25 de Septiembre de 2018
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Colección: INTERAMER
Número: 29
Año: 1994
Autor: Josefina Zoraida Vázquez y Pilar G.Aizpuru, Comps.
Título: La Enseñanza de la Historia


El investigador y el texto

Tradicionalmente el investigador ecuatoriano no se ha relacionado con la docencia, particularmente con la de los niveles primario y medio. Los investigadores por lo general han sido profesores del nivel superior, de las universidades. Por otra parte, a la “élite” intelectual nativa, como a otras del orbe, le encanta la vida de círculo, de secta; disfruta y goza de la “exclusividad” de grupo, por lo que generalmente investiga y escribe para sus pares, para sus iguales. La utilización de lenguajes mientras más sofisticados, más inentendibles para la masa, afirma su condición de “hombres poco comunes”, de “intelectuales”. Este es un buen grupo de nuestros “pensadores” que, en la mayoría de casos, vinculados o no a un proyecto real de desarrollo o de transformación, se realizan más bien en la actividad puramente academicista y elitista.

Otros escritores, relacionados con proyectos políticos, se han extraviado en los vericuetos y trampas del “teatro del poder”; atrapados en el estéril juego diseñado y administrado por las élites, han perdido de vista su contacto con las bases, para las cuales hace tiempo que dejaron de escribir o tal vez nunca escribieron. Del mismo campo, unos cuantos, han visto derrumbarse sus malentendidos respecto a teorías que debían mágica, religiosa y milagrosamente, resolverlo y explicarlo todo y por las cuales —según su entender— nada había que conocer e investigar, ya que todo estaba escrito en los manuales, en los “recetarios”.

La juventud de la historia estudiada como proceso y la cortedad de la investigación histórica profesional son otros de los factores que ayudan a comprender la carencia de una sistematización del conocimiento histórico dirigido hacia amplios sectores de la población. Recién en los setenta, desde una óptica renovada, se publican versiones interpretativas del pasado ecuatoriano que superan los estrechos marcos del positivismo de la historia tradicional. Son elaboraciones que se destacan ante todo por el uso del instrumental teórico-metodológico del materialismo histórico, por el insuficiente aprovechamiento de las fuentes primarias de la historia nacional y por el bajo conocimiento de los recursos de la historia como disciplina. Explicable tal situación ya que son visiones del pasado, escritas por sociólogos y economistas militantes del cambio social; son ensayos amasados al calor de las urgencias y necesidades de una realidad a cambiar y de la emergencia de los movimientos sociales de los sesenta. Siendo verdaderos hitos en nuestra historiografía nacional, los libros de Agustín Cueva, “El proceso de dominación política en Ecuador” (1970); de Leonardo Mejía, Fernando Velasco, José Moncada, Alejandro Moreano, Agustín Cueva y René Báez, “Ecuador: Pasado y presente” (1976), constituyen todavía trabajos para iniciados, o en el mejor de los casos, para el estudio en el nivel universitario, hecho que efectivamente se dio. El libro de Enrique Ayala, “Lucha política y origen de los partidos políticos en Ecuador” (1978), que pertenece a esta generación de ruptura, merece mención y atención especial por ser el único escrito por historiador. Aunque su utilización, de la misma manera que los otros, no haya cruzado las fronteras de la universidad y de la militancia, es un acontecimiento de trascendencia, sumamente meritorio para sus autores y saludable para las generaciones que pudimos beber de esas renovadas fuentes.

Tardía es la profesionalización de la investigación histórica en Ecuador. En los ochenta la Universidad Católica (PUCE) y la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), a través de programas de licenciatura en ciencias históricas la una y de historia andina la otra,2 han ayudado a la formación de profesionales en la investigación de esta rama. Los esfuerzos de esta generación, en forma retaceada y fragmentaría, comienzan a cubrir los grandes vacíos de la historia nacional. Algo de estos trabajos junto con los de los investigadores nacionales y extranjeros han podido llegar a un público mayor al especializado, gracias a una muy importante compilación realizada por el historiador Enrique Ayala, en la denominada “Nueva historia del Ecuador”. Sin embargo, este conjunto de monografías —alrededor de 80 y por lo general de buena calidad— que cubren todas las etapas de nuestra historia, si bien son fuente de consulta de padres de familia y de profesores, no están diseñadas para cumplir la función del manual o del texto. “La Nueva Historia” es el más importante esfuerzo editorial de las jóvenes generaciones de historiadores, es el paso previo para la redacción del nuevo texto de historia.

Todos los elementos señalados ayudan a explicar los por qués, hasta hoy, los textos no han sido trabajados por investigadores de la historia. Han sido los docentes, aquéllos que se encuentran al pie del cañón, los pedagogos interesados en la materia, los que por necesidad han elaborado sus instrumentos de trabajo. Estos profesores han escrito sus libros por iniciativa individual o bajo la tutela del Ministerio de Educación o del grupo editor saleciano (LNS) de larga experiencia en el país en estos campos. Es de esperarse que esto se supere y que el nuevo texto de historia nazca de la interrelación profesional entre los pedagogos y la nueva generación de historiadores.