22 de Abril de 2018
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Colección: INTERAMER
Número: 62
Año: 1997
Autor: Emilio Carilla
Título: Pedro Henríquez Ureña. Signo de América

Ideas e ideales

El, que tanto se ocupó del pasado, tiene también derecho —y, creo, con más fundamentos que otros— a ocuparse del futuro. Por supuesto, futuro donde dirigir sus propias convicciones e ideales. Ideales en parte expresados directamente (“En busca de nuestra expresión...”) y, en parte, mostrados a través de una cantidad extraordinaria de estudios dedicados al tema de América.

Profecías y vaticinios están al alcance de todos. Reconozcamos, sin embargo, que conocimientos y sólida fundamentación permiten frutos más maduros. Así, Pedro Henríquez Ureña nos da su visión de futuro con el sostén vigoroso de toda una obra dedicada a este capital problema.

¿Cuáles son, pues, sus ideales? La respuesta puede construirse teniendo en cuenta, especialmente, las líneas sobre las cuales trazó su periodización de la cultura en la América Hispánica y, en forma paralela, con los rasgos que señaló como positivos, aunque ¡ay! no siempre duraderos o permanentes. Se podrá argüir que estas consideraciones escapan ya a la historia; que son deseos, aspiraciones... De acuerdo. Con todo, sin sobrepasar tal carácter, resulta justificado atender a las aspiraciones e ideales de los hombres que tienen derecho a que se los oiga.

En lo político, el pensamiento de Pedro Henríquez Ureña se asienta en raíces liberales, con aportes posteriores. Defiende la democracia y las libertades.1 Pide respeto para los pueblos pequeños.2 Señala su repudio a los totalitarismos y su rechazo del imperialismo.3 Defiende la paz justa.4 En lo social, aboga por la necesidad de reformas sociales y la rehabilitación de los oprimidos.5 Postula un mejor reparto de la tierra y explotación de los recursos naturales.

En la instrucción pública aconseja la expansión del alfabetismo6 y la enseñanza técnica. En niveles superiores, el desarrollo de la Universidad y de centros de investigación.

En las artes y las letras, el reconocimiento de nuestras limitaciones, para tentar, sobre ellas, signos de progreso. Al mismo tiempo, salvaguardia de los valores auténticos que hemos producido, valores que originan ejemplos a seguir. Una expresión “americana” como resultado armónico de lo propio y lo adaptado.7 Importancia de lo culto sin desmedro de lo popular (pero, eso sí, reacción contra lo populachero). Confluencia de lo tradicional y lo moderno.

En la ciencias, en general, cultivo preferente de aquéllas que contribuyan a una “mayoría de edad” de los pueblos de la América Hispánica. Fundamentalmente, pues ciencias aplicadas...

Si bien estos ideales resaltan, se hacen más nítidos, en sus últimos años (y, de manera especial, a partir de sus Seis ensayos...), verdad es también que pueden rastrearse desde sus primeras obras, aunque allí faltara, es explicable, la amplia mirada que caracteriza sus grandes síntesis. En otra perspectiva, podemos decir que tales principios nacieron en él tempranamente y se fueron afirmando con el tiempo. Como su obra toda, fueron su contacto con pueblos y lugares distintos, su ahondamiento en libros y testimonios ajenos, y una permanente reflexión, los elementos que afirmaron de manera sólida su pensamiento americanista.

Volviendo hacia el pasado esos ideales, es decir, aplicando ahora tales principios a sus consideraciones históricas, vemos que —como no podría ser menos— también están presentes en sus periodizaciones. Indirectamente muchas veces, la descripción de realidades cronológicas los descubren, con mayor o menor claridad. Como si con frecuencia nos dijera: esto fue (sin denuestos gratuitos ni arrogancia), pero ¿por qué no pudo ser de otro modo? Y, sobre todo, ¿por qué no pudimos ser mejores?