13 de Diciembre de 2018
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Colección: INTERAMER
Número: 29
Año: 1994
Autor: Josefina Zoraida Vázquez y Pilar G.Aizpuru, Comps.
Título: La Enseñanza de la Historia


Una voz del exterior

Aquí y ahora. Hablar de la educación es referirse a un aquí y a un ahora porque la educación es una forma privilegiada de la acción consciente, racional y práctica que pretende unir en un presente concreto una experiencia histórica, una tradición cultural y un proyecto de vida. Desde este punto de vista la educación es el más sabio ejercicio del conocimiento histórico.

El razonamiento anterior me permite sentirme menos ajeno a los problemas de una disciplina tan compleja como es la pedagogía. Soy historiador y soy consciente de las limitaciones que tienen en la pedagogía —como en cualquier otra ciencia— las opiniones externas. Sin embargo éstas, aun limitadas en sus alcances, llegan a ser indispensables. Así considero las propuestas de un historiador al menos en dos campos diferentes de la pedagogía. El primero es el que se refiere a la teleología de la educación, que tiene correspondencias con el filosófico de la utilidad de la historia. El segundo es el específico de los contenidos de la enseñanza, en el que existe una constante necesidad de diálogo entre los especialistas en educación y quienes profesamos las distintas disciplinas que transmite la enseñanza formal, en el caso particular la historia.

La idea de construir racionalmente el futuro se encuentra hoy en un período crítico. Vivimos el triunfo de una corriente de pensamiento emanada de los intereses de la libre empresa. Los primeros embates de esta corriente van en contra de los planteamientos filosóficos generales de las ciencias sociales, sobre todo de cualquier cuerpo teórico que intente aprehender la sociedad como una unidad de comprensión. La tendencia hoy dominante, más que criticar una teoría particular oponiendo a ella una teoría nueva, intenta desprestigiar toda teoría, todo intento unitario de explicación del hombre social, sobre todo si la explicación tiene pretensiones científicas. Los argumentos, si no consistentes, son insistentes, repetidos hasta la saciedad a través de los medios masivos de comunicación: “Los ismos han quedado atrás. Ya ninguna filosofía es capaz de abarcar la compleja realidad del hombre”. O sea que en vez de una razón fundante se esgrime pertinazmente la afirmación de que se ha iniciado una nueva época.

En segundo término esta corriente se lanza contra la intervención política en materia económica y, más a fondo, contra toda proyección global de una política racional. En segundo término por lo que toca a declaración explícita; pero principal en cuanto al objetivo. Los gobiernos —afirman los defensores de esta poderosa corriente— deben adelgazarse; la intervención en materia económica debe limitarse al mínimo indispensable; la empresa debe desarrollarse con la libertad que le permita florecer a través de una concurrencia sin obstáculos. El desiderátum es enunciado constante y enfáticamente. Sin embargo, no tiene muchas posibilidades de sustento filosófico y científico, pues una explicitación teórica de este pensamiento de la libre empresa pondría en evidencia una muy limitada concepción del hombre. Esto explica, al menos en parte, la oposición del pensamiento de la libre empresa a toda teoría social.

Puede suponerse que con el desarrollo de esta corriente de pensamiento, la teoría de la educación y la educación formal misma se verán muy pronto seriamente cuestionadas. La libre empresa, triunfante ahora y con una intervención política en ascenso, exigirá una educación adecuada a los fines siempre inmediatos que la caracterizan. Su modelo, será el hombre desarraigado de la comunidad con el que la libre empresa pueda establecer una relación individualizada a través de los medios masivos de comunicación: un hombre aislable, receptor de mensajes, buen productor, buen consumidor, destinado al mecanismo de la creación y al flujo de la ganancia. La visión del mundo que se propone para este modelo de hombre, como la de la empresa, deberá privilegiar lo inmediato, un presente superficial. Es éste un modelo que ya conocemos desde hace tiempo. Ha sido implantado por la libre empresa en los medios masivos de comunicación, sus más poderosos vehículos de educación informal. No es difícil suponer que, al tratar de ampliar e intensificar su alcance, la libre empresa estime que la teoría de la educación y la educación formal son obstáculos que deben ser reducidos o bastiones que deben ser ocupados.

Tanto los postulados de esta corriente de pensamiento como las medidas políticas fundadas en ellos y llevadas a la práctica por los regímenes neoliberales, han puesto en guardia a un buen número de científicos de todo el mundo, que prevén los resultados de una orientación en tal sentido a mediano y a largo plazo. En todo el mundo los foros académicos, tanto internos como internacionales, han dedicado en los últimos años una proporción considerable de su espacio al debate científico de los problemas crecientes que derivan de esta corriente: la deshumanización del individuo; el aumento de las desigualdades económicas, educativas y culturales entre las clases sociales y entre las diferentes regiones del globo; la rápida disminución de los recursos naturales de los países pobres; el incremento de la violencia social; el ataque generalizado a la biodiversidad; el daño irreversible a la ecología planetaria; las pocas posibilidades de control de sus agentes destructivos; los peligros de un súbito desequilibrio económico, y el bloqueo a las posibilidades de desarrollo de los grupos étnicos minoritarios, con la consecuente pérdida de su saber y sus técnicas tradicionales. No obstante esta preocupación científica, las posibilidades de intervención racional disminuyen ante el creciente poder de las grandes empresas, cada vez menos controlable aun por ellas mismas, ya que la naturaleza económica de las empresas las hace incapaces de prever y evitar los resultados nocivos de sus actos en el mediano y en el largo plazo.

En el contexto de este período crítico han de estudiarse el aquí y el ahora de la educación, ya en sus términos más generales, ya entre los específicos —uno de ellos es la enseñanza de la historia—, ya en una mayor particularización, como es la enseñanza de la historia antigua de México, de la que me ocupo en este trabajo.