia, por ejemplo, su arte, que según un notable crítico, es el mejor arte que se produce en el país, mejor que el de Whistler, Homer y todos los pintores famosos (el crítico es Patch) ¿Pero están civilizados todos los Estados de la Unión? Si se pretende civilizar a Haití ¿por qué no civilizar al Estado de Georgia? ¿Y quién decide cuál país es civilizado y cuál no? Sólo la fuerza lo decide hasta ahora...

El ideal de la civilización no es la unificación completa de todos los hombres y todos los países, sino la consideración de todas las diferencias dentro de una armonía. (Pedro Henríquez Ureña, “Puntos de la conferencia...”, publicado en El heraldo de la raza I. 9 [México, 1922]).

[Cultura=civilización]

Entre los pueblos que habían alcanzado culturas medianas, sin llegar a constituir civilizaciones con grandes ciudades y estructuras políticas complejas, se cuentan los tainos, los araucanos...

Difícil es decidir cuántas civilizaciones hubo en México y de cuándo datan...

La civilización azteca heredó de las anteriores de México la arquitectura, con la característica pirámide.... (Pedro Henríquez Ureña, Historia de la cultura en la América Hispánica [México, 1947] 13,15 y 21)

12. Sobre “España en la cultura moderna” digamos que con este título se publicó en el volumen Plenitud de España (1a. ed.[Buenos Aires, 1940]). Apareció por primera vez en La Nación de Buenos Aires (10 de noviembre de 1935) en el título de “España y el Renacimiento”.

Distingue allí entre ciencias de aplicación y descripción (geografía, mineralogía, zoología y botánica) y ciencias puras (matemáticas, álgebra, cosmografía, biología, física); filosofía, teología, mística, ascética; derecho; lenguas clásicas, lingüística; teoría literaria, literatura; artes plásticas, música y danza.

13. Escribió Pedro Henríquez Ureña en 1922:

[EEUU] Después de 1865, terminada la guerra Civil, el Oeste fue poblándose y extendiendo los ideales del Nordeste. Hubo una excepción, sin embargo: no se trabajó seriamente por adaptar al indio a la civilización anglosajona, y acaso haya sido ventajosa la desidia: el insumiso indígena no ha aprendido a fabricar máquinas, pero ha conservado su cultura autóctona y tradicional, sobre todo su música y sus artes plásticas, hondamente interesantes. (Pedro Henríquez Ureña, ‘La cultura y los peligros de la especialidad’, Nosotros XLII, 160 [Buenos Aires, 1922] 48)

Ver también, Pedro Henríquez Ureña, “Puntos de la conferencia...”, publicados en El Heraldo de la Raza I.9 (México, 1922).