October 23, 2017
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Collection: INTERAMER
Number: 50
Author: Inés Azar, Ed.
Title: El puente de las palabras. Homenaje a David Lagmanovich

RELECTURA DE LAS NOTICIAS SECRETAS
DE JORGE JUAN Y ANTONIO DE ULLOA

Joaquín Roy
University of Miami

Demostrar que el planeta tierra tiene una forma de esfera, semejante a una naranja, achatada por los polos, fue la causa de uno de los documentos más polémicos acerca de la colonización española en América. Medir un grado del meridiano en condiciones óptimas fue la razón de una expedición científica a las colonias americanas; los comentarios sociopolíticos del ambiente se convirtieron en el documento más crítico de la estructura colonial española desde Las Casas.

Génesis y resultado de una expedición

Los científicos, en pleno siglo de las luces, eran franceses; los autores de los comentarios eran jóvenes marinos españoles. El asunto tenía su doble importancia ya que en un momento se llegó a creer que la tierra tenía forma de un melón, y en lugar de estar achatada por los polos, éstos eran alargados; en el plano político, otras potencias europeas, especialmente la británica, estaban buscando excusas para arrebatar de una vez por todas el predominio español en el nuevo mundo y anhelaban excusas para desacreditar a las autoridades de su Católica Majestad.

Los franceses estaban dirigidos por un científico de impecables credenciales: Charles Marie La Condamine. El ruego del rey de Francia a Felipe V, para que consintiera en el proyecto y además designara unos oficiales de enlace, fue correspondido. Dos jóvenes miembros del cuerpo de Guardiamarinas, la rama de élite creada por José Patiño en 1713, ya con experiencias de navegación y alto grado de cultura científica, fueron los agraciados para unirse a una expedición que cambiaría el curso de sus vidas. En la primavera de 1735 salieron del puerto de Cádiz Jorge Juan y Santacilia, de 22 años, y Antonio de Ulloa de la Torre-Giral, de 19 (quienes no eran hermanos, como creyeron en algún momento poco circunspectos editores norteamericanos). Desde el verano de ese mismo año hasta su regreso a España once años después, los dos jóvenes marinos no sólo se dedicaron a servir de enlace oficial a los científicos franceses, sino que tuvieron la oportunidad de observar algunos de los detalles más significativos del tercer siglo de la vida colonial hispánica en América. Cartagena, Panamá, Guayaquil, Lima, y gran parte de la costa de Chile y Quito fueron escenario de sus observaciones.

El largo viaje proporcionó a Juan y Ulloa datos suficientes para a su regreso referirlos al monarca y altos funcionarios de Madrid, en lo que se conoce con el muy ilustrado título de Relación histórica del viage a la América Meridional, hecho de orden de S. Mag. para medir algunos grados de meridiano terrestre, y venir por ellos en conocimiento de la verdadera figura, y magnitude de la tierra, con otras varias observaciones astronómicas, y físicas (1748). Tuvo una gran difusión en Europa, a través de traducciones al francés, alemán, holandés e inglés. Luego publicaron otro trabajo titulado Observaciones astronómicas y físicas: Hechas de orden de S. Mag. en los reynos del Perú (1748). Al año siguiente publicaron otro informe científico: Dissertación histórica, y geográphica sobre el meridiano de demarcación entre los dominios de España, y Portugal, y los parages por donde passa en la América Meridional, conforme a los tratados, y derechos de cada estado, y las más seguras, y modernas observaciones (1749).

Juan y Ulloa no limitaron sus esfuerzos a esta función, sino que elaboraron otro largo documento mucho menos narrativo y científico, más en la línea de las modernas ciencias sociales y muy cercano al periodismo ideológico e interpretativo que ya en el XVIII había dado conatos de actividad. Esta obra, conocida universalmente con el nombre de Noticias secretas, había experimentado un largo y penoso itinerario en español y en inglés hasta que en la última década se han publicado un puñado de ediciones de perfil diverso que han hecho su contenido más accesible.

Los militares españoles rindieron cuenta científica de sus observaciones a las autoridades, que le dieron justo uso y publicidad, pero mantuvieron en secreto esa parte de su obra que se refería predominantemente a las condiciones políticas y sociales de los reinos ultramarinos. Un siglo más tarde (como sucedió con los escritos de Las Casas) un oportunista viajero inglés le proporcionó la necesaria divulgación, con el lógico descrédito de la obra colonial hispana en el continente americano.

Lo que Ulloa y Juan redactaron, sin que el Marqués de la Ensenada se lo pidiera explícitamente (tal como ellos reclaman), a mediados del XVIII, probablemente en 1747, estaba proyectado como informe reservado, para uso interior, pero dio la vuelta al mundo en 1826 bajo este sensacionalista título:

Noticias secretas de América sobre el estado naval, militar y político de los reinos del Perú y provincias de Quito, costas de Nueva Granada y Chile; gobierno y régimen particular de los pueblos de Indias; cruel opresión y extorsiones de sus corregidores y curas; abusos escandalosos introducidos entre estos habitantes por los misioneros; causas de su origen y motivos de su continuación por el espacio de tres siglos.

La edición se debe a un desconocido erudito llamado David Barry. El libro fue favorecido por las circunstancias del momento: el imperio español se había desmoronado desde el desastre de Ayacucho en 1824. Las Casas había cobrado inusitada popularidad para justificar las causas independentistas. El título sensacionalista lo convirtió en un potencial éxito editorial.

El informe (conocido también en diferentes versiones y fragmentos como “Discurso”), redactado primordialmente por Ulloa, ha sido hasta muy recientemente poco conocido en español y limitadamente accesible en inglés hasta una traducción de 1978. Testimonio en la línea de otros documentos que tienen sus precedentes en las crónicas americanas, es una pieza temprana del periodismo interpretativo y en profundidad, variante de esta profesión que recibiría madurez en pleno siglo XX.

En 1851 apareció en los Estados Unidos una traducción resumida y alterada, obra de un socio del Principia Club de Boston, con el no menos efectista título de Secret Expedition to Peru or The Practical Influence of the Spanish Colonial System Upon the Character and Habits of the Colonists, Exhibited in a Private Report Read to the Secretaries of His Majesty, Ferdinand VI, King of Spain, by George J. and Antonio Ulloa. De ésta se publicó otra edición en 1878, con la original y maquiavélica transformación de su título: Popery Judged by Its Fruits: As Brought to View in the Diary of Two Distinguished Scholars and Philanthropists John and Anthony Ulloa during a Sojourn of Several Years in the States of Colombia and Peru. Nótese que la clásica obra de Las Casas llevó en inglés el título de Popery Unmasked.

Hasta hace muy poco, sin embargo, el informe era conocido en la edición original solamente asequible en un puñado de bibliotecas (una en Nueva York y otras en Madrid) y por la transcripción tardía de 1918 en Madrid, y la más lejana de Buenos Aires de 1953. A pesar de la polémica entre los eruditos norteamericanos y algunos latinoamericanos, la obra no había circulado lo suficiente. La cultura española del resto del XIX y de todo el XX no se había mostrado inclinada a su divulgación. Después del desastre del 98, con el auge del arielismo y el relanzamiento de la ideología conservadora de la Hispanidad en la década del 20, estos documentos no convenía divulgarlos. El franquismo, comprensiblemente, tampoco permitió la difusión de una obra que podía ser interpretada como anticlerical. El Padre Luis Merino publicó en 1956, en los Estados Unidos y en castellano, su tesis doctoral de la Universidad Católica, en la que dudaba de la exactitud de las acusaciones al clero colonial.

Como si viniera a coincidir con la normalización política española, desde 1978 se han sucedido las ediciones de ésta y otras obras de Juan y Ulloa. Tres volúmenes publicados ese año en Madrid, a cargo de José P. Merino Navarro y Miguel M. Rodríguez San Vicente, incluyen ediciones facsimilares de la primera y segunda parte de Relación histórica del viaje a la América Meridional y Observaciones astronómicas y físicas hechas en los reinos del Perú. El mismo año el historiador norteamericano John J. TePaske tradujo la mayor parte de Noticias secretas al inglés con otro título muy a lo siglo XVIII, conservando la fraseología original: Discourse and Political Reflection on the Kingdoms of Peru. Their Government, Special Regimen of Their Inhabitants, and Abuses Which Have Been Introduced into One and Another with Special Information on Why They Grew Up and Some Means to Avoid Them. El autor de la edición ya se adelantaba a las posibles reservas de los lectores que se podían preguntar acerca de la oportunidad de la publicación y de la vigencia académica de estos temas que a simple vista no hacen más que acrecentar la ya voluminosa documentación que ha sido bautizada con el desgraciado nombre de Leyenda Negra. Esto debe verse en el necesario contexto de las polémicas lascasianas que cíclicamente han mantenido ocupados a diversos bandos de historiadores. Frecuentemente, un sector del mundo académico anglosajón crítico de la colonización española se ve atrapado con otro sector de tendencia hispanizante que, naturalmente se alinea con los eruditos tradicionales y conservadores de los países de habla española.

En ese escenario, por ejemplo, cobra actualidad la arremetida de Carlos Pereyra (famoso por sus escritos antiimperialistas) a principios de los años 40. No se le escapó el perfil panfletario de la edición de Barry:

No hubo, por lo mismo, tales Noticias secretas. Más bien podemos llamarlas Noticias olvidadas en los dos primeros decenios del siglo XIX. Durante cincuenta años, es decir, de 1749 a 1799, fueron leídas por quienes hacía falta que las conocieran. Nadie se atreverá decorosamente a sostener la fábula del oprobioso Manuscrito, sepultado para olvido entero, y sacado del secreto de un archivo por la mano justiciera de Barry. Era [...] un documento público o difundido [...] una copia, de las muchas que había. (Gómez Tabanera 720)

Ya la portada por sí sola convierte el Discurso y reflexiones políticas en un folleto de escándalo. El prólogo de Barry, sustituido al de los autores, que suprime, es otro elemento de falsedad. Solo falta la alteración del texto (726/20). Barry quería [...] una delación escandalosa [...] gracias a la portada [...] se convierte en un libelo. (732/28)

Aducía TePaske, como posible defensa de la oportunidad de su edición, que el documento no se debía interpretar como una condena de los abusos de un solo país, sino de hechos que se dan frecuentemente en todos los imperios. El historiador norteamericano, sin embargo, se vería acompañado por otros eruditos que darían una inusitada divulgación a la obra.

En la última década se han publicado dos ediciones facsimilares, la primera en 1982 por la editorial Turner de Madrid, de escasa circulación en España. Luego salió la de Gómez Tabanera en 1988. Esta se compone básicamente de la reproducción de las Noticias de Barry, seguida de la reedición del artículo de Carlos Pereyra previamente publicado en la Revista de Indias en 1940, titulado “Las ‘Noticias secretas’ de América y el enigma de su publicación”, y un estudio de Ramón Ezquerra de 1962, también publicado en la Revista de Indias. La obra más completa tanto sobre Noticias como sobre las biografías de los autores y la génesis del documento, hasta la fecha, es la de Luis J. Ramos Gómez (1988), consistente en dos volúmenes, el primero subtitulado Estudio histórico, dedicado al contexto histórico y el segundo que comprende una edición exhaustiva y crítica del documento completo. En total, sumando las 326 páginas en inglés del libro de TePaske, al trabajo de introducción histórica y de anotación exhaustiva de Ramos Gómez (440 y 664), las 256 de la tesis de Merino, las 868 de la reproducción de Gómez Tabanera,  las  aproximadamente  400  de  la  facsimilar  de Observaciones,  las  682  y  800 de los dos  volúmenes de Relación, nos dan una suma de más de 4.000 páginas de nutrido y anotado texto, de difícil lectura. Esto asombraría a los autores originales, y especialmente satisfaría a Barry. Además, habría que añadir que el primer volumen de la Biblioteca del Nuevo Mundo 1492-1992, una colección de la editorial Tusquets de Barcelona, dedicada a textos coloniales, lleva el título de Noticias secretas y públicas de América, una antología de textos del descubrimiento y colonización, compilada por Emir Rodríguez Monegal. Sin embargo, la afinidad con la obra de Juan y Ulloa termina con el título, pues no se transcribe fragmento alguno de las originales Noticias secretas.1

Objetivo y forma de un informe polémico

Este documento relata sin misericordia los abusos en tiempos de la colonia, que no eran la excepción circunscrita a algunos lugares. Las diferencias eran meramente de grado: todo el mundo era culpable. La tiranía era la norma de los gobiernos locales. El chantaje era la conducta normal de las autoridades para con los administrados. El cohecho sustituía al código. La esclavitud se disfrazaba bajo el eufemismo de la mita, el repartimiento y la encomienda. El racismo coordinaba sutilmente las relaciones humanas. La estratificación social estaba sólidamente constituida en castas. La Iglesia disimulaba ante el escándalo del concubinato de numerosos clérigos. Todo esto se transmite en una forma que se adelanta a los tiempos: los principales rasgos del periodismo moderno ya están presentes en diversos pasajes del texto.

Gracias a su “editor” inglés, se crea el título de “Noticias secretas”, un paradójico oxímoron. En pura lógica, lo que es noticia debe ser divulgado y lo que es secreto debiera permanecer enterrado. Parece ser un adelanto de la máxima de las escuelas de periodismo norteamericanas:2 no es noticia que un perro muerda a un hombre, pero sí al revés. Es periodismo, por lo tanto, revelar “noticias” que son “secretas”. Precedentes de los profesionales del periodismo investigativo, Juan y Ulloa apuntan una de las causas del “secreto”, al criticar la conducta de las autoridades locales por mantener ocultos los hechos delictivos:

Pero el que no suceda en esa forma no debe causar novedad, respecto de que, aun dentro del mismo Cartagena, no son sabidores de todo lo que pasa sobre este particular los jueces [...] como es allí el lugar donde se comete la culpa, es asimismo en donde todos la procuran ocultar para que, manteniéndose reservada de los ministros, no puede llegar el caso de que se castigue el desorden. (122)

Sin proponérselo voluntariamente, los autores hacen uso de una técnica muy propia del XVIII, los largos subtítulos de los apartados y capítulos, que son un precedente del moderno lead periodístico. He aquí unas muestras:

Trátase de las extorsiones que padecen los indios por medio de los curas, con distinción de las que cometen con ellos los eclesiásticos seculares y los regulares, [y] el extravío de su conducta, de donde redunda la tibieza con que los indios guardan la religión, y el que la miren con indiferencia [trátase del estado de las iglesias]. (185)

Dase noticia del servicio que hacen los indios en varias especies de haciendas para su cultivo y [en] fábricas [de telares]; de la mita, y del gravamen que de ella les resulta a los indios; y, últimamente, del rigor con que se les trata. (211)

Se ofrecen los datos básicos, contestando las preguntas que en inglés comienzan con “wh-”: quién, cuándo, cómo, dónde.

A medida que avanza el texto, se extiende ante los ojos del lector la estructura moderna del ensayo y del periodismo discursivo. Ya hacia la parte sexta, se desarrolla en la forma lógica: la primera es panorámica (que coincide con los parámetros del periodismo informativo que fue la máxima conquista de la prensa norteamericana de la primera parte del siglo XX), luego se expone la parte investigativa (que se paraleliza con el desarrollo del periodismo desde la fundación del semanario Time); progresivamente va tomando posiciones la denuncia (que equivaldría al periodismo partidista e ideológico del XIX). Finalmente, se ofrecen los remedios para paliar la situación (lo que sería en el periodismo la técnica del editorial): “De dos maneras se puede providenciar para corregir el gravamen que se les causa a los indios en el servicio de mitayos y libres...” (233). La diferenciación de estos tres quehaceres periodísticos no es clara a lo largo del texto, y en los mismos pasajes se ofrecen ejemplos híbridos.

El modo informativo tiene frecuentes y brillantes muestras.

He aquí una de ellas:

Consiste la mita en que todos los pueblos deben dar a las haciendas de su pertenencia, para que se trabajen, un número determinado de indios, según su erección; y lo mismo a las minas cuando, habiéndolas registrado sus dueños, han conseguido que se les conceda mita para hacer sus labores con más conveniencias. (212)

Pero progresivamente la mera información deja paso al modo investigativo, con un toque cada vez más ideológico:

Para tratar del comercio ilícito en las Indias, de cuyo mal no hay puerto, ciudad o población que no adolezca, con sólo la diferencia de ser unos más cuantiosos que en otros (119) [...] parece conjurada la malicia contra la legalidad, convierte en fraude aún aquellas mismas providencias y recursos que lo debían destruir y aniquilar, pues las que con tan premeditado acierto se han imaginado para desarraigar de las costas todos los motivos del ilícito trato, son las que ya en los tiempos presentes sirven de solapa para que se frecuenten aquellas prohibidas vías con mayor desahogo y seguridad. (119)

Cuán poco fruto se ha sacado de aquella provincia, porque bajan los comerciantes a aquella ciudad con una crecida suma de caudales, emplean allí la mitad, más o menos, según les parece, y con lo restante van a la costa, donde, hallando tanta providencia de lo que necesitan, concluyen el resto de su empleo [en mercancías ilícitas], y a la sombra de una guía y de la confianza de que lo disimulen los jueces por donde pasan hasta llegar a su destino, introducen dos o tres tantos más de lo que emplearon ilícitamente. (121)

La variante editorialista se expresa diáfanamente con las denuncias concretas:

Lo que se hace más sensible en este particular es que ni el honor, ni la conciencia, ni el reconocimiento de verse mantenidos por el soberano con los crecidos salarios que disfrutan, sirve de estímulo en aquellos países para celar lo que es de la obligación de cada uno. Y así está manteniendo el rey a los que le usurpan sus derechos [fiscales] y menoscaban su Real Hacienda. (137)

El ejemplo más claro es la situación de los indígenas:

Nace la tiranía que experimentan los indios de la insaciable hambre de riquezas que llevan a las Indias los que van a gobernarlos, y como éstos no tengan otro arbitrio para conseguirlo que el de hostilizar a los indios de cuantos modos puede suministrarles la malicia, no dejan ninguno por planificar, y combatiéndolos por todas partes, con crueldad exigen de ellos más de lo que pudieran sacar de los propios esclavos. (152)

Son los indios unos verdaderos esclavos en aquellos países y serían dichosos si sólo tuviesen un amo a quien contribuir. (158)

Tiranía innegable es el modo de repartimiento de mulas. (162)

En esta línea editorialista tampoco faltan las expresiones coloquiales y familiares:

es menester estar dejados de la mano de Dios para cometer tantas iniquidades. (163)

Con tanto descaro se hacen estos ajustes. (172)

el juez [...] los desimpresiona de ellos diciéndoles que no se metan en pleitos. (172)

procura mediar el juez y que se compongan de suerte que queden amigos. (173)

Abundan las denuncias sobre las deplorables condiciones de trabajo:

Empieza, pues, el trabajo de los obrajes antes que acabe el día, a cuya hora acude cada indio a la pieza que les corresponde. (220)

Tal es la lástima que causan cuando los sacan muertos, que conmoviera a compasión a los más despiadados corazones: sólo se ve en ellos un esqueleto que está diciendo la causa y motivo de haberse perecido. (221)

El hábito de condenar los indios a estos abominables lugares se ha hecho tan común, que ya se destinan a la muerte civil de ellos por otros muchos asuntos. (222)

Como si fueran consultores de los tiempos actuales, los autores también ofrecen consejos:

Deberían prohibirse totalmente el que los corregimientos pudiesen hacer repartimiento de ningunos géneros [y] especies (175) [...] deberían apoyarse la prohibición que hay para que los corregidores puedan comerciar, ordenando que no lo pudiesen hacer ni por sí, ni por tercera persona, con pena de que todos los géneros que se reconociese pertenecer. (175)

Impacto y conclusiones

Como recapitulación, resulta recomendable aportar las conclusiones de Ramos Gómez. Juan y Ulloa no tenían instrucciones oficiales para hacer un informe de tal naturaleza. El proyecto del nuevo documento nace ya a su regreso a España, y la iniciativa no viene del marqués de la Ensenada ni de ninguna autoridad española. A nadie con responsabilidad de estado se le podía pasar por la imaginación encargar tamaño informe sensitivo de temática político-económica a unos inexpertos guardiamarinas de apenas veinte años. El informe que conocemos se redactó en 1747, cuando ya habían escrito Observaciones y la primera versión de Relación. La comparación entre el informe y la documentación del momento revela que los datos del primero son, en detalle, inexactos, quizás por el propio interés de los autores. Juan y Ulloa no solamente utilizaron lo que vieron, sino también hicieron uso generoso de otros materiales a los que tuvieron acceso en España. Incluyeron temas y aspectos adicionales debido al interés de algunos centros de poder cercanos a la corte, en litigio con otros (como es el caso de las rencillas entre órdenes religiosas). Teniendo en cuenta que el texto estuvo alterado por la “edición” de Barry, el impacto original de las Noticias parece que fue imperceptible en la Corte: ni el Consejo de Indias ni nadie de influencia usó el informe para ninguna de las reformas importantes (Ramos Gómez 385). La razón de esto debe ser que los responsables tenían mejores informes y datos y no consideraban a los marinos como expertos en los temas (Ramos Gómez 386).

En conclusión, se deduce que los responsables políticos no consideraban a los marinos como especialistas, sino simplemente observadores, predecesores de los modernos periodistas, los autores de libros de viajes y los ensayistas hispanoamericanos del período prenacional y decimonónico.

 

NOTAS

1. Advirtamos que las dos ediciones más asequibles (en inglés y en castellano), la de TePaske y la de Ramos Gómez, difieren en que la primera está reducida, mientras que la segunda incluye los textos completos. Las secciones (capítulos) I y II (dedicadas a las fortificaciones) no se transcriben en la norteamericana, como tampoco la XII, que describe la flora. Tampoco se reproduce el capítulo VI (VII del manuscrito original) dedicado a las misiones jesuitas en el Marañón. Este detalle, que desde el punto de vista editorial tiene sentido, a la luz de los comentarios de Ramos Gómez resulta interesante, ya que considera que las denuncias del clero estaban dictadas precisamente por un interés en defender a los jesuitas.

2. Con respecto a la adaptación de los conceptos del periodismo a la literatura, remito al lector a la consulta de mi libro titulado ALA: Periodismo y literatura y los artículos mencionados en la bibliografía.

 

BIBLIOGRAFÍA

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