12 de Diciembre de 2018
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<<Biblioteca Digital del Portal<<INTERAMER<<Serie Cultural <<El Español en el Nuevo Mundo: Estudios sobre Historia Lingüística Hispanoamericana<<Fórmulas de Tratamiento en el Español Americano (Siglos XVI Y XVII)

Colección: INTERAMER
Número: 30
Año: 1994
Autor: María Beatriz Fontanella de Weinberg
Título: El Español en el Nuevo Mundo: Estudios sobre Historia Lingüística Hispanoamericana

I
Las fórmulas de tratamiento presentan un gran interés tanto desde el punto de vista sincrónico, por su complejidad pragmática y por la gran riqueza que el análisis de su sistema suele mostrar, como desde el punto de vista diacrónico, por la posibilidad de evolucionar rápidamente que presentan, ya que al estar íntimamente relacionadas con la realidad social, los cambios histórico-sociales inciden muy directamente en las transformaciones del sistema de tratamientos. Este interés se ha visto incrementado en las últimas décadas por los importantes estudios teóricos desarrollados a partir del de Brown y Gilman de 1960, que muestran, por un lado, la tensión existente en los sistemas de tratamiento entre los factores de poder y solidaridad y, por otro, la tendencia histórica a un uso cada vez más frecuente de formas simétricas y solidarias. En el mundo hispánico, y en particular en nuestro país, el tema ha recibido reiterada atención, desde el trabajo pionero de Frida Weber, de 1941, hasta los recientes de Elizabeth Rigatuso, de 1987 y 1992, entre otros.

Sin embargo, pese al atractivo que el tema presenta, muchas veces resulta difícil abordar este tipo de estudios en etapas relativamente alejadas, por la dificultad de hallar fuentes apropiadas, ya que el problema que plantea habitualmente la lingüística histórica en cuanto a contar con un material adecuado y suficientemente amplio1 se ve notoriamente incrementado en estos estudios, por la escasez de formas de segunda persona en los documentos, especialmente en relaciones íntimas o no formales. Esta situación ha llevado a que en el análisis de fórmulas de tratamiento se recurriera muchas veces a fuentes literarias.2 Sin embargo, este tipo de material, por ser el resultado de una elaboración artística, plantea serias dudas en cuanto a su representatividad, dado que en él actúan siempre como filtro la recreación del autor y las características del propio género. La otra alternativa para el estudio de formas de segunda persona es, sin duda, recurrir a epistolarios, fuentes cuyo lenguaje, si bien posee características propias diferentes del registro oral, se acerca en muchos aspectos a él y tiene la ventaja de documentar usos reales y no recreaciones literarias. Por todos estos motivos, las fuentes ideales para un estudio de este tema son epistolarios amplios que permitan observar usos reiterados en determinadas díadas familiares y en diferentes relaciones no familiares.

No obstante, este tipo de epistolarios es muy difícil de hallar y la dificultad se hace cada vez mayor a medida que nos remontamos en el tiempo. Así, por ejemplo, en los archivos bonaerenses hemos encontrado numerosos epistolarios familiares correspondientes a los siglos XIX y segunda mitad del siglo XVIII (véanse mis trabajos de 1971, 1985, 1989), pero más atrás de allí nuestros intentos se van haciendo cada vez más infructuosos en cuanto a ubicar material de ese tipo. Sin embargo, en la última década ha sido publicado un material a todas luces excepcional, consistente en 650 cartas escritas en América entre 1540 y 1616 por personas radicadas en distintos lugares, a sus parientes y conocidos, residentes en España.3 Este amplio corpus documental, hallado en el Archivo General de Indias en expedientes de solicitudes de paso a América, en los que se las había incluido como elemento de prueba, fue publicado en 1982 por Enrique Otte. Aunque la edición no tiene carácter paleográfico y la ortografía y puntuación han sido modernizadas, por lo que el material no resulta aprovechable para estudios de carácter fonológico o morfofonológico, para nuestro objeto es perfectamente válido, especialmente en cuanto se refiere a las formas nominales y pronominales, ya que el cuerpo gráfico de los mismos es claramente distinguible, de tal modo que resultan seguros aún en una transcripción no paleográfica.4

El análisis de este material presenta un gran interés, ya que los usos de los siglos XVI y XVII muestran gran diferencia con los más recientes y el hecho de que existan estudios sobre etapas posteriores del español americano —concretamente el bonaerense del siglo XIX y el XX— permite realizar comparaciones y observar los notables cambios que han tenido lugar en los 200 años transcurridos entre el siglo XVII y los dos últimos siglos. Estos cambios se produjeron tanto en las formas nominales, cuyos usos muestran en los siglos XVI y XVII características totalmente diferentes de los modernos, como en el sistema pronominal, que también dista notoriamente del actual. Los cambios tan marcados producidos entre los siglos XVII y XX son, en buena medida, testimonio de los grandes cambios culturales y en la estructura social ocurridos en el mundo hispánico.

En el aspecto pronominal, por la época que cubre el material, los usos reflejados en él resultan fundamentales para entender la evolución del voseo, ya que se trata de la etapa a partir de la cual se irán delimitando luego los distintos sistemas regionales tuteantes o voseantes. En efecto, en las ocho décadas cubiertas por las cartas publicadas por Otte se observa aún un uso generalizado de tres pronombres personales de segunda persona singular: , vos y Vuestra Merced (y las formas derivadas de Vuestra Merced, cuyo estado no se puede precisar en las cartas ya que aparece normalmente la abreviatura V.M.), a las que debe agregarse, aunque con un empleo mucho más esporádico él/ella.5

El valor semántico de estas formas se ordena claramente en un eje según la dimensión de poder, de acuerdo con el enfoque expuesto por Brown y Gilman (1960):6 es la fórmula cuyo destinatario se encuentra en el polo de mínimo poder, VM expresa respeto hacia su destinatario, mientras que vos ocupa un lugar intermedio, ya que puede expresar un poder más atenuado que sobre el destinatario en relaciones asimétricas o solidaridad en relaciones íntimas. Él/ella, por su parte, se ubica entre vos y V.M.., dado que la manifestación de respeto está atenuada con respecto a V.M.., pero no expresa poder sobre su destinatario como vos, en relaciones asimétricas.7

En cuanto a las relaciones cubiertas por el epistolario, son muy variadas y comprenden, además de cartas a personas ajenas a la familia, gran parte de las díadas de parentesco, entre las que predominan las cartas entre hermanos y entre esposos —que superan en cada caso el centenar—, y las escritas por padres a hijos. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que estas fuentes, pese a su riqueza y variedad, poseen las limitaciones propias del estilo epistolar y que no es posible generalizar los usos, en especial los de las fórmulas nominales, a otros estilos. En efecto, si consideramos la situación que se da en el español actual, podemos ver que si bien los usos pronominales se mantienen en distintos estilos —salvo los muy formales, en que un uso habitualmente familiar puede pasar a alejado— los usos nominales pueden variar de un estilo a otro. De todos modos, aún comparando los usos epistolares de los siglos XVI y XVII con los del mismo estilo en la actualidad se perciben notables cambios.

Una primera mirada permite observar una gran riqueza de las formas nominales, al mismo tiempo que un sistema pronominal muy complejo, tal como ya hemos indicado. Esta riqueza en las fórmulas de tratamiento es reflejo, entre otros factores, de una sociedad fuertemente estratificada con normas muy complejas en las relaciones sociales.

Dado que la amplia mayoría de las cartas están dirigidas a familiares —más allá de una minoría entre personas no emparentadas—, para el estudio de los usos los consideraremos según las distintas relaciones de parentesco. Según veremos, dentro de cada relación hay una amplia variación en los usos lingüísticos, en los que deben de haber incidido múltiples factores, como la posición social de cada integrante de la díada, el sexo del emisor y del destinatario, la edad de cada uno de ellos, el carácter de religioso de uno de los miembros de la díada o de ambos, el tiempo de separación entre los dos y hasta la relación más o menos afectuosa de ambos. En el estudio de los tratamientos en las distintas relaciones presentaremos los diferentes usos, señalando en algunos casos las variables que inciden en la elección de uno u otro tratamiento, aunque no profundizaremos en el análisis de estas variables como se ha hecho en otros estudios (el de Rigatuso de 1992, por ej.), tanto por las limitaciones que muchas veces plantea el material en cuanto a determinar con precisión la posición de cada miembro de la díada, como por la limitación de espacio existente en este estudio.8

[I] [II] [III] [IV] [NOTAS] [ BIBLIOGRAFÍA]