17 de Julio de 2018
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Colección: INTERAMER
Número: 62
Año: 1997
Autor: Emilio Carilla
Título: Pedro Henríquez Ureña. Signo de América

b) Los Estados Unidos y su literatura

En este segundo grupo, destaco una vez más, que si bien no nos dejó obra extensas ni nutrida, nos dejó, en cambio un artículo tan bien armado como el que escribió para un número especial de la revista Nosotros y que tituló Veinte años de literatura en los Estados Unidos (1907-1927).

Debe considerarse a este artículo, por más de un motivo, un ensayo ejemplar. Sobre todo, si atendemos a la época en que apareció y a lo que de la literatura de los Estados Unidos se difundía en el mundo hispánico. De manera especial, también, por el conocimiento de primera mano que revela, el rigor del método y la serenidad de los juicios. Verdad que cuesta encontrar antes de este ensayo un estudio sobre la literatura del país del norte escrito con tanta sabiduría y mesura.

En lo fundamental, señala la transformación de la literatura norteamericana entre 1910 y 1915, al mismo tiempo que subraya la significación de determinados autores, en el ensayo (H.L. Mencken, W. Frank); en la novela, con distinción entre los novelistas intuitivos (como S. Anderson y John Dos Passos) y los imaginativos (como Theodore Dreiser); en el teatro (con autores como E. O’Neill); en la lírica, con diversas tendencias y regiones poéticas (y destacando autores como Robert Frost, Edgar Lee Masters, Vachel Lindsa y Carl Sandburg)...9

El ensayo de Pedro Henríquez Ureña es también ejemplar por otro motivo. Él se había referido (y su razón tenía) a la influencia persistente de los Estados unidos en los países del Caribe. Más hacia el sur, si bien esa influencia era de sobra conocida, no despertaba, explicablemente, tanto recelo. Eso sí, aún seguían repitiéndose en el Sur párrafos de Rodó. Y, como ocurre a menudo, se negaba en bulto o se despreciaba lo que realmente no se conocía. Por eso, el comprensivo ensayo de Henríquez Ureña ofrecía más de un descubrimiento. Subrayaba nombres importantes, o que lo fueron después, y que, tal como el crítico anticipaba al comienzo de ese ensayo, permitían hablar de una nueva y fundamental época en la literatura de los Estados Unidos.

No fue esta la única vez en que Don Pedro se refirió, de manera particular, a las letras (o a la cumbre) del país del Norte; sin embargo, en ninguna otra ocasión produjo, sobre el mismo tema, una obra tan plena y “descubridora”. Hasta podemos considerar, con valor de realce, el hecho de que otros críticos hispánicos siguieron de inmediato su ejemplo.

A manera de conclusión, quiero reiterar una vez más, que este sector de su obra no aparece ni muy nutrido ni muy ambicioso. Con todo, es justo reconocer que completa, de manera cabal, su “visión” de América. Pedro Henríquez Ureña se coloca, claro, en una de las “Américas”, pero su visión pretende ser totalizada, integral. Dentro de lo arduo de la empresa (es tarea difícil el intento de ahondar en tanta diversidad de regiones y lenguas) es justo decir que los Estados Unidos aparecen en sus escritos con imparcial presencia.10 También, que en esa presencia no se superponen motivos o resentimientos patrióticos. En fin, que este sector, aunque de desarrollo limitado, contribuye a apoyar mejor su concepción de americanismo. Reiteramos: el tema fundamental en la obra de Pedro Henríquez Ureña.11