22 de Julio de 2018
Portal Educativo de las Américas
  Idioma:
 Imprima esta Página  Envie esta Página por Correo  Califique esta Página  Agregar a mis Contenidos  Página Principal 
¿Nuevo Usuario? - ¿Olvidó su Clave? - Usuario Registrado:     

Búsqueda



Colección: INTERAMER
Número: 62
Año: 1997
Autor: Emilio Carilla
Título: Pedro Henríquez Ureña. Signo de América

Conclusión

Sin pretender entrar de nuevo a distinguir las etapas de la crítica de Pedro Henríquez Ureña, aspiro, en estos párrafos finales, a destacar los signos que, me parecen dan el perfil a la época de plenitud de Pedro Henríquez Ureña (que, me parece,  es exactamente la de las dos décadas que pasó entre nosotros). [Argentina] Y no hay aquí mayores misterios que señalar. Por un lado, Pedro Henríquez Ureña reunió las tres condiciones esenciales que fundamentan la existencia del “buen crítico”: conocimientos, intuición y sensibilidad. Por otra parte, y en relación a lo esencial que su obra crítica revela, debo decir que Pedro Henríquez Ureña supo aproximar, armónica y coherentemente, estética, ética y contactos sociológicos. Y, en fin, que no es posible soslayar en él, su continuada, casi obsesiva “teoría del americanismo”, que es algo como el centro vital de su sistema.

Ingenuidad sería proclamar al método de Pedro Henríquez Ureña como el método ideal. Es posible, asimismo, que ninguno lo sea, aunque podamos preferir unos a otros. No creo que haga falta decir que ni aún en su época, se distinguió su método (o métodos) por lo llamativo o revolucionario. Fue además, de acuerdo a su proclamada defensa de la claridad sobre lo crítico, un sistema, el suyo, afirmado en la transparencia, la serenidad discursiva y la concisión. Cualidades que —sobre todo en él— no se contraponen ni al rigor ni a la hondura.

Insisto en que es posible que, para muchos lectores ávidos de nuestros tiempo, el “método” de Pedro Henríquez Ureña resulte superado o anticuado. Por mi parte, sin negar la obligación de estar al día con la disciplina y sus avatares conocidos, opino que no todo lo que nos enseñó Pedro Henríquez Ureña ha muerto. Y que, por el contrario bien asimiladas sus lecciones y con la actualización debida, es mucho el provecho que podemos sacar de sus obras. Es que, después de todo, sería inútil, injusto esfuerzo, la pretensión de borrar el respaldo formidable del hombre que dio vida a esa crítica...