20 de Junio de 2018
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Colección: INTERAMER
Número: 30
Año: 1994
Autor: María Beatriz Fontanella de Weinberg
Título: El Español en el Nuevo Mundo: Estudios sobre Historia Lingüística Hispanoamericana

NOTAS

* Deseo agradecer las importantes sugerencias que la Dra. Fontanella de Weinberg aportó al presente trabajo, así como el material documental que me facilitó para el mismo.

1. Hemos tomado a Puerto Rico para la comparación, por contar con la excelente descripción de Manuel Álvarez Nazario, y porque, al tratarse de una región de caracteres diferentes, tanto por la época de colonización como por las características mismas del territorio, permite observar claramente las diferencias.

2. Lo mismo afirma Boyd-Bowman en relación con el español americano del siglo XVI (1971: XII). En cambio, para el español de América del siglo XVII admite que se puede observar una creciente aceptación de las voces indígenas “como resultado de la constante interacción entre las culturas europea e indígena en el ambiente bilingüe de las grandes ciudades coloniales” (1983: 3).

3. Cfr. Mejías 22-23.

4. Al respecto explica Carlos Assadourian: “El primer resultado económico de la conquista fue la creación, más o menos rápida, de una economía de autosubsistencia mediante el uso de la fuerza laboral indígena y la introducción de plantas y animales europeos. En el Tucumán el caballo entró con las tropas de Diego de Rojas y Núñez del Prado y este último introdujo cabras y cerdos. Santiago del Estero recibió de Coquimbo, en 1556, simientes de trigo, algodón y frutales, sarmientos de vid, ganado y más adelante un nuevo aporte de ganado desde Charcas. Rápidamente aclimatados, sus frutos fueron llevados por las expediciones que partían de la ciudad para fundar otras. Cuyo fue provista desde Chile de trigo, vid, ganados y frutales. En el litoral, Gaboto sembró trigo en Corpus Cristi, y Mendoza lo cultivó en Buenos Aires junto con cebada y avena; estas dos regiones recibieron, posteriormente, gruesos aportes de Asunción completados con vacunos y caballos de Córdoba y Santiago del Estero” (97).

5. El paréntesis que acompaña a las citas indica lugar y fecha del documento y la página de la recopilación consultada.

6. “Este préstamo taíno —dice Mejías refiriéndose a la yuca— no logró imponerse en territorio de influencia guaraní, donde se comenzó a imponer desde comienzos del siglo XVI el préstamo guaraní mandioca, a pesar de haberse conocido el término yuca” (148).

7. La doctrina de la libertad de los indios predominó casi siempre en los medios oficiales de España y de las colonias. De hecho, en las Leyes Nuevas, dadas en Barcelona en el año de 1542, se dispuso que los indios no se harían esclavos en el futuro por ninguna causa. Posteriormente, en la Recopilación de Indias de 1680 se insertó una ley que prohibía de manera general la esclavitud, con la excepción de los indios de guerra que hostilizaran permanentemente a los españoles (Zavala 109 y 115).

8. El esclavo negro fue otro de los recursos que incorporaron los españoles en la conquista de América. El historiador Norman Martin explica las circunstancias de este traslado a América: “Después de 1444, casi medio siglo antes del descubrimiento de América, el flujo de negros a Portugal fue establecido. Después de la muerte del príncipe Enrique en 1460, los portugueses mismos comenzaron a exportar negros a Castilla y a otros reinos del norte de España, donde estos esclavos gradualmente reemplazaron a los sarracenos cautivos en el estrato inferior de la fuerza de trabajo. Al cambiar el siglo, esclavos africanos fueron traídos directamente a Sevilla y a otras ciudades de Andalucía donde sobresalían como trabajadores y artesanos, aunque a veces eran difíciles de gobernar. Algunos de estos esclavos negros serían llevados más tarde a los dominios españoles de ultramar por los conquistadores y los primeros colonizadores” (51).

9. Los indios encomendados pertenecían a la institución que se conocía como encomienda. Según palabras de Solórzano Pereira, la encomienda venía a ser “un derecho concedido por merced real a los beneméritos de las Indias para percibir y cobrar para sí los tributos de los indios que se les encomienden, por su vida y la de un heredero, conforme a la ley de sucesión, con cargo de cuidar a los indios en lo espiritual y temporal, y de habitar y defender las provincias donde fueren encomendados” (cit. en Morales Padrón 474).

Los indios reducidos pertenecían a distintas reducciones. Estas estaban destinadas, según afirma Assadourian “a favorecer la labor evangelizadora del doctrinero que antes era trabada por la dispersión de los indios. El agrupamiento permitiría civilizarlos según las pautas europeas y la conversión se aceleraría por el doble control religioso y civil. Por otra parte, las reducciones pueden considerarse también como un sistema que al intentar reagrupar y retener la mayor parte de la fuerza de trabajo, propiciaba su rápida y eficaz utilización” (88).

La mita, explica Assadourian “consistía en turnos de trabajo que debía realizar la sexta parte de los indios tributarios de un pueblo... En el Río de la Plata la mitad de los indios tributarios estaban sujetos a la mita y los trabajos que realizaban consistían en guardar ganado, cultivar chacras, construir edificios y desempeñar oficios manuales” (230).

Con respecto al tributo indígena, señala Morales Padrón: “Hacia 1518 comienza a cobrar importancia el tributo; la corona manifiesta que los indios, como vasallos libres que son, deben pagar un tributo” (475). La edad legal para el pago de los tributos, para ser indio tributario, era en general entre los dieciocho y los cincuenta años. Estaban exentos del pago de tributo los caciques y en algunos distritos también las mujeres.

10. El término ladino aplicado a los indígenas se refiere además a aquellos que emplean la lengua de los conquistadores españoles. Así se lo emplea en el texto que sigue: “Entodas estas doctrinas denaturales, se ayudanlos Padres que sauenbien Lalengua de Indios ladinos que Sauenla de castilla” (Buenos Aires, 1607: 184).

11. Al respecto afirma Morales Padrón: “La actitud primera del español ante el indígena, hombre o mujer, fue doble. Por un lado se situaron los que veían en el indígena un inferior, un perro infiel...; por otro lado surgió el grupo de los que estimaron que el indio, evangelizado, era un ser igual al blanco. La corona se debatió entre ambas tendencias y acabó por tutelar al indígena, considerándolo infantil” (483).