19 de Abril de 2018
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Colección: INTERAMER
Número: 62
Año: 1997
Autor: Emilio Carilla
Título: Pedro Henríquez Ureña. Signo de América

La elaboración de las grandes síntesis

Sonia Henríquez Ureña de Hlito escribió en unas páginas evocativas, que se refieren a la etapa final de su padre en la Argentina, los siguientes párrafos:

Vivió feliz en este país, al que quiso tanto... Desgraciadamente, su tarea diaria fue abrumadora, y le quedaba muy poco tiempo para su labor personal. Su obra hubiera sido mucho mayor de haber podido despreocuparse, en cierta medida, de los problemas diarios. La prueba es el fruto que dejó su viaje a los Estados Unidos, cuando fue invitado por la Universidad de Harvard, en 1940-41, para ocupar la Cátedra Elliot Norton. Esos nueve meses, libres de preocupaciones, dieron como resultado su libro Las corrientes literarias en la América Hispánica...1

En general, la primera parte del comentario me parece exacta. Don Pedro hubiera podido dejar una obra más nutrida si no hubiera tenido que atender a múltiples actividades, centradas sobre todo en dos líneas que dan noción de buena parte de su vida: las tareas docentes y las tareas editoriales. Las tareas docentes, repartidas entre La Plata y Buenos Aires; las editoriales, especialmente en la Editorial Losada.

Quiero, sin embargo, referirme mejor al final del párrafo, donde establece la diferencia con el viaje a Harvard en el año académico 1940-1941,  nueve  meses  que  le  permite, dice,  la  elaboración  de  una obra orgánica del calibre de Las corrientes literarias en la América Hispánica.

A propósito de esto, la elemental pregunta que cabe es la siguiente: ¿Puede decirse, en rigor, que una obra como Las corrientes literarias se elaboró en nueve meses? Aun admitiendo que quiera referirse a la “redacción”, estoy en condiciones de afirmar que ya antes tenía la idea de una obra semejante y que la invitación de Harvard fue, sí, el compromiso final. Aún más, deseo subrayar, como cosa muy evidente, que ese libro es obra que condensa muchos años sobre el tema. O, si preferimos, que es obra que comienza, en realidad, muchos años antes, ya perfilado el motivo fundamental de sus escritos, en relación al continente.2

De esta manera, Las corrientes literarias... es el final de un largo proceso que alcanza su meta —adivinamos— en el momento oportuno. Es decir, cuando casi una vida dedicada al tema lo obligan a concretar finalmente esta obra de síntesis y larga sedimentación.3

Confirmación rotunda a lo que decimos es el hecho de que, en forma casi paralela a Las corrientes literarias..., en parte como consecuencia, en parte como obligado complemento, Pedro Henríquez Ureña elabora su historia de la cultura en la América Hispánica, obra que, como sabemos, se publicó como obra póstuma en 1947.

Precisamente, esta última obra, sin relación inmediata a cursos (si bien cerca, en diversos aspectos, a Las corrientes literarias...), muestra que correspondía, de manera semejante, al final de un proceso de decantación. Itinerario comenzado medio siglo atrás,4 enriquecido con múltiples experiencias vividas, notable número de lecturas y muchas horas dedicadas a pensar en “su” continente.

Sospecho que la muerte impidió que Don Pedro diera un último toque a su Historia de la cultura, aunque esto no significa afirmar que la obra haya llegado hasta nosotros incompleta. Por el contrario, es obra maciza y, claro, plenamente justificada, donde se extrema, si cabe, el gran poder de síntesis y sedimentación que tanto caracteriza a diversos estudios suyos. En fin, lo que quiero puntualizar en definitiva es que estas dos importantes obras que se titulan Literary Currents in Hispanic America e Historia de la cultura en la América hispánica son obras “escritas” en pocos meses, pero “elaboradas” en muchos años.5

Aunque sea fácil la relación, un anticipo básico de estos trabajos está en un importante libro de 1928: sus Seis ensayos en busca de nuestra expresión. En relación a sus proyecciones conviene que nos detengamos en las principales ideas que allí defendió Pedro Henríquez Ureña. De manera especial, los ensayos iniciales del libro (El descontento y la promesa, Caminos de nuestra historia literaria) proponen su “fórmula” de americanismo. Como corresponde, Pedro Henríquez Ureña pasa antes revista a otras tesis defendidas (la paisajista, la indigenista, la criollista, la hispanista). En rigor, lo que pretende es, por descontado, superarlas. Pero no pretendo aquí repetir los párrafos que he dedicado a los Seis ensayos..., y sí insistir en el carácter de centro irradiador que atribuyo a este libro capital de su bibliografía.6

Volviendo ahora a Las corrientes literarias..., el propio Don Pedro nos dice en su prólogo que las conferencias de Harvard se anunciaron con el título de “En busca de nuestra expresión”, claro enlace con la obra de 1928.7 Los años que median entre esta fecha y 1940, son, claro, de contínuo enriquecimiento, y hasta podemos sospechar que ya en 1928, si no antes, alentaba en él la idea de libros como Las corrientes literarias y la Historia de la cultura, libros que llegaron, finalmente, en momentos de plenitud. La diferencia mayor se marca entre los ensayos (teoría, bosquejo, “ensayo” propiamente dicho) y las obras orgánicas, medulares, que, al cabo de los años, aparecen como concreción de aquellas reflexiones publicadas en la década del 20.