16 de Octubre de 2018
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Colección: INTERAMER
Número: 52
Año: 1996
Autor: Susana H. Haydu
Título: Alejandra Pizarnik: Evolución de un Lenguaje Poético

Elegía por Alejandra

(A Alejandra Pizarnik, en memoria)

Empujaste la puerta que no había sido abierta todavía para tí.
¿Qué terrible golpe, que suma de muertes, Alejandra,
qué sórdido viento te alcanzó hacia ella
privándonos de tus futuros cantos?.
“No es muda la muerte”, Sacha, no.
Ahora ya puedes escuchar, abrazada por los náufragos,
“el canto de los enlutados sellar las hendiduras del silencio”.

Extranjera en la Tierra
buscabas tu añorada patria en la palabra;
pero te pesaban tus amores muertos,
te llamaba tu infancia viva y muerta, muerta y rediviva,
muerta ya ahora tú “de vestido azul”.
Y te pesaba, si te pesaba,
tanto asfalto y lodo de este mundo.

“Niña densa de música ancestral”,
tus ojos prendidos a tanto asombro, tanto fuego,
acostumbrados a mirar tan dentro, tan en luz, tan en claro,
no estaban hechos para las trampas ni el terror de la selva.

Era otra mejor la música, no audible la que escuchabas,
fascinada viajera alucinada
que hiciste de tu campo ceremonía tan pura.
Era otro el reino al que te asías
a través de la palabra,
a través de los silencios,
de la poesía tu alimento.

Tampoco tú quisiste “cerrar los ojos ante la terrible claridad”
y hablaríamos como querías “con los ojos muy abiertos”.
Pero no pudiste, Sacha, no pudiste con tanta vida adentro
y te escapaste a la cita más ansiada.
Persefone te llamaba y allá te fuiste
para “restituirle al silencio su prestigio hechizante”.
Tú, “predestinada a nonbrar las cosas con nombres esenciales.”
hecha tu mirada para una claridad más hermosa,
buscadora del silencio perfecto y el jardín más bello,
golpeaste, antes de tiempo, las aldabas de tu reino.

Amante del fuego, de las lilas y el bosque,
devorada por los espejos y a la vez amándolos,
titilante como las estrellas,
asediándolos y asediándote.
Fina amante de la transparencia
¿cómo explicar con las palabras de este mundo tu sed primera,
tu claridad cegadora? tú que eras poesía concentrada,
Arbol de Diana, transparencia.
Ahora que te alejaste con tus mil cantos de primavera

desde el silencio amado nos dirás el poema
que nuestros oídos mortales no podrán escuchar
mientras huérfanos por tu fuga tras el jardín más bello
hemos quedado más solos los poetas
desde este lado, sin tus lilas, escuchando
el prolongado eco de tu canción eterna,
honda, triste,
tristísima ya
desde tan lejos.

Rita Geada

Nota: Atención de Rita Geada