22 de Julio de 2018
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Colección: INTERAMER
Número: 52
Año: 1996
Autor: Susana H. Haydu
Título: Alejandra Pizarnik: Evolución de un Lenguaje Poético

Memoria de Alejandra

No la mataron en ningún lugar histórico
de nuestro siglo despiadado:
no la mataron en Trblinka ni en My Lai
ni en Camiri ni en Texas,
pero igualmente la mataron
en el lugar inexorable
donde está cada uno,
donde a todos nos puede de pronto suceder
que se nos viene encima esa tiniebla
que odia y aplasta todo cuanto vive.

Sólo fantasmas mudos, ah, en su cuarto.
Y allí, entre los fantasmas,
ella de pronto hablaba como los volcanes,
como los condenados, como los horizontes:
a fuego puro y hondo.

Y era una niña triste que creía en la magia,
que conjuraba a los demonios,
que soñaba con pálidos vampiros
y barbazules quejumbrosos
y rubias baronesas más crueles de palabra
que en realidad de obra.

¡Oh la palabra y todo lo que inventa!
¡Amores, glorias, universos!
Pero la pobre, la infinita
palabra no la pudo defender
de esa tiniebla que odia
y aplasta todo cuanto vive.

Alejandra murió.
La pequeña, la triste, la que armaba ....
zapatos con cabellos y aureolas de ángel,
dalias en cuyo afecto fulguraba el amor.
La que estaba fundada en poesía
y no lo supo en el momento necesario:
los literatos no se lo dijeron,
yo no le dije, nadie se lo dijo,
y ella se descuidó, se alejo de su lámpara,
se perdió en la tiniebla
que odia y aplasta todo cuanto vive.

.. Dónde estará con sus tristezas
con sus endriagos y sus larvas?
¿Se quedará con ellos para siempre?
¿O la espera Endimión tras el espejo?
Su amado tan amado.

Me dijo amigo, me miró,
me dijo amigo hasta la vuelta,
pero no regresó

Se me quedó su voz temblando en un poema.

Raúl Gustavo Aguirre