21 de Julio de 2018
Portal Educativo de las Américas
  Idioma:
 Imprima esta Página  Envie esta Página por Correo  Califique esta Página  Agregar a mis Contenidos  Página Principal 
¿Nuevo Usuario? - ¿Olvidó su Clave? - Usuario Registrado:     

Búsqueda



Colección: INTERAMER
Número: 62
Año: 1997
Autor: Emilio Carilla
Título: Pedro Henríquez Ureña. Signo de América

a) Relaciones (encuentros y desencuentros)

En el primer grupo, conviene destacar algunas páginas de Don Pedro. Páginas que nos dan, en mucho, sus ideas principales sobre el tema y que es raro ver reiteradas en otros lugares. Por eso, me parece adecuado reparar en artículos como el titulado La cultura y los peligros de la especialidad, y, por descontado, en el temprano artículo sobre Rodó. En lugar aparte, los testimonios escritos por Don Pedro durante su etapa de Minnesota, en los que comenta la situación de Santo Domingo, su patria; las relaciones entre los Estados Unidos y Santo Domingo, la doctrina Monroe, etc. Veamos algunos párrafos reveladores:

No es de ahora la admiración de los pueblos hispanoamericanos ante el desarrollo de la instrucción pública en los Estados Unidos. Sarmiento, tal vez antes que nadie, Hostos después —entre otros— hallaron en el pueblo norteamericano parte de las inspiraciones que los guiaron en sus campañas pedagógicas...

Hoy, en los comienzos del nuevo siglo, iguales lecciones nos dan los Estados Unidos. Pero ya no tienen ellas la importancia de otro tiempo: porque, en mayor o menor grado, todas las naciones han adoptado el principio de la educación democrática... (La cultura y los peligros de la especialidad)3

Es generalmente conocida la especial situación, de vigilancia y dominio norteamericanos, a que está sometidas las aduanas de Santo Domingo desde el tratado o ‘Convención’ de 1907. Roosevelt se enorgullecía de esta obra de su gobierno. Los políticos republicanos la citaban como ejemplo del bienhechor influjo de los Estados Unidos en el Mar Caribe, y le atribuían misteriosas virtudes pacificadoras. De 1912 para acá, sin embargo, hubo que atenuar el elogio de esas virtudes.... (E.P. Garduño, Hacienda y Diplomacia)4

El Mar Caribe es el punto principal de aplicación de la Doctrina Monroe. La Doctrina, tal como se concibe hoy, se aplica realmente hasta la línea ecuatorial: al sur apenas tiene aplicación.... (Puntos de una conferencia dada ante el Club de Relaciones Internacionales de la Universidad de Minnesota)5

Indudablemente, el estudio más importante que Pedro Henríquez Ureña dedicó al problema de las relaciones entre el norte y el sur del continente corresponde al artículo originado en el Ariel de Rodó. Aun coincidiendo con diversas apreciaciones del admirado autor uruguayo, Don Pedro corrige o muestra discrepancias ocasionales. Mejor dicho, ve aspectos negativos y positivos en la influencia norteamericana. Aspectos que aparecen como dos fuerzas contrapuestas e igualmente vigorosas. Entre los aspectos negativos,  señala el orgullo anglosajón (base de la tendencia imperialista), la moralidad puritana y los prejuicios de raza y secta, por un lado; por otro, el espíritu aventurero, “origen del comercialismo inescrupuloso y del sensacionalismo invasor y vulgarizador”. Entre los aspectos positivos, destaca la corriente sólida, que muchos sustentan, de ideales de perfeccionamiento humano, centrado en el bien moral y con meta en la dignificación de la vida colectiva. Ve como sostenedores de esta corriente a políticos, periodistas y sobre todo, escritores (como Howells y Edith Wharton), artistas (como Whistler y Sargent) y científicos (como Giddings y Ward).

Los nombres propios que da Henríquez Ureña procuran contraponerse al vacío que encuentra Rodó. No cabe duda de que el dominicano conocía mejor que el autor uruguayo el movimiento artístico del país del norte. Pero esto no invalida, por supuesto, el libro de Rodó, defensa escrita en el sur del continente, y, por eso mismo, con injusticias que provienen de actitudes radicales. Su justificación estaba en su carácter y símbolo, más que en una total fundamentación.6 Y, sin tanta ambición, también se justificaba el breve ensayo de Henríquez Ureña, que puede leerse con válido complemento (y, en parte, como rectificación).7

Con posterioridad, Henríquez Ureña tuvo ocasión de reiterar, fuera ya de alusiones a Rodó, algunos de estos juicios. Fundamentalmente, al ocuparse de la política de los Estados Unidos en el Caribe y, sobre todo, en su patria, Santo Domingo. También, aunque en menor proporción, cuando defendió aspectos de la enseñanza en los países del sur, contraponiéndolos a los que había observado en el norte, y las ventajas no las ve precisamente en los Estados Unidos. Pueden servir de ejemplo los artículos titulados La cultura y los peligros de la especialidad (ya mencionado) y Las universidades como instituciones de derecho público.8