21 de Julio de 2018
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Colección: INTERAMER
Número: 30
Año: 1994
Autor: María Beatriz Fontanella de Weinberg
Título: El Español en el Nuevo Mundo: Estudios sobre Historia Lingüística Hispanoamericana

ARTICULO

La lingüística histórica del español de América comienza a desarrollarse, lo que, dicho con otras palabras, significa que en un lapso que esperamos no muy prolongado podremos tener una idea clara de las vicisitudes que desde hace 500 años está sufriendo en América una lengua que “nació” hace 1000 años en el Norte de la Península Ibérica y que la fortuna quiso que se transformara en lengua imperial hablada en cuatro continentes.

Para una lengua (por ende, en rigor, para sus usuarios) todo traslado, mudanza, migración etc. es un proceso traumatizante, ya que todo desplazamiento geográfico y social supone el contacto y esta experiencia, unida a la de adaptación cultural general, deja siempre rastros.

No por repetido en manuales y enciclopedias podríamos dejar de recordar que la llegada en 1492 de la lengua española a América lo fue en la zona caribeña; a ese momento suele llamársele “período antillano”; posteriormente, la tarea de la Conquista (militar: cultural, lingüística) fue una empresa que, grosso modo, podría calificarse de descenso del Norte hacia el Sur.

El Río de la Plata o, mejor, la Cuenca del Plata reconoce, no obstante, un proceso paralelo a partir de la fundación de Asunción en 1537 por Juan de Salazar y de la segunda fundación de Buenos Aires, en 1580 (la primera, fallida, es de 1536) por Juan de Garay.

Con respecto al actual Uruguay, la historia del así llamado “encuentro” del mundo hispánico con el indígena autóctono es más tardío, y es consecuencia, sobre todo, de la disputa España - Portugal por la posesión y control de los nuevos territorios. De esta manera, habiéndose fundado por parte de los portugueses, en 1680, la Colonia del Sacramento (hoy, Colonia, localidad que pasó de manos lusitanas a manos hispánicas repetidas veces), los españoles fundan en 1726 la ciudad de Montevideo. El resto del territorio se mantuvo despoblado por mucho tiempo, predominando en general la existencia de una población errante, mezcla de elementos indígenas, portugueses e hispánicos.

Para que el país alcanzara una organización estable, es menestar avanzar en el siglo XVIII y llegar al momento de su independencia y posterior institucionalización a partir de comienzos del siglo XIX. De todos modos, esta historia breve pero compleja autoriza a concebir el perfil lingüístico-cultural del país como compromiso entre dos polos de influencia aún hoy actuantes: el hispánico y el lusitano. Por esa razón, Colonia del Sacramento y Montevideo adquieren el carácter de momentos fundacionales simbólicos.

En este contexto, la etapa que abarca desde el establecimiento de Montevideo hasta la segunda o tercera década del siglo XIX puede considerarse como fundacional para el proceso de adaptación del español (polo hispánico del compromiso arriba aludido) a estas tierras, ya que en ese lapso comienzan a actuar en la vida del naciente país personas ya nacidas en estas latitudes de las que cabe presumir empiezan a manifestar en su conducta lingüística la incidencia de las circunstancias sociales y ambientales de la zona y de la época.

La tarea del historiador de la lengua consiste en rescatar del pasado las huellas de una actividad lingüística que no puede ser más que una supervivencia en forma escrita de las mismas. Y en este contexto, adquiere un valor muy especial no cualquier documento escrito, sino, precisamente, aquel que de alguna manera más se acerca a las peculiaridades de la lengua oral de la época. Para lograr esto, es necesario rescatar documentos en los que el autor se encuentra, en el momento de la producción del texto, liberado, por así decirlo, de las presiones escolares y/o académicas que impone la lengua escrita. Un autor que escriba a alguien con la espontaneidad y naturalidad con que le hablaría.

Para ello, la conjunción de las siguientes dos circunstancias es inmejorable:

a) que el texto corresponda al género epistolar con destinatario familiar;
b) que el autor del texto —en otras palabras, de la carta familiar— sea una persona de instrucción escolar escasa.
De esta manera, la neutralización que buscamos de las presiones de la lengua escrita en el texto producido, como resultado de la familiaridad de la situación y de la escasa escolaridad, hacen de ese documento ideal instrumento imprescindible para el lingüista histórico.

En nuestro trabajo sobre este tema hemos hallado un “informante” que creemos se ajusta en forma ideal a los requisitos antes mencionados: Fructuoso Rivera.

Rivera, quien vivió entre 1784 y 1854, es ya un criollo de segunda generación. Militar y primer presidente del Uruguay, reúne las condiciones típicas del caudillo, es decir, un individuo de fuerte personalidad, alta popularidad y objeto de gran respeto por sus seguidores, quienes se unen a él movidos más por cuestiones afectivas y de simpatía que por razones de orden racional o intelectual.

Rivera produjo un abundante epistolario; la mayoría de sus cartas familiares están dirigidas a su esposa Bernardina Fragoso. En ellas, la mezcla de temas (asuntos domésticos, problemas de relación matrimonial, cuestiones políticas y militares) las transforma en documentos muy apetecidos también por el historiador del período.

De esa abundante producción epistolar de Rivera antes referida, elijo dos cartas, ambas de 1839; al leerlas, queda inmediatamente claro lo que antes afirmábamos teóricamente. Estos dos textos están cruzados por la oralidad; más allá de su vigencia actual —en rigor hay variedades del español, sobre todo rurales, que siguen presentando algunas características de las que aquí aparecen— importan para intentar una constatación de la presencia y/o vigencia de esas peculiaridades en el momento de producción de esos textos, como dije, en la tercera década del siglo XIX, hacia el final del período que provisoriamente —se trata de una hipótesis de trabajo— estoy llamando “fundacional” para la adaptación del español a nuestras tierras.

He aquí la carta I:

Mi amada Bernadina: Ayer errecivido casi juntas unas cartas tuyas en 5,8 y 9 del presente y soy ynpuesto detodo: mucho selebro q.e las cosas, y las personas en esas cevayan acomodando eso ynporta, ci deceamos tener patria lo demas todo vendra de suyo segun los sucesos. Lallave dela gaveta del fuerte que pregunto el Sr.P.te la tiene Ellauri supongo q.e ya ce la avra entregado alli avia en la gaveta una porcion de cartas dile a Ellauri q.e te las entregue y guardalas. hay una letra de 500 p.s de un D.Pedro y.Glecias dile a Costa q.e larre coja p.a pagarla. el Sello tanbien estara en el Fuerte olo tendra Aguero. Yo sali como tu saves mui pronto yno me ocupe de nada por q.e urgia mi salida. en percecucion desto malditos q.e todavia no quieren dejarnos Lionardo despues dela derrota que leiso Silva aganado la cierra del Yerval con unos 40 hombres estava ayer en el rrincon de Davila sobre Laguna del miniy. Espero a Mora q.e ce me devera rreunir p.r las puntas del Yi oara donde voy en marcha aesperarlo y aser entre tanto rre unir la fuersa qe cepueda en el Dep/to del Serro Largo; Aleman ce ocupa con atividad de esta operacion. Los enemigos. del Uruguay q.e vine Nuñes asufrente ce avansan con rrapides el treze lo graron pasar el queguay en el paso De Andres Peres donde tu pasates cuando la ascion pero asu frido una perdida conciderable de jente por nuestra parte solo uvieron 2 muertos denuestros vravos y 7 eridos entre estos un oficial aci dice Nuñes en su parte y que se allava a 20 cuadras de ellos q.e estaban mudando cavallo y que su ponia seria para perseguirlo no avuelto atener parte su pongo no avran seguido sobre el rrio negro. Todo, esta hordenado afin de poner al Surd del Rio negro todas nuestra fuersas yrreunir el Ex.to en la altura delos Porong.s yo tengo qe es perar a D.Fortunato qe viene ya en marcha de Maldonado aci que ceme yn corpore me ocupare de dejar en Ex.to sin demora. le escrebire a Barader mis rrecuerdos y alos amig.s da es presiones alas niñas y ami pablito muchos vesos en otra ocacion dile q.e le ede escrebir y le ede mandar alguna cosa vuena.

Mariano te entregara mi Reloj y la cadenita q.e es mas propia para ti el rrelo va cin vidrio sele quevro asen ya mas de 15 dias cin envargo es mui bueno es propio para ti.

Mucho deseo verte y avrasarte pero tu ves las circunstancias algun dia permitira elsielo que en epocas menos aciag.s q.e la presente estemos tranquilos y unidos ninguna otra rrecompensa quiero amis sacrificios la salvacion del pais yel estar atu lado a un q.e cea su mido en la Es curidad.

Tu amante esposo
Fructuoso Rivera
Cordoves Ag.to 19
1839


 

La carta II es la siguiente:

Mi amada Bernardina tu carta que rrecibi ayer p.r Apolinario me ystruye cegun las rresetas q.e venian ynclusas detodo lo q.e as querido mandarme en elCarreton q.e aun no allegado. y delo que mucho te agradesco a pesar q.e ya te avia dicho q.e no mandases nada por q.e yo de nada disfruto porq.e en primer lugar no tomo cino un puchero oun asado una ves en cada 24 horas aci es q.e todo lo q.e me mandas es para otros y generalm.te los criados son los q.e se aprovechan de todo muchas veses; Sin en vargo haora esta costa D.n Tadero Funes y otros q.e ciudan de el rrancho y pasaran ellos y Yo mismo mejor.

Pasare ha otra cosa, de la cual ciento tener qe ocuparme de ella; pero tu aci lo quieres por tus juicios, es verdad q.e dije á Pascual Costa pidiese algo para cuando tu vinieses no con el fin q.e tu te as su puesto es verdad q.e estuve en canelones por q.e tuve que ver a las autoridades de aquel Dep.to con el objeto de promover alli una rre union q.e en comendado a viñas; en lo demas ases una ynjusticia ami cariño y lo q.e tu vales para mi corazon nunca te are yo la ynjusticia de dar anadie ninguna preferencia ni menos ocacionarte un pesar como su cederia toda ves q.e yo yciese preparativos de osequio para otras personas que no fuezes tu ynuestra familia, es verdad y yo no podre negartelo jamas q.e tengo rrelaciones con esa familia pero ella no pasa, ni pasara jamas al caso que tu te as ynferido, yo soy honbre, tengo como otro cual quiera mis afecciones, y mis defectos pero nunca me acusará el oservad.r de mi conducta q.e edejado de llenar mis deveres para con la sociedad y es pecialm.te para con tigo; te amo, te amare eternam.te de otro modo (no avria cido tu esposo) ci de ello tienes, dímelo) ono pruevas, ci lo conoces q.e temor pues puedes tener q.e yo prefiera amas nadies q.e ati; la confianza q.e me meres el cariño q.e me profesas me avran echo cometer algunas ynprudencias, yesa misma rrelacion de q.e me as echo sienpre cargo cera una de ellas pero nunca ella cera capas de ser vastante para q.e yo te desairase, te rrepito que ce vien lo q.e tu mereses para mi alma y lo que te deve tranquilizar hara ycienpre.

Ya te dije ayer q.e los enemig.s avian pasado con todo su Ex.to el Carreta quemada —y cin en vargo q.e asta esta hora no avenido— parte de la Bang.a es presizo saver ciertam.te delos movimientos delos enemig.s para podernos ocupar de tu venida la q.e zera para mi de una cin ygual satisfacion.

Por el Sr. chavarria te mande el ponchito q.e por olvido avia quedado cuando fue el Carreton su pongo q.e ya lo avras rrecibido. Aqui tengo mucha rropa de paño casacas &.a &.n q.e en oportunidad te la mandare otu la llevaras cuando vengas pues q.e mecirve en el verano.

Anuestras yjas y alas comadres tantas cosas y ami Pablito muchos vesos ytu rrecibe el cariño verdadero de tu amante es poso q.e verte decea.

F Rivera
9bre 25
1839


 

Ambas cartas muy similares en su estructuración textual (introducción —tema central— despedida y saludos) difieren sin embargo en la finalidad; la primera es más bien una carta informativa sobre la situación bélica que Rivera vivía en ese momento; la segunda es un descargo sobre alguna sospecha por parte de Bernardina de la fidelidad matrimonial de su cónyuge. En este sentido, esta segunda carta es quizás más valiosa como documento lingüístico, ya que suponemos que la tensión emocional en el momento de su producción neutraliza aun más las presiones de la lengua escrita estandarizada.

Con relación a aspectos estrictamente lingüísticos es necesario hacer las siguientes observaciones. En primer lugar, el fenómeno del seseo está abundantemente documentado en ambos textos: selebro “celebro”; cevayan “se vayan”; ci deceamos “si deseamos”; y.Glecias “Iglesias”; cegun las rresetas “según las recetas”; agradesco “agradezco”; veses “veces”; cera capas “será capaz”; tranquilisar hora ycienpre “tranquilizar ahora y siempre”, etc.

Este fenómeno de algunas variedades del español (andaluz, canario, americano) que aquí se manifiesta, estaba muy difundido en el siglo XVIII en la zona del Plata:
Las confusiones seseantes se encuentran ampliamente difundidas [en el siglo XVIII] no sólo en los autores criollos, andaluces y no identificados, sino también en los procedentes de zonas no seseantes de la Península Ibérica. (Fontanella de Weinberg, 54 y ss)
Así, en una carta que el inmigrante Josef de Mesa, oriundo de Carmona (Sevilla) envía en mayo de 1803 a su esposa Juana de la Peña desde Montevideo (Archivo General de Indias, Sección V: Gobierno. Audiencia de Buenos Aires, legajo 570) aparece también el fenómeno con mucha frecuencia: obligasion “obligación”; notisiaste “noticiarte”; autorisada “autorizada”; abilitasion “habilitación”; nesesario “necesario”, asenuebe “hacen nueve”; rresibido “recibido”, etc.

Estos testimonios muestran, entonces, que la extensión del seseo en este período que estudiamos, no sólo era común, sino que poseía una fuerza generalizante muy poderosa, ya que —según lo indicado por Fontanella de Weinberg— inmigrantes nativos de zonas seseantes de la Península suman también la presencia del fenómeno en sus documentos. No en vano el rasgo ha sido uno de los más característicos de América toda, compartido con Andalucía y Canarias, lo que justifica la denominación de “español atlántico” que ha recibido el conjunto de estas variedades.

Con respecto al interesante fenómeno del yeísmo que se manifiesta en los documentos escritos, a través de las grafías confundidoras de ll y y, es necesario reconocer que no hay aquí testimonios de ello, lo cual, de todos modos no asegura sin más que en la época no estuviera presente el yeísmo, ya que hablantes yeístas, cuando escriben, hacen la distinción y ~ ll; y si no la hacen tempranamente (en la niñez) un posterior dominio más acabado de la lengua escrita impide el “error”. Pero esto vale sólo para personas con familiaridad cotidiana con la lengua escrita y la lectura; en definitiva usuarios cultos de la lengua en cuestión. En verdad, Rivera no es una persona de este tipo. Uno de sus biógrafos más recientes dice de él:
(...) careció de una educación cultivada (...) fue intención de su padre enviarlo al Viejo Mundo a ampliar sus rudimentarios conocimientos (...) Sin embargo, muchacho rural, poco afecto a los libros y en cambio sí a las tareas de campo donde era ya proverbial su afición y destreza, Fru[c]tuoso llegó a enfermar de desesperación, negándose al viaje. (Canessa 24)
De manera que me siento inclinado a sospechar que el yeísmo no estaba tan generalizado. De hecho, para la región bonaerense durante el siglo XVIII “aparecen ya con cierta frecuencia grafías confundidoras de /l/ y /y/, que se dan tanto en autores criollos como en peninsulares y de origen no identificado” (Fontanella de Weinberg 55). La autora, que aporta testimonios de que entre los “confundidores” se encuentran personas de alto nivel cultural dice, como vimos, “cierta” frecuencia. Yo diría que en este epistolario (en otras cartas tanto de Rivera como de su esposa) hay también una frecuencia muy relativa, que estaría indicando el comienzo de la adaptación del fenómeno a estas latitudes; por ejemplo y no tube mas noticias tullas o por fin aller 22 he recibido tus cartas. No cabe duda de que el tema del yeísmo debe ser investigado con mucho más detenimiento, ya que su irregular distribución geográfica y su posterior evolución hacia formas de ‡zeísmo más algunas supervivencias (esporádicas, es cierto) en el español rural uruguayo del Norte (no debe olvidarse que el portugués de Río Grande do Sul —por lo menos— presenta también yeísmo: velho [veju]) lo transforman en uno de los problemas más interesantes, por lo que su dilucidación echará interesante luz sobre los procesos poblacionales y las interinfluencias operantes en este período.

Muchas variedades del español americano y las platenses en particular, se caracterizan por el proceso de aspiración y pérdida de -s implosiva. Se trata de una variación estable desde hace mucho tiempo, con estratificación social y diversificación estilística, que ha sido objeto de interesantes estudios en los últimos tiempos.

En la carta del andaluz Josef de Mesa, citada antes, el fenómeno es común: muestra inequívocamente la situación de la variedad usada por el autor, transplantada a estas latitudes y que, como dije antes, no podría considerarse en rigor un cambio lingüístico en marcha. Los ejemplos que puedo citar de la carta de Josef de Mesa son variados; incluso hay casos de representación plena de -s, como las niñas, los escribanos, los testigos. Pero lo que más abunda son casos de elisión plena como difruto “disfruto”; pueaimuchos “pues hay muchos”; semos besino “somos vecinos”; conmisija “con mis hijas”, etc. La inseguridad lingüística de este autor no se da sólo en la alternancia representación ~ elisión de -s sino también en la aparición de curiosas formas del tipo amadas sijas, los sojos, muchos saños, le sadaras “les darás”, etc.

En la carta II de Rivera no hay ocurrencias del fenómeno; en la Carta I aparecen estas secuencias donde sí se evidencia el comportamiento de -s: en percecucion desto malditos “en persecución de estos malditos” y donde tu pasates cuando la ascion “donde tu pasastes cuando la acción”. El primer caso es claro; se trata de una elisión inequívoca de -s en el determinante del nombre que, además, desde el punto de vista funcional-informacional es redundante, condición que favorece esa elisión. El segundo caso es quizás más interesante. Para el ojo desprevenido (o para el lego) podría tratarse, simplemente, de una “mala colocación” de la s en pasates; es decir, falta en el medio de la palabra, y sobra al final. Sin embargo, tanto la ausencia en posición interna como la presencia en posición final responden a causas diferentes. La ausencia es, como en el caso de desto malditos signo de elisión de -s: la presencia, en cambio, tiene que ver con razones que trascienden el nivel fónico y compromenten el nivel morfológico. En efecto se trata de una -s que etimológicamente sería válida si el tratamiento al interlocutor (lector de la carta) se hiciera con vos, ya que vos pasastes es una forma regular, continuación del español medieval.  Pero, al pasar el pronombre vos a funcionar como segunda persona singular y, en consecuencia, coexistir con (cuya forma verbal correspondiente es pasaste) la mezcla de ambas formas se justifica ampliamente, surgiendo así casos como tú pasates. No se me escapa que formas de este tipo también caracterizan a hablas rurales alejadas del estándar en varios ámbitos del dominio hispánico donde el conflicto vos ~ tú para segunda persona singular no se ha planteado. En este caso, la emergencia de formas como pasates sólo puede explicarse por la acción analógica de las segundas personas del singular, un efecto que no puede descontarse tampoco en esta zona donde luchan y vos.

El tema del voseo y del tuteo es otro de los grandes asuntos de la lingüística histórica del español. La cercanía de vos con vosotros y el corrimiento de aquel a la zona del singular dentro del paradigma verbal, con dramático cambio de significación pragmática desde la formalidad máxima hasta la intimidad, es uno de los procesos más espectaculares de la lengua española. El español rioplatense admite, con relación a este rasgo, distintas posibilidades, lo que puede usarse, como se ha hecho por parte de algunos autores en oportunidades anteriores, para distinguir subvariedades dentro de una unidad mayor. En efecto, hoy, la zona argentina con influencia porteña, mantiene un sistema que, sobre la base de la solidaridad, marca como + solidario el tratamiento V-V (vos tenés) y como - solidario el tratamiento de usted con verbo en tercera (usted tiene). Este sistema es coherente y homogéneo; hay dos posibilidades claramente delimitadas que responden a especificidades pragmáticas también muy claras: se sabe a quién dirigirse con V-V y a quién con Ud.- 3ra. y no hay posibilidades de variar la fórmula siendo el interlocutor el mismo (excepto casos de ironía, sátira u otros actos de habla indirectos).

No es este el caso de la norma montevideana, donde aparte de las dos posibilidades anteriores compartidas con Buenos Aires aparece con vitalidad la fórmula T-V (tú tenés), evidente forma de compromiso entre el tuteo y el voseo. Por otra parte, es relativamente usual, en la zona de influencia montevideana, pero limitada a estilos muy formales, con visos de afectación en muchas oportunidades, la fórmula T-T (tú tienes). Esta forma del tuteo pronominal y verbal es, no obstante, muy vital en la zona de Rocha, entre la población de nivel sociocultural bajo y en las zonas rurales de Canelones de poblamiento canario.

Esta es, a grandes rasgos la situación actual. Con respecto a la manifestación del fenómeno en los textos I y II de Rivera, lo normal es el tuteo; el pronombre (función sujeto) y las formas correspondientes término de preposición (para tí, a tí, contigo) dominan totalmente las cartas excluyendo toda aparición de vos.

Una duda con respecto al tuteo verbal es, sin embargo, admisible. En formas en las que el acento precipita la diptongación y en consecuencia no cabe duda sobre cuál es la forma verbal tuteante y cuál la voseante (por ejemplo tienes vs tenés, quieres vs querés), no existe problema; pero en las formas en que eso no ocurre, el asunto debe ser objeto de interpretación. Es este el caso, por ejemplo, de la forma ases “haces” en la que, además, la posible existencia de un tilde podría haber desambiguado la situación (me refiero a la eventualidad de que Rivera hubiera escrito asés). Sin embargo, y dado que las formas verbales no ambiguas son todas tuteantes: quieres, di(le), di(melo), rrecibe y tomando en cuenta el “tono” tuteante general en el ámbito de los pronombres, creo que debe suponerse sin más que las formas ambiguas, por ejemplo, mandas, ases, mereses corresponden a formas orales con acentuación grave, es decir, tuteantes.

¿Qué otra explicación podría suponerse sino una situación de tuteo generalizado? Podría, no obstante, pensarse en un tipo de adecuación pragmática, en el sentido de acomodación a una situación formal (supongamos, el acto mismo de escribir, aun cuando el destinatario sea un familiar tan íntimo como la esposa y el tópico prácticamente —sobre todo en la Carta II— un asunto privado) que exigiera el tuteo. Si así fuera, y como en todos los casos en que se adopta por cualquier suerte de presión un estilo más formal que el que normalmente se utiliza, debería aparecer algún tipo de manifestación, lo que en estos textos no sucede.

Creo que el tuteo era lo “normal” en este período. El voseo (ya generalizado en el siglo XIX en Buenos Aires) comenzaba a estar presente en el repertorio de los hablantes, pero con connotaciones de trato muy peyorativo, hasta ofensivo. Hacia la segunda mitad del siglo XIX, un anónimo rival del dictador Santos, le dice: Dispese que le diga de vos a uste (Archivo General de la Nación. Particulares. Caja 100. Archivo Máximo Santos. Carpeta 14).

Estos son algunos de los rasgos que pueden estudiarse diacrónicamente a la luz de los documentos de la época. Por otra parte, la consideración y estudio de documentación de tiempos pretéritos depara también otro tipo de sorpresas, por ejemplo, la de descubrir que ciertas formas de la oralidad que irrumpen en la lengua escrita continúan vigentes desde hace 150 años (ya que, para este caso, la estamos constatando en 1839). Me refiero a dos construcciones sintácticas que aparecen en el texto I conocidas por la moderna teoría gramatical como casos de topicalizaciones con consecuencias en el resto de la sintaxis de los respectivos enunciados. Me refiero a los siguientes dos casos:
1) la llave dela gaveta del fuerte que pregunto el Sr. p.te la tiene Ellauri. El autor (tal como el hablante en la oralidad espontánea formal o informal) antepone —topicaliza— el complemento que es, en realidad, el tópico de ese pequeño acto de comunicación: la llave dela gaveta (...) el Sr. P.Te. El cambio de lugar de este constituyente (en relación con el lugar que ocuparía en una sintaxis más neutra) deja un rastro en la configuración oracional; el pronombre la, anáforico con respecto al complemento, redundante desde el punto de vista del referente al que indirectamente apunta, pero absolutamente necesario para la gramaticalidad del enunciado, ya que no es posible esa secuencia sin la:
* la llave dela gaveta (...) tiene Ellauri.
Por otra parte, la simplificación de la subordinada (incluida en el complemento) introducida por que demuestra también un uso familiar, informal frente al posible nexo sobre la que, sobre la cual.
2) El mismo fenómeno (con leves variantes) aparece en los enemigos del Uruguay q.e viene Nuñes a su frente. La motivación para la topicalización es la misma que en el caso anterior, pero por tratarse de un complemento del nombre frente (en rigor, “Nuñes viene al frente de los enemigos del Uruguay”) la huella aparece en el posesivo su, también imprescindible para la gramaticalidad de la secuencia.
A diferencia del caso anterior, aquí la subordinación es quizás un poco más compleja, ya que, en primer lugar, está directamente motivada por la topicalización. En efecto, el ordenamiento neutral de los constituyentes no exige subordinación; sí el ordenamiento “topicalizado”. En este caso, sobre un probable los enemigos del Uruguay al frente de los cuales viene Nuñes, la oralidad exige (y queda rastro en lo escrito) los enemigos del Uruguay QUE viene Nuñes a SU frente.

Estas peculiaridades del español que usa (habla/ escribe) Rivera están vigentes aun hoy: se trata de fuerzas muy intensas en la vida de una lengua que producen desde hace por lo menos ciento cincuenta años los mismos resultados.

La misma vigencia tienen en el texto I dos casos de haber y hacer impersonales concordados: uvieron dos muertos y asen ya más de 15 días.

A pesar de la acción escolar que desestimula dichas formas, la tendencia goza de muy buena salud desde hace más de una centuria. Creo que sería hora de que las gramáticas del español empezaran a ofrecer una interpretación alternativa a este hecho, al considerar su vigencia y perdurabilidad en las reglas de nuestra lengua.

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