21 de Junio de 2018
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Colección: INTERAMER
Número: 62
Año: 1997
Autor: Emilio Carilla
Título: Pedro Henríquez Ureña. Signo de América

Las zonas lingüísticas

Resulta explicable que Pedro Henríquez Ureña centrara en determinadas áreas sus investigaciones sobre el español de América. En tal sentido, subrayo sus trabajos sobre la lengua de su patria, Santo Domingo, y sobre el español de México.

Asimismo, como medio de ahondar en las peculiaridades de estas regiones, Pedro Henríquez Ureña procuró desde temprano trazar un cuadro general de los rasgos de la lengua de la península y de las posibles zonas del español de América. Especialmente, de este último.

Ya en 1919 (es decir, poco antes de publicar estudios de cierta importancia sobre el tema), Pedro Henríquez Ureña estableció un mapa lingüístico “provisorio” del español de América, que sufrió pocas variantes en enfoques posteriores. Me refiero a una carta a Alfonso Reyes, firmada el 21 de marzo de 1919, donde señala cinco zonas, que enumera de esta manera:

1) Grupo ístmico (México y América Central). Con dos subgrupos.

2) Grupo del Caribe (Antillas, Venezuela, Colombia). Con tres subgrupos.

  • (Un lugar especial: el papiamento, patois a base del castellano, en Curazao).

3) Grupo peruano (Perú, Ecuador, y parte de Bolivia).

4) Grupo araucano (Chile).

5) Grupo del Plata (Argentina, Uruguay, Paraguay).4

En realidad, la carta no hace sino anticipar el trabajo en elaboración que pocos años después publicará la Revista de Filología Española, con el título de Observaciones sobre el español en América I (VIII, 1921, 357-390). Las diferencias mayores son de matices, y no alteran, en lo esencial, el cuadro de la carta de 1919 a su amigo Alfonso Reyes. Hay, sin embargo, avances en las precisiones y en las subdivisiones. Estas son las cinco zonas:

1) Regiones bilingües del sur y sudoeste de los Estados Unidos, México y América Central. (Con seis subregiones, por lo menos).

2) Las tres Antillas españolas, la costa y los llanos de Venezuela, y probablemente la porción septentrional de Colombia.

3) La región andina de Venezuela, el interior y la costa occidental de Colombia, el Ecuador, el Perú, la mayor parte de Bolivia y tal vez el norte de Chile.

4) La mayor parte de Chile.

5) La Argentina, el Uruguay, y el Paraguay y tal vez el sudeste de Bolivia. Pedro Henríquez Ureña dice entonces (1921), y lo repite, que de estas zonas conoce personalmente las dos primeras, cosa fácil de probar. Agrega que los fundamentos de la individualidad en zonas está en: a) la proximidad geográfica; b) los lazos políticos y culturales durante la época de la dominación española; y c) el contacto con una lengua indígena importante. En otro plano, la distinción entre las zonas obedece a: 1) vocabulario; 2) aspecto fonético. Y concluye: “ninguna zona me parece completamente uniforme”.5