20 de Enero de 2018
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Colección: INTERAMER
Número: 62
Año: 1997
Autor: Emilio Carilla
Título: Pedro Henríquez Ureña. Signo de América

El español en Santo Domingo

Este esquema no sufrió mayores modificaciones hasta el final de su vida. Así, cuando en 1940 publica su importante libro sobre El español en Santo Domingo parte, en rigor, de él y apenas si invierte el orden de la serie (Río de la Plata—Mar Caribe), como si respondiera al lugar en que entonces vive.6 Lo único nuevo es su confesión de que, cuando él estableció la división en cinco zonas, no conocía —apunta— el libro de Juan Ignacio de Armas titulado Orígenes del lenguaje criollo (La Habana,  2a. ed.,  1882) que, nos advierte, anticipaba en buena medida su esquema. (Armas nos da: 1) la zona del Caribe; 2) México y Centro América; 3) y 4) dos zonas en  el Pacífico;  y 5) la zona de Buenos  Aires.7

En el caso especial del maestro dominicano, importa subrayar que su libro sobre El español en Santo Domingo es su último trabajo de envergadura dedicado al tema lingüístico. Y que, en lo que se refiere a la división de las zonas, impresiona como un cuadro fundado y coherente, donde se armonizan investigaciones propias y aportes ajenos serios. Con la ratificación fácil de comprobar, de que Pedro Henríquez Ureña centró sus trabajos en las zonas que mejor conocía, aunque también le era imprescindible una visión clara del mapa lingüístico americano para poder captar mejor las peculiaridades propias de aquellas dos zonas.

Como resulta explicable, el tributo mayor de Pedro Henríquez Ureña en esta disciplina es el que dedica a la lengua de su patria, con aporte decisivos sobre el tema. El eje fundamental de la obra apunta a mostrar que su individualidad se apoya en los arcaísmos del léxico, vivo en palabras, frases proverbiales y refranes. Y lo complementa con la abundancia de los indigenismos, y rasgos morfosintácticos y fonéticos. En otra perspectiva, con respaldos de tipo étnico, en relación a la estructura social de la Isla. En fin, observaciones de carácter histórico completan un libro que es, hasta hoy, de obligada consulta sobre el tema.

A su vez, y a manera de anejo, Pedro Henríquez Ureña acompañó la obra (en realidad, la precedió) con otro libro sobre La cultura y las letras coloniales en Santo Domingo (Buenos Aires, 1936) que, quizás por esa antelación, produce una sensación algo extraña. Me refiero, sobre todo, a la manera de compaginar su material. Sin que esta rareza amengüe, claro, el mérito que también asignamos a este imprescindible panorama de la cultura en Santo Domingo.

En la Explicación que abre su libro de 1940, Pedro Henríquez Ureña nos cuenta la historia de las dos obras, y su relación. Aparte —repito— de la extraña estructura de la obra editada en 1936, y que es, en realidad, el anejo de El español en Santo Domingo, las dos iban a salir juntas, ya que fueron escritas, básicamente, por la misma época (hacia 1935-1936). Pero en relación al carácter de El español y la posibilidad de retoques y agregados, la publicación se demoró hasta 1940. El español en Santo Domingo pasó a ocupar el quinto tomo de la Biblioteca de Dialectología Hispanoamericana (como sabemos, la colección consta de siete tomos).