21 de Septiembre de 2018
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Colección: INTERAMER
Número: 31
Año: 1994
Autor: María Antonia Gallart
Título: La Educación para el Trabajo en el MERCOSUR

I. La segmentación ocupacional

En la actualidad, como pudo observarse en la primer parte de este trabajo, coexisten dos sectores en el mercado de bienes y capitales y en consecuencia en el de trabajo. Uno es el sector moderno constituido por empresas de alta capitalización, de relativo fácil acceso a tecnologías modernas y a mercados rentables que permiten generar rentas oligopólicas y financiamiento de relativamente bajo costo. Este sector es sede del cambio tecnológico.

El incipiente proceso de cambio tecnológico en dicho sector plantea uno de los desafíos cruciales para la educación formal y la capacitación en la última década del siglo. El cambio tecnológico basado en las tecnologías microelectrónicas implica una superación de los modelos de producción en serie de productos standarizados característicos del taylorismo y el fordismo. La introducción de innovaciones tecnológicas está orientada hacia una producción flexible y diversificada con menor significación de las economías de escala basadas en la producción masiva. Implica asimismo, versatilidad en la modificación de productos en función de necesidades del usuario. Todo ello hace necesaria y posible, una organización del trabajo no jerárquica y con rapidez de reacción (Mercado 1992; Gitahy et al. 1992; Leite 1992).

En cuanto a los efectos de la introducción de innovaciones tecnológicas sobre las calificaciones y el empleo, si bien existe un cierto consenso sobre una tendencia a la polarización de las calificaciones en el personal de producción, y al incremento del pequeño grupo de empleados con calificación técnica, se estima que el empleo total de la empresa no se incrementa sino más bien disminuye. Sin embargo, el efecto de los cambios tecnológicos con respecto al conjunto del empleo es aún un tema en discusión.

La experiencia en países que han transitado este camino muestra que, mientras crece la demanda de algunas ocupaciones, en otros casos tiende a desaparecer la antigua división en oficios, ya que los nuevos puestos de trabajo exigen una combinación de conocimientos en varias disciplinas (electrónica, mecánica, hidráulica y programación). Se podría decir que no se produce ni un aumento ni una pérdida de calificación, sino que ésta se transforma. Se necesitan habilidades mentales y adaptativas, polivalencia, capacidad de anticipación y de representarse todo el proceso.

Estas transformaciones en la utilización de la fuerza de trabajo con consecuencias en la calificación trae aparejados chances y riesgos. Las primeras son las exigencias de mayor calificación para los trabajadores a partir del aglutinamiento de tareas como resultado de la introducción de nuevas tecnologías, así como la posibilidad de modernización pactada entre empresarios y trabajadores. Los riesgos son la segmentación de los trabajadores como producto de la segmentación industrial, así como también la expulsión de mano de obra en algunos sectores sin las posibilidades de reabsorción en el marco de la crisis económica y del desmoronamiento del Estado de Bienestar (PREALC-OIT 1989).

Esta segmentación puede tener consecuencias en la coexistencia de una demanda de trabajo calificado no satisfecha y una oferta excesiva de trabajadores sin calificación o descalificados.

En el otro extremo de la segmentación se encuentra, entonces, el otro sector, el informal,1 el cual no sólo comprende una importante proporción de trabajadores sino que también se ha venido incrementando en los últimos años. Este sector se caracteriza por su baja capitalización, su acceso a mercados marginales y su financiamiento casi inexistente, y muestra una gran heterogeneidad interna en cuanto a los niveles de ingresos que permite generar, las actividades que concentra y las calificaciones de los trabajadores que en él se encuentran insertos. Esta heterogeneidad interna lleva a considerar distintos subsectores dentro del sector informal, e inclusive a caracterizar un sector cuasiformal, de mayores ingresos y calificación que se articula a través de subcontratación o brindando servicios que no implican economía de escala a clientelas específicas (Sánchez 1977).

El crecimiento del sector informal y su absorción de empleo en la región plantean desafíos a la educación para el trabajo, tanto en cuanto a la capacitación técnica como de gestión de los microemprendimientos que los constituyen.