October 17, 2017
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Collection: INTERAMER
Number: 62
Year: 1997
Author: Emilio Carilla
Title: Pedro Henríquez Ureña. Signo de América

B.  PEDAGOGÍA Y LITERATURA
(UNA COLECCIÓN DE JOSÉ MARTÍ)

Es posible que el ingente trabajo editorial que realizó Pedro Henríquez Ureña en los últimos años de su vida no le haya permitido un nivel parejo en todas sus ediciones. Es posible. Pero también debemos reconocer que cuando su tarea se centraba en autores americanos, el nivel crecía. Como es fácil notar en la selección de José Martí que publicó la Editorial Losada en 1939.

Por descontado, para valorar su tarea debemos colocarnos en la actitud de críticos comprensivos del carácter de esos libros y de la intención que guiaba a Pedro Henríquez Ureña a prepararlos. Sospecho que no siempre se ha captado la gran utilidad que estas ediciones tienen. Y, como ejemplo, me parece adecuado reparar precisamente en esta selección de la prosa martiana.

José Martí, Nuestra América. Introducción de Pedro Henríquez Ureña. (Reedición. Editorial Losada, Buenos Aires, 1980).

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De sobra sabemos que la significación patriótica de un autor (hispanoamericano o de otras latitudes) no siempre refleja una obra “escrita” de paralela permanencia. Afortunadamente, no es ése el caso del presente volumen, que, estoy seguro, constituye para los lectores que ya lo conocen, un renovado goce. Y, para los nuevos lectores, la posibilidad de un singular descubrimiento.

Quizás la última afirmación parezca exagerada, y hasta puede determinar una afirmación con asomos de sorna: ¿Quién no conoce obras de José Martí? Respondo —y opino con conocimiento de causa—: muchos... En parte como consecuencia del carácter periodístico que tuvo originariamente la mayoría de sus escritos. Y digo esto, también, sin olvidar que Martí suele ser autor de lectura obligatoria en ciertos ciclos de enseñanza.

En fin, me parece feliz la idea de la Editorial Losada de Buenos Aires de reeditar el volumen que Pedro Henríquez Ureña preparó en 1939 para una de las colecciones, la de los “Grandes escritores de América”, entre las varias que dirigió en esa Editorial. (Colección que, es bueno decirlo, fue el anticipo del más ambicioso plan que preparó para el Fondo de Cultura Económica, de México).

Aunque hoy nos parezca extraño, Henríquez Ureña preparó este libro reuniendo diversos ensayos y críticas de las entonces muy dispersas páginas en prosa de nuestro autor. En nuestros días, con varias ediciones de obras más o menos “completas” del escritor cubano, la tarea resulta mucho más descansada. En concreto, y a continuación de la breve y certera nota preliminar, Henríquez Ureña encabezó los materiales de José Martí con un ensayo de nombre y contenido revelador, y de allí sacó el título general del volumen. A ese ensayo agregó trabajos de diferente conformación y carácter (discursos, semblanzas, reseñas de libros, crónicas), si bien con la transparente unidad que les confiere el estilo de Martí.

No olvidemos el contenido temático que anuncia el título: Nuestra América, denominación subjetiva que, según nos recuerda Henríquez Ureña en otro lugar, Martí acuñó y otros, posteriormente, repitieron. El nombre presenta, y con frecuencia contrapone, los dos amplios ámbitos: “Nuestra América” (particularmente, Hispanoamérica) en relación a “La otra América” (la América de habla inglesa). Las dos, bien conocidas por el patriota cubano, aunque no sea muy asidua la confrontación en las páginas del presente volumen.

Desfilan por el libro variedad de tiempos y lugares; manifestaciones literarias de la América Prehispánica, héroes militares y escritores del siglo XIX, los diversos sectores geográficos de la América española... Por supuesto, no es casual que Henríquez Ureña haya atendido especialmente —y en primer término dentro de la recopilación— a escritos de Martí vinculados a la República Argentina. Como es de conocimiento general, Martí nunca estuvo en nuestro país, si bien es justo recordar que fue Cónsul de la Argentina en Nueva York durante un breve período (1890-1891).1 Y que, entre su nutrida labor periodística, ocupa sitio destacado la serie de colaboraciones que publicó el diario La Nación, de Buenos Aires.2

Ahora bien, como las crónicas y reseñas que vemos en la presente recopilación fueron escritas por Martí en la década del 80 y los primeros años del 90, descubrimos en las páginas “argentinas” de Martí una visión bastante coherente de lo que fue nuestra Generación del 80. Claro que no estamos frente a una obra sistemática, o elaborada como un tratado, sino frente a breves ensayos y semblanzas; determinados, sobre todo, por libros y noticias que le llegan. Pero esto no es obstáculo para que, a través de su lúcido pensamiento y su brillante prosa, tengamos un cuadro animado de aquel momento argentino. Como ejemplo, vale su comentario al Mensaje Presidencial de Roca, del año 1883. En otro plano, la reseña escrita por José Martí con motivo de la aparición del libro de Alfredo Ebelot, La Pampa, es excelente testimonio de la atracción que ejercía en el cubano. La reseña no sólo da una idea general del contenido del libro, sino que agrega —algunos desencuentros aparte— muy vivos comentarios de Martí sobre la realidad finisecular del campo argentino. Así, no resulta exagerado decir que la obra de Ebelot, simpática en sí misma, “mejora” a través de la versión que trasmiten los párrafos que comentamos.

Si por un lado, tales páginas pueden halagar nuestra condición de argentinos, sería injusticia no recordar muchas otras que el volumen trae: el discurso sobre Bolívar; las semblanzas de Páez, de Cecilio Acosta, de Rafael Pombo; la nota crítica sobre un poema de Pérez Bonalde; la breve noticia sobre México en 1882... En fin, habría que citar, prácticamente, todos los títulos.

Resalta y da lustre al libro la rica prosa martiana, ya lejos de la típica prosa romántica. Y resalta, tanto en el trabajado andar de sus corrientes colaboraciones periodísticas como en la un poco más empinada voz de sus discursos. Aunque sea fácil encontrar ejemplos, he aquí dos testimonios. El primero corresponde a su semblanza del ríoplatense Juan Carlos Gómez:

Hay seres humanos en quienes el derecho encarna y llega a ser sencillo e invencible, como una condición física. La virtud es en ellos naturaleza, y puestos frente al sol, ni se deslumbrarían, ni se desvanecerían, por haber sido soles ellos mismo, y calentado y fortalecido con su amor a la tierra... Aman por cuantos no aman; sufren por cuantos se olvidan de sufrir. La humanidad no se redime sino por determinada cantidad de sufrimiento, y cuando unos la esquivan, es preciso que otros la acumulen, para que así se salven todos. De estos hombres fue ese magno del Plata, que acaba de caer, no en la tumba, sino en la apoteosis...

El segundo, a su discurso A Bolívar:

Como los montes, era él ancho en la base, con las raíces en el mundo, y en la cumbre enhiesto y afilado, como para penetrar mejor en el cielo rebelde. Se le ve golpeando, con el sable de puño de oro, en las puertas de la gloria...

Ahora que —como dije— la Editorial Losada tuvo la feliz idea de reeditar esta importante selección de José Martí debida a la diligencia de ese otro gran americano que se llamó Pedro Henríquez Ureña, me parece oportuno recordar que en 1939 (es decir, el mismo año en que Don Pedro publicó su volumen), la Editorial Estrada publicó igualmente otra notable selección de Martí. Me refiero a las Páginas selectas (prosa y verso) del autor cubano, edición a cargo de Raimundo Lida, que lleva, además, un sustancioso prólogo.3

Como vemos, son sólo estos dos únicos títulos (y no cuesta encontrar otros volúmenes y estudios),4 el aporte argentino al mejor conocimiento de Martí que ofrece tributos dignos de señalarse, aunque tanto Henríquez Ureña como Raimundo Lida no hayan tenido como meta niveles muy ambiciosos. Pero bien sabemos que la calidad del crítico tiene también ocasión de manifestarse en el volumen de intención didáctica, o en la obra de difusión cultural.

En el caso particular de Pedro Henríquez Ureña, no como reparo (y, más bien, como apetencia personal), pienso que hubiera sido útil precisar el origen bibliográfico de cada trabajo incluido, junto al lugar y fecha de elaboración (que sí se dan). Y, como el tiempo no corre en vano, agregar algunas notas explicativas a las pocas que la edición incluye. Pero, aclaro, esto no deja de ser una minucia.

Bienvenida, pues, esta reedición que liga dos nombres tan caros a la mejor tradición americana, como son los de José Martí y Pedro Henríquez Ureña. Y que no casualmente se da en un volumen titulado Nuestra América. Título que refuerza, si cabe, la afinidad ideal entre Martí y Henríquez Ureña.