October 23, 2017
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Collection: INTERAMER
Number: 48
Author: Julio E. Mora Saucedo
Title: Arquitectura Vernacular en Panamá

INTRODUCCIÓN

A través de la historia de la humanidad, el hombre siempre buscó donde protegerse de las inclemencias del tiempo. Su vivienda fue su cobijo, pero también el lugar en donde se tejieron todo tipo de relaciones sociales. Desde las primeras moradas en las copas de los árboles, en los abrigos rocosos y hasta en las actuales viviendas climatizadas, su casa ha sido partícipe de todas las transformaciones que él mismo ha experimentado.

En la medida en que la casa es una expresión física del grupo humano que una habita determinada región, en esa misma proporción se constituye en objeto de estudio para investigadores de disciplinas como Arquitectura, Sociología, Historia, Antropología, Etnología, etc. Es precisamente, la labor conjunta de tales profesionales la que nos puede conducir a un estudio integral del fenómeno en referencia.

No obstante, constatamos como tradicionalmente el interés de los especialistas se ha inclinado hacia el estudio de la expresiones más ostentosas de la vivienda en civilizaciones como la china, egipcia, griega, azteca, inca, maya, etc.; dejando a un lado casi todo lo concerniente a la vivienda vernácula.

En verdad, es escasa la bibliografía existente sobre la morada que por siglos han habitado aquellos sectores que históricamente han carecido de recursos como para legarnos grandes monumentos arquitectónicos. Movidos por ello y gracias al apoyo que felizmente nos han otorgado la Coordinación del Proyecto DAVEP de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Panamá y la Organización de los Estados Americanos, en el presente aporte investigativo se ha incursionado en el análisis de la vivienda vernácula.

El estudio que presentamos corresponde al origen y transformación de la vivienda vernácula de la República de Panamá. Para ello hemos optado por analizar, dentro de esta República centroamericana, el caso concreto de la región de Azuero.

La casa de quincha ha sido, por algo más de cuatro siglos, una respuesta habitacional que ha gozado de una calurosa acogida por parte de sectores económicos y sociales no provenientes de los grupos hegemónicos. Pues bien, en la actualidad acontece que debido al avance arrollador de la modernización en las áreas rurales, aquélla está siendo reemplazada por nuevos modismos arquitectónicos legándola a un segundo plano.

Debido a esta situación, el estudio pretende dar a conocer cuáles son los orígenes históricos de la casa de habitación del interior panameño. Para ello, no sólo se incursiona en un período de tiempo que corresponde a la época contemporánea, sino que se ofrecen detalles del período prehispánico. Esto, que inicialmente podría parecer excesivo, no lo es tanto si se toma en consideración que la vivienda de quincha es el producto de un sincretismo arquitectónico que involucra a los grupos indígena, hispánico y africano.

Para ser consecuentes con lo que planteamos, partimos ofreciendo una breve descripción geográfica del área que es objeto de estudio.

Seguidamente, destacamos la génesis de los asentamientos precolombinos que surgieron en Azuero; pasando con posterioridad a ofrecer detalles de la época hispánica y republicana. Intentamos, de la misma manera, caracterizar al período durante el cual la introducción de modismos y valores de una economía de consumo transforman la sociedad y la arquitectura vernácula.

Otro aspecto que deseamos subrayar en esta investigación es el relativo a la descripción de la casa de quincha propiamente dicha, en lo que ésta tiene de particular y específica. Al final se encontrarán una con síntesis y un conjunto de recomendaciones que estimamos necesarias.

Aspectos geográficos

La península de Azuero es un cuadrilátero terrestre que se interna en el Océano Pacífico. Desde el punto de vista histórico-cultural es parte constitutiva de la región central de la República de Panamá. Dicha región está integrada políticamente por las provincias de Veraguas, Coclé, Herrera y Los Santos.

En el accidente geográfico en referencia, encontramos ubicadas las provincias de Herrera y Los Santos, así como la parte sur de la provincia de Veraguas. La región de Azuero limita al norte con la Cordillera Central, correspondiente a las provincias de Veraguas y Coclé, al sur con el océano Pacífico, al este con el golfo de Panamá y al oeste con el golfo de Montijo.

Sobre su ubicación global, podemos afirmar que la península de Azuero se encuentra ubicada en el hemisferio norte, en las coordenadas 7°, 12” y 15” oeste y a 8°, 5”, 30” norte (latitud) y a 79°, 59” y 35” y a 81°, 6”, 15” oeste (longitud).

Su topografía se caracteriza por la existencia de dos ramales montañosos que la recorren de norte a sur. Hacia el este se levanta la Cadena Oriental que tiene en el macizo del Canajagua su máxima altitud (829 mts.) Hacia el oeste, su geografía es recorrida por la Cadena Occidental, cuya cota máxima es el cerro Olla (1209 mts). Ambas cadenas montañosas se abren hacia el sur para formar una depresión triangular que es drenada por el río Tonosí.

Los macizos son una prolongación de la Cordillera Central que se extiende en dirección sur hasta extinguirse en las áreas costeras de Búcaro y Cañas. Existen pocos valles, destacándose entre ellos el de Tonosí y el valle Rico en la provincia de Los Santos, así como el pequeño valle de Pesé, en la provincia de Herrera. (ver mapas).

Históricamente sus recursos hidrológicos han sido decisivos para el establecimiento de la población que en ellos se ha asentado desde la época precolombina hasta nuestros días; destacándose los casos de los ríos Escotá, Parita, La Villa, Guararé, Mariabé y Pedasí, que tienen su desembocadura en la costa oriental de la Península. Por su parte, en la sección occidental desembocan ríos como Ponuga, Mariato, Quebro y Arenas, entre otros.

Si tomamos en consideración la clasificación climática Koppen, la región de Azuero tiene un clima tropical de sabanas Awi. Siendo consecuente con ello, en las costas encontramos el bosque seco premontano, bosque húmedo premontano y el bosque seco tropical; situación que no impide que en las tierras “altas” se establezcan microclimas correspondientes a otro entorno ambiental, tales son los casos del Canajagua y del Montuoso.

Generalmente se distinguen dos estaciones, la seca y la lluviosa. La primera de ellas se extiende desde finales de noviembre hasta inicios de mayo, y la segunda, desde mayo hasta noviembre. En la práctica las divisiones entre ambas estaciones son cada vez más inciertas, caracterizándose la Península por temperaturas que oscilan entre los 23° y los 32° centígrados.

Entre los árboles que más abundan en la región se encuentran el árbol Panamá (Sterculia apetala), madroño (Calycophyllum candidissimum), cortezo (Apeiba tiboubou), guayacán (Tabebuia chrysontha), cedro espino (Bombacopsis quinata) y corotú (Enterolobium coclocarpum).

Históricamente en las sabanas del oriente se asentó la población indígena; componente poblacional que lo hizo junto a los ríos que desembocan en el Pacífico. Más tarde, la presencia hispánica, con sus nuevas concepciones del uso de los espacios geográficos y la introducción de animales como el caballo, y en especial el ganado vacuno, condujo a la larga a un desequilibrio de los recursos naturales que ha llevado a la región a ser en Panamá una de las que exhiben un lamentable desequilibrio ecológico. Por ello, los bosques apenas existen, y en su lugar se han extendido los potreros para el uso de la ganadería.1