October 17, 2017
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Collection: INTERAMER
Number: 50
Author: Inés Azar, Ed.
Title: El puente de las palabras. Homenaje a David Lagmanovich

INTRODUCCIÓN

A fines de 1989, después de 35 años de trabajo en la enseñanza y en la investigación, David Lagmanovich se retiró de la cátedra de Profesor Titular de Literatura Hispanoamericana que ocupaba, desde 1984, en la Universidad de Buenos Aires. Poco después, algunos de sus colegas y amigos decidieron preparar la publicación de un volumen de homenaje a David. El proyecto original era relativamente modesto: reunir un poco más de una veintena de trabajos de críticos, profesores universitarios, escritores y poetas que conocían a David y a su obra o que habían sido sus colegas o alumnos en los distintos momentos y lugares de su vida profesional. El entusiasmo de la respuesta a la invitación inicial se tradujo en un total de más de ochenta contribuciones, enviadas, en un buen número de casos, por colegas y amigos que, enterados del proyecto, deseaban sumarse al homenaje. Para limitar la publicación a un solo tomo, el comité organizador debió eliminar unas doscientas páginas de texto creativo e igual número de texto crítico. El resultado de ese difícil proceso de selección es este volumen, del que están ausentes, en principio, casi todas las obras de creación que recibimos. Para sus autores, Juan Gustavo Cobo Borda, Abelardo Castillo, Juan Carlos Dido, Mempo Giardinelli, Sylvia Iparraguirre, Tomás Eloy Martínez, Fernando Sorrentino, y Saúl Yurkievitz, nuestro infinito agradecimiento por la generosidad con la que ofrecieron sus textos originales para integrar un volumen de difusión inevitablemente limitada. Un buen número de los estudios críticos que no aparecen publicados aquí, formarán parte de uno o dos volúmenes que se preparan para su publicación como secuelas del homenaje.

Tal como aparece hoy, este volumen reúne las colaboraciones de colegas, discípulos y amigos de David Lagmanovich, esparcidos en diversos países, dos hemisferios, más de un continente. A esta diversidad de geografías y mundos culturales corresponde, con notable simetría, la diversidad de los participantes mismos y de sus contribuciones: profesores universitarios, críticos y teóricos de la literatura, y también escritores y poetas, de diferentes nacionalidades, escuelas, ideologías, credos literarios o estéticos; artículos típicamente academicos y también poemas y distintas formas de ensayo; objetos de estudio y reflexión que representan los más diversos géneros de discurso, no solo escrito sino también recogido oralmente, no solo literario sino también documental; intereses críticos que incluyen, sin duda, la literatura argentina contemporánea pero que recorren además distintos momentos de la historia literaria de España e Hispanoamérica.

Y sin embargo, al mismo tiempo, para quienes conozcan la mayoría de los nombres que aparecen en el índice, este es, en toda su variedad, un volumen notablemente argentino e hispanoamericano. Para empezar, además de David mismo, son argentinos varios de los cuarenta y dos colaboradores del homenaje. Incluyen a argentinos que se fueron del país y argentinos que no se fueron, argentinos que se quedaron en el exterior, argentinos que volvieron, argentinos que volvieron y se volvieron a ir. Ellos representan —representamos— muchas de las vicisitudes de la historia reciente de nuestro país: sus largos episodios de represión y violencia, sus diásporas, sus discontinuidades, pero también una suerte de energía intelectual infatigable, un optimismo, lúcido y desengañado, que insiste, a pesar de todo, en seguir tratando de entender y en seguir tratando de decir. Si este volumen de homenaje resulta punto de encuentro, lugar donde se inicia o se reanuda el diálogo que existió alguna vez entre nosotros, o que debía haber existido, es sin duda porque David, en su tarea intelectual, en sus actos, en su forma de vida, creó lazos, tendió puentes de palabras, de respeto, de afecto. Con su vida puntuada por la represión y la diáspora, David es, como pocos, figura ejemplar de esa energía que yo me atrevo a llamar “argentina,” de ese intento, “argentinamente” desesperanzado y tenaz, de comprender y dialogar.

El diálogo, las conexiones a larga distancia, el trabajo compartido son la marca no sólo del contenido de este volumen sino también del proceso laborioso de compilarlo. En ese proceso, un pequeño grupo de colegas y amigos llevó a cabo las tareas más arduas. Ellos, más que yo, son los verdaderos artífices del homenaje. Con gratitud y reconocimiento, dejo aquí constancia de sus nombres, que deberían estar, tanto o más que el mío, en la portada: Lida Aronne-Armestoy, Ana María Barrenechea, Marta Ana Diz, Enrique Foffani, Mariano Gowland, Mempo Giardinelli, Enrique Pupo-Walker y Susana Zanetti. A Gloria Loyola Black y Carlos E. Paldao les debemos todos especial gratitud por la inteligencia y la tenacidad minuciosa de su apoyo. Y para Alfredo Veiravé, muerto tempranamente, una palabra de agradecimiento póstumo por su ayuda y por el regalo de su entusiasmo poético.

Por último, por fin, el testimonio de gratitud personal, de respeto y admiración intelectual de este homenaje,

Para David Lagmanovich,
maestro de maestros,
y amigo de sus amigos.

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Inés Azar