23 de Enero de 2018
Portal Educativo de las Américas
  Idioma:
 Imprima esta Página  Envie esta Página por Correo  Califique esta Página  Agregar a mis Contenidos  Página Principal 
¿Nuevo Usuario? - ¿Olvidó su Clave? - Usuario Registrado:     

Búsqueda


<<Biblioteca Digital del Portal<<INTERAMER<<Serie Cultural <<El Español en el Nuevo Mundo: Estudios sobre Historia Lingüística Hispanoamericana<<Familia y Tratamientos Aspectos de la Evolución de las Fórmulas de tratamiento en el Español Bonaerense (1800-1930)

Colección: INTERAMER
Número: 30
Año: 1994
Autor: María Beatriz Fontanella de Weinberg
Título: El Español en el Nuevo Mundo: Estudios sobre Historia Lingüística Hispanoamericana

El sistema familiar en las postrimerías del siglo XIX y comienzos del XX


En la etapa del proceso de modernización argentino, que abarca las dos últimas décadas del siglo XIX y primeras del XX, se observa el avance de un conjunto de fenómenos ya testimoniados a mediados del siglo pasado. Así, podemos afirmar que varios de los cambios lingüísticos iniciados en la etapa anterior han arraigado por entonces en la clase alta porteña. En este caso están, en el aspecto nominal, el empleo de la forma moderna papá, y en el esquema pronominal el trato de tú~vos mutuo entre padres e hijos.

Respecto del tratamiento papá, el avance del proceso de cambio en marcha implica no sólo el desplazamiento de tatita por papá del habla infantil y juvenil en el nivel alto, sino también la progresiva generalización del nuevo tratamiento como vocativo habitual en dicho estrato sociocultural. En efecto, las fuentes que hemos trabajado muestran que el uso está en vías de imponerse totalmente en diferentes grupos de edad como forma vocativa de trato con el padre, ya que la amplia mayoría de los porteños urbanos de extracción sociocultural alta emplea habitualmente papá en estilo directo. De esta forma, papá está pasando a cubrir paulatinamente el espectro de usos de tatita y de padre. En las primeras décadas del siglo XX, la generalización de esta tendencia lingüística innovadora se ve reflejada no sólo en los testimonios literarios y periodísticos que poseemos, sino también en obras gramaticales de la época, tales como las de Ricardo Monner Sans y Vicente Rossi, a través de cuyos comentarios se advierte que en esos años el nuevo tratamiento había adquirido mayor arraigo y difusión:
Es de lamentar que la majestuosa voz padre, que tan bien suena en filiales labios, haya sido reemplazada por la afeminada papá, verdadero expósito en nuestro léxico oficial pues carece de familia. (Monner Sans 1903, 169)

El Sr. Monner protestó en una de sus inocentes monografías, de que apareciese el vocablo “papá” en el venerado catálogo de “la lengua”; en su fanatismo castellanista encuentra “majestuosa” la palabra “padre”... (a nosotros nos resulta melodramática y de “novela de costumbres”) y llama “afeminada” a la voz “papá”... dulce nota musical aún en el más hosco de los hogares, mientras en el más alegre y feliz “padre” suena a cuco y a sacristía. (Rossi 27-28)
Dos factores parecen haber coadyuvado en esta rápida extensión de papá en nuestra variedad de español. En primer lugar, en el aspecto internamente lingüístico, un hecho importante debe haber sido la existencia de un vacío en la estructura léxica de las fórmulas de tratamiento filiales usadas por los miembros de la clase alta bonaerense, creado a partir de la introducción y progresiva generalización en la primera mitad del siglo XIX de la fórmula de tratamiento afrancesada mamá (padre - madre, tatita - mamita, [...] mamá). Por otra parte, y ya en el marco más amplio de la vida sociocultural argentina del siglo XIX, es muy probable que la extensión del tratamiento afrancesado papá se haya visto favorecida por el afrancesamiento que caracterizó la vida de los grupos cultos argentinos durante el siglo pasado, determinando en lo lingüístico el uso frecuente de términos franceses en la interacción lingüística cotidiana y en diversas formas del discurso escrito (véase al respecto el libro de Fontanella de Weinberg, El español bonaerense. Cuatro siglos de evolución lingüística (1580-1980) 159-160). El mismo hecho sociocultural debe haber incidido previamente en el avance de mamá.

De tal modo, nuestras fuentes permiten afirmar que a comienzos de este siglo la clase alta urbana empleaba habitualmente en sus conversaciones el par papá-mamá, vocativos que registraban el mayor uso en la lengua estándar regional.

Asimismo, como consecuencia del notable avance de la fórmula moderna papá, aparece ahora en el sistema del español bonaerense el tratamiento papito, probablemente como forma afectiva característica del habla infantil. Sólo hemos registrado este vocativo en algunos diálogos de la revista Caras y Caretas. Ejemplo:
-Papito, ¿pagás vos lo mismo que aquel señor por cortarte el pelo? (Caras y Caretas 1918, Nº 1044).
El otrora par afectivo tatita-mamita, marcador lingüístico de cariño por excelencia a lo largo de todo el siglo XIX, se reestructurará entonces en décadas posteriores en el par papito-mamita, tal como se lo escucha en español bonaerense actual. Ambas formas han llegado hasta nuestros días como fórmulas de tratamiento típicas del uso infantil, aunque suelen aparecer también en boca de los hablantes jóvenes, especialmente en mujeres, como formas alternativas cariñosas cuando se busca influir sobre el ánimo del destinatario (“Mamita ¿te pasa algo? Te veo un poco pálida”).15

El sistema de tratamientos del español bonaerense finisecular y de principios del siglo XX señala también la progresiva generalización del pronombre familiar tú~vos entre primos en detrimento del formal usted, y el avance paulatino del esquema recíproco nombre-nombre entre marido y mujer.

En este último caso, el del vínculo conyugal, si bien en este período son todavía las generaciones jóvenes las que se caracterizan por el empleo de la norma simétrica —circunstancia reflejada claramente cuando en obras teatrales coexisten matrimonios mayores y de jóvenes—, el hecho de que el trato nominal recíproco se registre también en miembros de la generación mayor a lo largo de toda esta etapa, evidencia su progresiva extensión hacia otros grupos de edad. En cuanto a la distribución social de los usos recíprocos, nuestro material ofrece ejemplos de hablantes urbanos mayores de diferente extracción sociocultural.

El cambio hacia la pauta nominal recíproca como norma más general —característica de la actualidad— tardaría todavía varias décadas en imponerse totalmente en el modo vocativo y narrativo, según se advierte en los usos que hacia 1941 consigna Frida Weber en el artículo “Fórmulas de tratamiento en la lengua de Buenos Aires”: “Ante terceros es corriente que la mujer designe al marido con el apellido” (117). La persistencia de la pauta no recíproca junto al esquema nominal simétrico en el habla porteña de la década de 1940, revela que a mediados de nuestro siglo el proceso se encontraba todavía en desarrollo.

A estas formas en avance en la época de modernización, se agrega la tendencia lingüística innovadora registrada a principios de nuestro siglo en las relaciones entre abuelos y nietos y entre tíos y sobrinos, díadas que presentan junto con el trato generalizado de usted para los abuelos y tíos, casos de tú~vos en el habla adjudicada a niños y jóvenes. En algunos de los ejemplos recogidos, el uso divergente con el esquema general involucra no sólo a la forma pronominal, sino también al tratamiento nominal vocativo y referencial, con el desplazamiento de tío-a por el nombre de pila o la partícula che.

Estos cambios lingüísticos en vías de realización corroboran la tendencia general evidenciada en la visión diacrónica de las fórmulas de tratamiento porteñas por la cual, desde mediados del siglo XIX, todo el sistema estaría desplazándose desde una norma general asimétrica hacia usos simétricos con predominio del criterio solidario. La mayor extensión de la solidaridad en las relaciones de familia de la época está en consonancia con la modernización que por entonces afectaba al núcleo familiar argentino y que, como hemos señalado, implicó una menor preeminencia de la noción de jerarquía a partir de la imagen paterna fuerte y autoritaria —característica de la sociedad argentina tradicional de la colonia y de gran parte del siglo XIX— en favor de vínculos familiares más cercanos e igualitarios.

Por otra parte, los documentos de esta época muestran que los tratamientos conservadores del tipo tata (tatita)-mama, la forma usted para dirigirse a los padres y el uso del posesivo mi en modo vocativo, están en retroceso diastráticamente en el habla bonaerense de la época, como resultado de la extensión progresiva de las fórmulas modernas y más prestigiosas papá-mamá, del tratamiento solidario tú ~ vos entre padres e hijos y de los usos sin posesivo, desde las capas más cultas de la sociedad a las inferiores. En la extensión de estos cambios hacia niveles más populares puede haber incidido el importante proceso de difusión de la lengua estándar que se produce en esta etapa a través de la escolarización masiva.16 No obstante, los hablantes rurales y los porteños urbanos de nivel sociocultural bajo se mantienen aún apegados a ciertos esquemas de trato más tradicionales.

Asimismo, se registra en el español de la época que estamos analizando la introducción en el sistema de nuevas formas nominales, como los tratamientos apocopados pa-ma en la relación hijos/padres, que ingresan como tratamientos característicos de jóvenes de nivel alto, y la generalización de fórmulas de poco uso en el período anterior, tal como las formas viejo-a, viejita para dirigirse a los padres, que aparecen ahora con mayor frecuencia y como designaciones cargadas de valor afectivo. Ejemplos:
[Contexto: Diálogo entre Lucía, joven hija de terratenientes radicados en la ciudad de Buenos Aires, y Josefa, su madre.]

JOSEFA.- (De la vidriera.) ¡Qué cosa más rara! ¿Qué es aquello Lucía?

LUCIA.- ¿Qué ma?

(Roberto J. Payró, Sobre las ruinas (1904), Teatro completo 91).

[Contexto: En el cuento “Pedrín” de Félix Lima, un abogado recibe en su estudio la visita de sus padres.]

-¡Adelante! Ya terminé con mi clientela. Siéntate, viejo... Aquí, mamá... Dispongo de cinco minutos.

(Félix Lima, “Pedrín” en Pedrín (1923) Entraña de Buenos Aires 163).
Resulta importante destacar, finalmente, que algunas de las fórmulas que están retrocediendo en el español bonaerense de esta etapa, comienzan a adquirir paralelamente un uso cada vez más marcado desde el punto de vista comunicativo. En esa circunstancia está, por ejemplo, el vocativo de parentesco primo-a. Si bien esta forma aparece aún en frases enfáticas, efusivas y de tono admonitorio, su empleo es ahora menos frecuente en contextos comunicativos de ese tenor. En cambio, primo-a se registra reiteradamente en circunstancias de encuentro y despedida, lo que parecería indicar que dicho tratamiento estaría circunscribiéndose a forma vocativa de saludo para esta relación:
[Contexto: Encuentro entre los primos Lucía y Arturo.]

LUCIA (avanzando) .-Buenas tardes.

ARTURO (saliendo a su encuentro) .-¡Hola, primita! (le da la mano).

(Gregorio de Laferrère, Locos de verano, (1905), Obras escogidas 36).
Los usos actuales confirman este proceso de retraimiento y el valor cada vez más marcado que el empleo de estos términos ha adquirido a través del tiempo. En nuestros días se escucha primo-prima en el saludo que se dispensan los primos cuando ha transcurrido tiempo prolongado desde el último encuentro, o bien, en aquellos casos en que el trato de los mismos es poco habitual.

Igual proceso de especialización en lo funcional y lo comunicativo se advierte actualmente en el uso de otras fórmulas de tratamiento que están en retroceso en español bonaerense. Así, por ejemplo, el apellido para el trato entre los esposos aparece hoy en algunas mujeres de los niveles socioculturales alto y medio —en los que el apellido no es ya forma habitual— como forma a la vez enfática y pintoresca de dirigirse al esposo, o de llamar su atención, sobre todo cuando se intenta finalizar una conversación.
[Contexto: Reunión de amigos. La esposa, que usa habitualmente con su marido el nombre de pila o sobrenombres cariñosos, reclama con insistencia:]

¿Nos vamos Pérez?
Por último, a medida que el siglo XX avanza los diferentes cambios señalados continúan su proceso de generalización, y la tendencia hacia el uso de tratamientos menos formales comienza a cobrar importancia en el dominio de las relaciones sociales.

[ÍNDICE] [INTRODUCCIÓN] [ETAPA 1800-1880] [EL SISTEMA FAMILIAR EN LAS POSTRIMERÍAS DEL SIGLO XIX Y COMIENZOS DEL XX] [CONCLUSIONES] [NOTAS] [BIBLIOGRAFÍA]