24 de Abril de 2018
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Colección: INTERAMER
Número: 62
Año: 1997
Autor: Emilio Carilla
Título: Pedro Henríquez Ureña. Signo de América

Conclusión

Dentro del discurrir sereno y convincente de Pedro Henríquez Ureña, una vez más su palabra resulta ayuda apropiada para que, con ella, trace estos párrafos finales vinculados a los estudios lingüísticos del maestro dominicano. Y su palabra pertenece, una vez más, a la semblanza antológica que él dedicó, hacia el final de su vida, a uno de los más grandes nombres de la filología americana: Rufino J. Cuervo. Dice Pedro Henríquez Ureña:

Sobre cualquier punto que tocara, agotaba los materiales: no quedaba nada que agregar, salvo nuevos ejemplos que corroboren sus aserciones, a menos que se aspire y se alcance a dar nueva interpretación a los hechos.26

Es cierto que, al principio, nos sorprende un tanto la rotundidad del párrafo, sobre todo si tenemos en cuenta la materia huidiza en que suele apoyarse la lingüística. Pero bien pronto advertimos, igualmente, la salvedad atenuadora que establece.

No pretendo repetir la loa de manera total, y, más bien, trasladar los alcances de un homenaje que, aplicado a Pedro Henríquez Ureña resulta igualmente merecido. Tampoco pretendo un torneo de equivalencia, ya que, entre otras cosas, Pedro Henríquez Ureña cultivó la lingüística como una de varias ciencias. Restringiéndose a este sector, importa decir que Pedro Henríquez Ureña es uno de los más destacados investigadores del español de América. Y que dentro de los avatares que suelen acompañar a los trabajos de esta ciencia, su obra (una buena parte de su obra) mantiene aún vigor y lozanía.

Separemos de nuestra adhesión —y desde nuestra perspectiva— métodos y datos hoy superados. Como vemos, es esto un albur y casi una ley, sobre lo cual no conviene insistir aquí. Pensemos, en cambio, sin necesidad de conceder premios al denuedo y la persistencia, en los caminos que abrió, en los aportes efectivos que hizo. Así, pues, con diferentes niveles en la escala, una gran parte de su obra lingüística sigue manteniendo apreciable vitalidad. En ocasiones, como obligada obra de consulta; en otras, como acicate; y casi siempre como presencia en las copiosas bibliografías generales sobre el tema.

Concluyo. Este sector es uno de los más importantes dentro de una producción intelectual de variadas facetas. Y aquí también, como no podía ser menos, asoma el auténtico maestro, alentador de inquietudes juveniles. Y, para ser fiel a sí mismo, el campeón de la causa americana...