18 de Enero de 2018
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Colección: INTERAMER
Número: 62
Año: 1997
Autor: Emilio Carilla
Título: Pedro Henríquez Ureña. Signo de América

Séptima etapa (Buenos Aires, con intermedio en Santo Domingo)

  • 1924. Acompañado de su mujer y su hija, desembarca, a principios de julio, en Buenos Aires. Se establece primero aquí y viaja diariamente a La Plata. (Posteriormente, vivió un tiempo en esta ciudad).

Catedrático en el Colegio Nacional de la Universidad de La Plata.

  • 1925. Catedrático de Literatura Argentina e Hispanoamericana en el Instituto Nacional del Profesorado Secundario de Buenos Aires.

La Utopía de América: profesión de fe humanista de Pedro Henríquez Ureña:

El ideal de justicia está antes que el ideal de cultura: es superior el hombre apasionado de justicia al que sólo aspira a su propia perfección intelectual... Si nuestra América no ha de ser sino una prolongación de Europa, si lo único que hacemos es ofrecer suelo nuevo a la explotación del hombre por el hombre (y por desgracia esa es hasta ahora nuestra única realidad), si no nos decidimos a que ésta sea la tierra de promisión para la humanidad cansada de buscarla en todos los climas, no tenemos justificación... Nuestra América se justificará ante la humanidad del futuro cuando, constituida en magna patria, fuerte y próspera por los dones de la naturaleza y por el trabajo de sus hijos, dé el ejemplo de la sociedad donde se cumple ‘la emancipación del brazo y de la inteligencia’. (Ediciones de ‘Estudiantina’, La Plata, 1925, 20-21)

Viaje a Montevideo. Gestiones para que regrese a la Isla de Santo Domingo.

Si fuera posible hallar allí trabajo y pasto para mis actividades y hogar cómodo y seguro para mi familia, me iría...

En el orden intelectual, la Argentina crece asombrosamente. Este año ha sido el año de las novelas y los cuentos...,(Pedro Henríquez Ureña, carta a ¿Américo Lugo?, publicada sin nombre de destinatario en el periódico Patria, de Santo Domingo, No. 78, 12 de febrero de 1927. La carta lleva esta fecha: 8 de diciembre de 1926)

  • 1927. Viaje a Santiago de Chile.
  • 1928. Profesor Suplente de Literatura de la Europa Septentrional en la Universidad Nacional de La Plata. (El titular era Rafael Alberto Arrieta).

Aparece en Buenos Aires (Editorial Babel) su importante libro Seis ensayos en busca de nuestra expresión, notable difusión del primer ensayo: “El descontento y la promesa”.

...son investigaciones acerca de nuestra expresión, en el pasado y en el futuro. A través de quince años el tema ha persistido, definiéndose y aclarándose: la exposición íntegra se hallará en El descontento y la promesa. No pongo la fe de nuestra expresión genuina sólamente en el porvenir; creo que, por muy imperfecta y pobre que juzguemos nuestra literatura, en ella hemos grabado, inconscientemente o a conciencia, nuestros perfiles espirituales. Estudiando el pasado, podremos entrever rasgos del futuro; podremos señalar orientaciones. Para mí hay una esencial: en el pasado, nuestros enemigos han sido la pereza y la ignorancia; en el futuro, sé que sólo el esfuerzo y la disciplina darán la obra de expresión pura.... (Pedro Henríquez Ureña, “Palabras finales”, en Seis ensayos..., ed. citada, 195-196)

  • 1929. Viaje a Montevideo, con motivo del Homenaje a Juana de Ibarbouru.
  • 1930 (diciembre). Viaje a Río de Janeiro. Alfonso Reyes.

Según Alfonso Reyes (ver también ratificación de Pedro Henríquez Ureña), ya en 1930, Pedro Henríquez Ureña junto a Alfonso Reyes habían procurado la edición de los “Clásicos de América” en Madrid, en la Compañía Ibero Americana de Publicaciones:

“...Pedro Sáinz, contraté mis obras en CIAP, los Clásicos de América, de Pedro Henríquez Ureña y yo....” (Alfonso Reyes, Diario, México, 1969, 327)

  • 1931. Cálido y comprensivo ensayo de Xavier Villaurrutia sobre Don Pedro. Lo considera “humanista, más erudito” (Ver X. Villaurrutia, “Pedro Henríquez Ureña, humanista moderno”, La Literatura Argentina, de Buenos Aires, 1931, IV, No. 37, 14).
  • 1931-1933, Intermedio en Santo Domingo: Superintendente General de Enseñanza. Doctor Honoris-Causa de la Universidad de Puerto Rico (1932).

Pedro Henríquez Ureña llegó a su nativa ciudad de Santo Domingo el 15 de diciembre de 1931 a bordo del vapor Coamo, llamado  por  el  obierno  para  encargarse  de  la  dirección  de la Enseñanza Pública como Superintendente General de Enseñanza...

En 1932, mientras ejercía sus funciones de Superintendente General de Enseñanza, dictó en la Universidad de Santo Domingo un curso de literatura española, que constituyó el primer paso hacia el establecimiento, en la Universidad, de la Facultad de Filosofía y Letras...

Su ejercicio se extendió desde diciembre de 1931 al 15 de junio de 1933 en que se le concedió licencia para ausentarse del país. Embarcó por Puerto Plata el 29 de junio, en el vapor francés Macorís, hacia Francia... (Emilio Rodríguez Demorizi, Dominicanidad de Pedro Henríquez Ureña, ed. citada, 44-45)

De Francia viajó directamente a la Argentina.

La atracción de Buenos Aires —teatros, conferencias, exposiciones— el reclamo de sus amistades porteñas y otras tareas docentes ya iniciadas en la gran ciudad, lo devolvieron a ella, con su mujer y sus dos hijas, argentina la segunda... (Rafael Alberto Arrieta, “Pedro Henríquez Ureña, profesor en la Argentina”, ed. citada)

  • 1936. Miembro de la 7a. Reunión de la Organización de Cooperación Intelectual de la Sociedad de las Naciones. Reunión celebrada en Buenos Aires. De nuevo, “en busca de nuestra expresión...”

Nosotros resucitamos eternamente ante el problema. Nuestras proclamas, nuestros manifiestos revelan que no estamos todavía satisfechos de lo que nosotros hemos obtenido en la traducción artística de nuestra vida auténtica. Se han propuesto también nuevas fórmulas de americanismo. Por el verdadero problema no es el de los temas, sino el de darles, cualesquiera que ellos sean, una expresión eficaz.... (Pedro Henríquez Ureña, palabras en “7a. Reunión...”. Ver Europe-Amérique Latine, París, 1937, 76)

Se publica en Buenos Aires, como anejo de la Biblioteca de Dialectología Hispanoamericana, su libro La cultura y las letras coloniales en Santo Domingo. (El germen está, sin duda, en el estudio Vida intelectual de Santo Domingo, que había incluido en Horas de estudio, París, 1910).

  • 1938-1939. Publica, en colaboración con Amado Alonso, los dos tomos de la Gramática castellana (Editorial Losada, B. Aires), y se convertirá en uno de los más importantes colaboradores de la Revista de Filología Hispánica que, con la dirección de Amado Alonso, comienza a salir ese año.
  • 1940-1941. Ocupa la Cátedra de Poética “Charles Eliot Norton” de la Universidad de Harvard. Pedro Henríquez Ureña fue el primer hombre de lengua española que ocupó la cátedra (prestigiada, entre otros, por Gilbert Murray, T.S. Elliot, Robert Frost, Stravinsky y Einstein). Las conferencias de Pedro Henríquez Ureña, en lengua inglesa, fueron pronunciadas en el “Fogg Museum of Art”, de Cambridge, Massachusetts.

Aparecen, en Buenos Aires, El español en Santo Domingo y Plenitud de España.

  • 1941 (4 de marzo). Última conferencia en Harvard. En abril se embarca en Nueva York, con destino a Buenos Aires, en el barco Santa Elena.
  • 1945. Aparece editado por la Universidad de Harvard, su libro Literary Currents in Hispanic America, que recoge sus conferencias.
  • 1946 (11 de mayo). Pedro Henríquez Ureña muere en la estación Constitución de Buenos Aires, a poco de subir al tren que debía llevarlo a La Plata.

Estábamos ya en 1946. En una mañana de mayo se dirigió Pedro a la editorial, según costumbre, atendió allí diversos asuntos; y cuando el presidente de la empresa, Gonzalo Losada, lo apremió para que lo acompañara a un almuerzo que la propia editorial ofrecía ese día a distinguidos visitantes extranjeros, se excusó alegando que no debía faltar a su cátedra en La Plata, ya que la víspera le había sido imposible ir por encontrarse algo indispuesto. Apresuradamente se dirigió a la estación del ferrocarril que había de conducirlo a La Plata. Llegó al andén cuando el tren arrancaba, y corrió para alcanzarlo. Logró subir al tren. Un compañero, el profesor Cortina, le hizo seña de que había a su lado un puesto vacío. Cuando al oír su respiración afanosa, lo sacudió preguntándole qué le ocurría. Al no obtener respuesta, dio la voz de alarma. Un profesor de medicina que iba en el tren lo examinó y, con gesto de impotencia, diagnosticó la muerte.

Así murió Pedro: camino de su cátedra, siempre en función de maestro.  (Max  Henríquez  Ureña, Hermano  y  maestro,  ed. citada, L)

Con motivo del sepelio, en el Cementerio del Oeste de Buenos Aires, hablaron su hermano Max (Embajador de la República Dominicana), Ezequiel Martínez Estrada, Amado Alonso, Roberto F. Giusti, Arturo Giménez Pastor, entre otros (La Nación, Buenos Aires, 13 de mayo de 1946).

En estos momentos no podemos comprender la inmensidad del desamparo en que su muerte nos deja; sólo podemos sentir la inmensidad de nuestra pena por el amigo que hemos perdido. El tiempo no podrá borrar el recuerdo de este hombre insigne, y en cambio irá dando a su personalidad la elevación con que alcance un día la talla de los más grandes evangelistas de la cultura americana. Así necesitamos alejarnos de la montaña para comprender su altura.... (E. Martínez Estrada)

Tan aturdidos estamos con este fin repentino de la vida de Pedro Henríquez Ureña que todavía no acertamos más que a entrever la grandeza de su pérdida. Pero ¡ay, Dios mío! desde hoy en adelante, cada día que pase se encargará de traernos su herida concreta, cuando queramos, como siempre, acudir a su certero saber, a su delicada discreción, a su buen juicio, a su seguro sentido de la docencia, cuando nuestra necesidad se vuelva hacia él y no lo encuentre más.... (Amado Alonso)

Como publicaciones póstumas, hay un título y una traducción que es inevitable citar por su valor y difusión.

  • 1947. Se publica en México su Historia de la cultura en la América Hispánica, obra en la que Don Pedro había trabajado en los últimos años de su vida (en parte, paralela; en parte, ampliación, de las Literary Currents...).
  • 1949. Aparece en México (y como volumen de la “Biblioteca Americana” que él había bosquejado) la traducción de las Literary Currents..., con el nombre de Las corrientes literarias en la América hispánica. Traducción de Joaquín Díez-Canedo (salvo páginas dedicadas a Sarmiento, ya traducidas por Pedro Henríquez Ureña).

Valen, como datos finales, más cerca a nuestros días, la publicación de las Obras completas de Pedro Henríquez Ureña (10 tomos, Santo Domingo, 1976-1980), como tarea, precisamente, de la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña de Santo Domingo, y al cuidado de Juan Jacobo de Lara, y, en especial, el traslado de los restos del gran dominicano a su tierra natal.