19 de Septiembre de 2018
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Colección: INTERAMER
Número: 29
Año: 1994
Autor: Josefina Zoraida Vázquez y Pilar G.Aizpuru, Comps.
Título: La Enseñanza de la Historia


Incierto futuro de la investigación histórica y del texto

Es un hecho que las demandas de la realidad han sido tan pobres que, tanto el sistema educativo como la investigación no se han visto obligadas a la renovación, al avance. La verdad es que el país nunca ha tenido proyecto. Las élites gobernantes apenas desde los cincuenta piensan en la planificación y en la programación del desarrollo. Pero ¿de aquellos años hasta ahora, qué ha sucedido en este ámbito? El balance es sumamente frustrante. Cada gobierno a escrito su respectivo plan de desarrollo que, en la práctica, nunca se ha ejecutado. Meras declaraciones de principios, “saludos a la bandera”, programaciones ambiciosas, utilización política de determinados modelos económicos y creaciones burocráticas que han perseguido más bien los “pagos” a las clientelas son, entre otros, los resultados de los planes. En la realidad, se ha seguido el ritmo de la coyuntura y de la improvisación, se ha vivido —como siempre— bajo el dictamen de las necesidades de la élite de turno en el poder y, en las últimas décadas, se ha puesto en práctica los modelos y las medidas de ajuste venidas de fuera, impuestas por los acreedores.

De ahora en adelante el panorama sustancialmente no tiende a variar, el modelo neoliberal que carga sobre la parte monetaria el manejo de la economía, no piensa en un proyecto estructural a mediano, peor a largo plazo. Teóricamente se indica la necesidad de generar eficiencia desde el sector privado. Se desestimula al Estado y se desata las manos a la sociedad. Mas, no se escucha que se dará impulso a una transformación radical del sistema educativo; no se oye de un cambio que potencie —para poner en los términos de los actuales gobernantes— la eficiencia y la creatividad de un pueblo desactivado por la ignorancia, por la carencia de información, por el paternalismo, por el proteccionismo y por la falta de competencia. Sin un cambio en la mentalidad de la gente, procurado principalmente a través de la educación, será inviable cualquier iniciativa económica.

En una economía capitalista atrasada y dependiente como la nuestra, con un mercado deformado, el nuevo modelo ha incentivado la especulación, el comercio y ha desestimulado la producción. En situación de marginalidad va quedando también la producción intelectual. Para el pensamiento de moda, algunas actividades de este tipo son consideradas gastos innecesarios, actividades exóticas, objetos de lujo. Una de ellas es la investigación histórica. Hoy por hoy, a nadie le interesa la historia, nadie financia ningún proyecto de este tipo porque no rinde frutos monetarios inmediatos, signo del éxito en estos tiempos.

El país que vio florecer en los ochenta una interesante generación de nuevos historiadores, corre el riesgo de que se paralice la reconstrucción de su memoria, ya que por necesidades de sobrevivencia, estos investigadores, paulatinamente tienen que dedicarse a otra actividad que les permita sustentar sus hogares.

¿No serán los factores señalados síntomas de alarma, señales de los tiempos difíciles que atentan contra la redacción de uno y de varios nuevos y actualizados textos de historia? ¿El destino de la enseñanza de la historia es seguir en la mediocridad? Esperemos que el esfuerzo de quienes somos concientes de todo esto, luchando contra corriente, no permitamos que se retrase la reconstrucción y la difusión de la memoria de este pueblo.