20 de Enero de 2018
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Colección: INTERAMER
Número: 52
Año: 1996
Autor: Susana H. Haydu
Título: Alejandra Pizarnik: Evolución de un Lenguaje Poético

Amor

El tema del amor, central a la poesía de Pizarnik, va elaborándose a través de sus libros, en diferentes articulaciones. Ya hemos visto que en La última inocencia, su tratamiento del amor se había imbricado en la corriente romántica a través del surrealismo, y Pizarnik aparece como la enamorada adolescente, donde la pasión de vida se reitera en cada poema, en contrapunto con lo que devendrá después su pasión de muerte. En Las aventuras perdidas, el tono de la evocación amorosa ya es más meditativo, y un buen ejemplo es el poema “Cenizas”, que analizamos antes. “El ausente” es ejemplo más exacto. El abandono del amado la deshace y para ella “el sol cae como un muerto abandonado”.

Sin ti
el sol cae como un muerto abandonado.

Sin ti
me tomo en mis brazos
y me llevo a la vida
a mendigar fervor

El amor la ha traicionado. “¿Qué diría el mundo si dios / lo hubiera abandonado así?”

De Árbol de Diana, podemos citar dos poemas que ejemplifican, por un lado, la maduración y meditación sobre el amor, pero también su miedo, su inseguridad. El poema “20”, dedicado a Laure Bataillon, muestra esta nueva ambigüedad de Pizarnik.

dice que no sabe del miedo de la muerte del
[amor
dice que tiene miedo de la muerte del amor
dice que el amor es muerte es miedo
dice que la muerte es miedo es amor
dice que no sabe

Su manera de aproximarse y expresar todos los conceptos mencionando sus opuestos es también de esta época. Para expresar que ha muerto mil muertes, dirá:

he nacido tanto
y doblemente sufrido
en la memoria de aquí y de allá.

La pasión por su amante es en este texto más controlada: “Cuando vea los ojos / que tengo en los míos tatuados”.108 Y lo amonesta con ternura:

Como un poema enterado
del silencio de las cosas
hablas para no verme.109

El fervor de Pizarnik, su fervor, aparece también en sus representaciones en Árbol de Diana. Vemos ese juego de oposiciones, de vaivén emocional en su autodefinición:

Salta con la camisa en llamas

de estrella a estrella
de sombra en sombra.

Muere de muerte lejana
la que ama al viento.

La belleza de esta imagen, con su juego de luz y oscuridad, su deseo de situarse en la tempestad, simbolizada en el viento, concentra la capacidad de re-crear una intensidad total. No en vano el prólogo de Octavio Paz define el libro como “Cristalización verbal por amalgama de insomnio pasional y lucidez meridiana en una disolución de realidad sometida a las más altas temperaturas”.110

Al enfrentarnos con Los trabajos y las noches, vemos que toda la primera parte del libro es, en verdad, un largo canto al amado. El cuerpo de ese amado será “un amado espacio de revelaciones”.111 Es quien “apaga el furor de mi cuerpo elemental;”112 representa también la entrega sexual: “una flor / se abre / a la delicada urgencia del rocío”.113 En “Quien alumbra”, y “Reconocimiento” el amado es clave para hacer de su memoria “una viajera fascinada / un fuego incesante”. Dos metáforas de pasión que recorren los poemas. Es también el amado la clave para alejar la desdicha: “Tú haces el silencio de las lilas que aletean / en mi tragedia del viento en el corazón”.114 Las lilas, metáfora de muerte, se aplacan; el viento, símbolo siempre de destrucción en Pizarnik, se aplaca. Y los naufragios y muertes se convierten en “pretextos de ceremonias adorables”.115 El amor salva a Pizarnik de su caída, la aparta del constante umbral hacia el precipicio que amenaza derrumbarla. Es una presencia constante que la libera: “tú me desatas los ojos / y por favor / que me hables / siempre”.116 Las metáforas que utiliza para ese lugar del amor, están en otro espacio: “En la otra orilla de la noche / el amor es posible / llévame - / llévame entre las dulces sustancias / que mueren cada día en tu memoria”.117

En los últimos textos de esta primera parte, asoma ya la duda, la ausencia del amado, el posible abandono, la expectativa de su retorno:

Cuando sí venga mis ojos brillarán
de la luz de quien yo lloro
mas ahora alienta un rumor de fuga
en el corazón de toda cosa.118

Esa avidez, en oposición a la fuga, hace más patético el texto de “Despedida”: “Tantas criaturas ávidas en mi silencio / y esta pequeña lluvia que me acompaña”.119 Por fin, tenemos el poema más representativo de esta época, donde el tono elegíaco expresa la pérdida del amado, pero una pérdida que tiene sentido en ella, a pesar de todo, porque queda su memoria, su rostro, en su poema, en su escritura.

si yo me atrevo
a mirar y a decir
es por su sombra
unida tan suave
a mi nombre
allá lejos
en la lluvia
en mi memoria
por su rostro
que ardiendo en mi poema
dispersa hermosamente
un perfume
a amado rostro desaparecido.120

Luego de esta poesía, Pizarnik “no volverá a sustentarse en el amor” y la segunda parte de Los trabajos y las noches se abre con un poema significativamente titulado “Anillos de ceniza” donde: “en la noche, las palabras mutiladas la invaden, / y hay, cuando viene el día, / una partición del sol en pequeños soles negros”.121

Tanto en “Un lugar para huirse” como en “Fronteras inútiles”, el espacio vacío que deja el amor, se convierte sólo en “un lugar de ausencia / un hilo de miserable unión”.122 Ese gran espacio deshabitado la definirá en el tiempo. “Espacio. Gran espera. / Nadie viene. Esta sombra. / Espacio. Silencio ardiente. / ¿Qué se dan entre sí las sombras?”123

La soledad, el insomnio, la tristeza, el llanto, son los temas de esta última poesía imbricada en el amor. “Alguien mide sollozando / la extensión del alba”.124 El poema dedicado a la muerte del poeta colombiano Jorge Gaitán Durán, expresa su miedo, su incapacidad para el canto, su silencio en el espacio y el tiempo:

Espacio de color cerrado.
Alguien golpea y arma
un ataúd para la hora,
otro ataúd para la luz.125

El libro termina con un poema de desesperanza, “Mendiga voz”, donde se entrecruza el juego de sinestesias para producir un contracanto de imágenes:

Y aún me atrevo a amar
el sonido de la luz en una hora muerta,
el color del tiempo en un muro abandonado.
En mi mirada lo he perdido todo.
Es tan lejos pedir. Tan cerca saber que no hay.126

El amor-pasión desaparece ya en este libro de la poética de Pizarnik. Su deseo se transformará en una suerte de espacios donde lo negativo se articula en las “Moradas” que elige y define para su futuro errar; Pizarnik se reconocerá:

en la mano crispada de un muerto

en la memoria de un loco
en la tristeza de un niño,

en la mano que busca el vaso,
en el vaso inalcanzable,
en la sed de siempre.127

La infinita desolación de Pizarnik encuentra su eco más perfecto en “Un abandono” donde dirá: “Sólo la música de la sangre / asegura residencia / en un lugar tan abierto”.128 La pérdida del amor la lleva a sustentarse en la palabra, y su música le asegurará su identidad, su ser. En sus dos últimos libros, será la voz, las voces, el centro de su quehacer poético.

En Extracción de la piedra de locura, el poema “Privilegio” retoma el tono elegíaco; el recuerdo del rostro del amado vuelve a ella y es un privilegio para su vida. La imagen es fluida y bellísima: es un rostro que la cubre como el agua que rueda, en un movimiento continuo e hipnótico:

Ya perdido el nombre que me llamaba,
su rostro rueda por mí
como el sonido del agua en la noche,
del agua cayendo en el agua.

A veces existe en esta última poesía un deseo de comunicación con el amado ausente / perdido / muerto. Y un miedo a que su canto no baste:

te llamo
igual que antaño la amiga al amigo
en pequeñas canciones
miedosas del alba.

Cada mención del amor es sólo un recuerdo, un rehacer lo que fue o pudo ser o simplemente no fue. Vuelve a sustentarse en el pasado:

en el amor yo me abría
y ritmaba los viejos gestos de la amante
heredera de la visión
de un jardín prohibido.