26 de Abril de 2018
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Colección: INTERAMER
Número: 29
Año: 1994
Autor: Josefina Zoraida Vázquez y Pilar G.Aizpuru, Comps.
Título: La Enseñanza de la Historia

Los textos latinoamericanos

Podría proponerse una recomendación en el sentido de que se establezcan unas normas mínimas de calidad en la presentación. El empleo de recursos didácticos debería ser requisito en los textos infantiles, así como la adecuada supervisión del género de ilustraciones presentadas. La profusión de fotografías no garantiza un mejor aprendizaje ni el derroche de colores asegura la eficacia del proceso pedagógico. Se requiere de sensibilidad e imaginación para elegir los dibujos expresivos, las reproducciones de cuadros o documentos que transmitan con eficacia el mensaje y las fotografías de monumentos, paisajes o piezas de museo que estimulen la imaginación.

En cuanto a los temas, también valdría la comparación, ya que nada pierde el interés del relato con las explicaciones pertinentes; y de poco sirve una supuesta simplificación consistente en limitarse a los aspectos descriptivos y aun éstos reducirlos a lo más escueto. No podemos perder de vista que el ahorro o descuido en la elaboración de textos pone en peligro la formación de muchos estudiantes, ya que un buen libro es una ayuda excelente para cualquier maestro, otro mediocre exige un esfuerzo especial de los profesores y los que son francamente malos significan un lastre que pocos maestros están en condiciones de sacar a flote.

Sería recomendable que se establecieran formulaciones teóricas, que enriquecerían el sentido de la información y podrían establecer el necesario contacto entre los problemas del pasado y la situación actual de nuestros países. Pero es igualmente importante no limitar a ellas la exposición, puesto que es el lector quien debe sacar sus propias conclusiones, una vez que se le hayan dado los elementos teóricos y las referencias de los hechos.

Parece imperativo ponerse al corriente de las tendencias pedagógicas modernas, con un sincero esfuerzo de adaptación del temario a las necesidades de la vida en comunidad y con una apertura más generosa hacia los pueblos hispanoamericanos.

Sin pretender una inútil e injustificada uniformidad, sería recomendable que los libros portugueses y brasileños concediesen mayor importancia al proceso de descubrimiento y conquista hispana, mientras que éstos dedicasen mayor espacio a los viajes portugueses. El signo diferente de ambas empresas fue un elemento decisivo en la evolución posterior de ambos imperios.

Para facilitar la comprensión de los subsiguientes pasos en la colonización de los territorios americanos sería pertinente un adecuado comentario sobre los móviles y la organización de las empresas de descubrimiento y conquista. Tanto los impulsos personales como los designios de los monarcas influyeron en la forma de explotación de los nuevos territorios.

La escueta exposición de datos debería presentarse junto a textos documentales o literarios enriquecedores de la visión necesariamente plana de un resumen general. La adecuación del lenguaje y la ampliación o reducción del contenido debería hacerse según el nivel escolar al que se destinase. El sistema de recuadros y citas textuales permitiría combinar la perspectiva general y la más detallada explicación de ciertos temas. La interpretación de la realidad colonial no podrá lograrse coherentemente mientras no se adopte un modelo explicativo racional. En él habría que considerar la aportación americana al nacimiento del capitalismo, las continuas crisis económicas padecidas por el Estado español, la evolución de la administración colonial y de los sistemas de trabajo, el antagonismo entre peninsulares y criollos, la incorporación de los pueblos de indios al nuevo régimen y el surgimiento de la modernidad.

La vieja aspiración de la historia total quedará así convertida en su modesta versión de explicación suficiente, y los héroes tradicionales caminarán junto a unas masas con rostro, sentimientos, penurias y pasiones.