21 de Junio de 2018
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Colección: INTERAMER
Número: 29
Año: 1994
Autor: Josefina Zoraida Vázquez y Pilar G.Aizpuru, Comps.
Título: La Enseñanza de la Historia


La vida independiente

La etapa “vida independiente” se considera desde la proclamación de la independencia en 1821 hasta nuestros días, aunque ésta varía en los libros de textos. Algunos atribuyen el nombre de movimientos precursores de la Independencia a las deposiciones de las autoridades locales ayuntamiento,intendencia o gobernador, efectuados en las ciudades de San Salvador, León, Rivas y Granada durante los años 1811-1812 (Historia para cuarto grado, 55-56). Pero éstos acontecimientos se enmarcan, en los nuevos libros de texto, como movimientos locales porque los pueblos “juraron fidelidad al rey español Fernando Séptimo”.2 El juramento realizado por los ayuntamientos destruye cualquier indicio de un movimiento de independencia. Por otro lado el cautiverio del monarca y la invalidación de los pactos de Bayona en donde el Rey cedió la corona a Napoleón anuló el pacto de gobierno entre éste y los súbditos.

En este contexto político el ejercicio de la soberanía, ante la ausencia del Rey, regresó a los pueblos. El cambio de miembros de cabildos u otras autoridades, considerado por la historiografía centroamericana como “movimientos independentistas”, fue necesario porque quien los había nombrado no representaba después de 1808 la autoridad suprema. Por lo tanto los pueblos representados en sus ayuntamientos en ejercicio de la soberanía, eran los únicos con derecho a nombrar o reconocer nuevas autoridades, es decir establecer un nuevo pacto entre los cabildos y las nuevas autoridades locales. En síntesis los movimientos de 1811-1813 en Centroamérica no pueden ser calificados de preindependentistas sino de hechos en donde se revela el ejercicio de la soberanía de los pueblos.

La proclamación de la Independencia y la anexión a México se encuentran íntimamente relacionadas, pero en los textos de 1970 aparecían totalmente desligados. Las lecturas no reconocen la influencia del plan de Iguala, proclamado por Agustín de Iturbide en México en los primeros meses de 1821, en la proclamación de la Independencia de la Capitanía General de Guatemala. El 15 de septiembre de 1821 “se reunieron en Guatemala, en el palacio del Capitán General Gabino Gainza, todas las autoridades civiles, eclesiásticas y militares del reino, para discutir la conveniencia de la Independencia de Centroamérica, por haberles llegado la noticia de que las provincias centroamericanas de Chiapas y Soconusco se habían declarado independientes” (Historia para cuarto grado 58). El mismo texto expresa que la unión a México fue un acto circunstancial, después de la declaración de Independencia “se efectuó la anexión de Centroamérica al Imperio Mexicano” (Historia para cuarto grado 64).

Los libros recientes explican que la Independencia fue un hecho dentro de “los acontecimientos que se desarrollaban tanto en Europa como en América” (Romero tercer año 1, 111-112). Pero se debe aclarar que la Independencia y la unión a México fue consecuencia de dos acontecimientos: la crisis monárquica de 1808 y la promulgación de la Constitución de Cádiz en 1812; un segundo aspecto fue la influencia directa del Plan de Iguala. La crisis de 1808 disolvió la monarquía Borbónica y se rompió el pacto de gobierno de antiguo régimen. Aunque el monarca regresó en 1814, ese vínculo no se logró restablecer; posteriormente el levantamiento del General Riego en España en 1820 acabó destruyendo el gobierno de la monarquía absoluta para reconstituir la monarquía constitucional. En esa coyuntura surgió el Plan de Iguala que declaró la Independencia de la Nueva España en 1821 y a éste se debió la declaración de Independencia del antiguo reino de Guatemala. La anexión al Imperio mexicano declarada más tarde por los pueblos, por medio de sus ayuntamientos, no puede ser señalada como una “anexión”, sino como el establecimiento de un nuevo pacto de gobierno entre las provincias de Centroamérica y el libertador Agustín de Iturbide.

En los nuevos textos de 1990, la historia del siglo XIX se enmarca como un proceso que va desde 1821 a 1894, es decir, desde la declaración de la Independencia hasta el triunfo de la revolución liberal. En cambio, en los textos de la década de 1980, el período colonial continúa ligado a la primera mitad del siglo XIX, exactamente hasta el inicio de la llamada Guerra Nacional. Este segundo caso nos parece una demarcación sin ningún sentido histórico.

Para la primera demarcación, 1821-1894, resulta importante iniciarla a partir de 1808, momento de la crisis del Imperio Español. Es muy importante insistir en este período 1808-1894 para la historia de Nicaragua y en general para el área centroamericana porque es el tránsito de las antiguas provincias hacia la conformación de los Estados Nacionales. Se debe romper con la demarcación tradicional de empezar la historia del siglo XIX con la declaración de Independencia en 1821, ésta no fue más que un hecho dentro del gran movimiento de tránsito que va desde el antiguo gobierno del Imperio Español hacia la formación de las Repúblicas.

En relación con las primera décadas independientes, los historiadores liberales del siglo pasado bautizaron a los años comprendidos de 1821 a 1838 como el período de la anarquía;3 período que merece nuevos estudios para abandonar la llamada “anarquía” y explicar en realidad la ingobernabilidad que no sólo padeció Centroamérica sino el resto de las antiguas posesiones españolas en América. Este fenómeno no se logra percibir por el estudio fraccionado de la historia centroamericana, solamente se estudia el país de origen, por ello se pierde el análisis del proceso global. En el caso nicaragüense se estudia la historia de dos ciudades que “entre 1821 y 1825 en León y Granada estallaron luchas y guerras por control del poder. En 1821, se había creado una nueva situación; el poder central que gobernó durante tres siglos había desaparecido. La pregunta era: ¿Quién va a gobernar ahora?” (Romero, cuarto grado 21). El nuevo enfoque señala que las luchas en ese período se originaron por la búsqueda de la gobernabilidad.

La ruptura de la federación se ha visto siempre como el resultado de los problemas con los presidentes federales y los estados, o como la debilidad del gobierno central (Romero, tercer año 1, 56), pero ¿por qué no al revés? Es importante analizar las limitaciones que cada estado impuso al gobierno federal, por qué resistieron la autoridad central, por que negaron los ingresos fiscales a la federación, porqué se originó la guerra. Cabe preguntarse a la luz de las recientes investigaciones, ¿fue una Federación o una Confederación? Hay muchas respuestas que buscar todavía.

Luego de la disolución de la federación, continuó la pugna entre los grupos dominantes de las ciudades de León y Granada. Esta disputa llevó a la guerra civil y luego de la entrada de un grupo de norteamericanos, la guerra se convirtió en una guerra nacional contra los invasores. Todos los textos coinciden en este enfoque, aunque hay que hacer la salvedad de que desde 1821 no se formaron dos partidos políticos en Nicaragua, los llamados liberales o conservadores.4 Con la Independencia se formaron dos grupos, uno que propugnaba por una república y otro que era proclive a una monarquía constitucional, encarnada en la monarquía que pretendía instaurar Iturbide en México.

En el transcurso de la primera mitad del siglo XIX se establecieron varias constituciones, siendo la primera la federal en 1824. El estado nicaragüense conformó en este período tres constituciones la de 1825, la de 1838 y la de 1854. Tras el análisis de las mismas y las luchas de los grupo dominantes se observa que ambas agrupaciones políticas, liberales y conservadores, se fueron organizando, pero todavía sería muy atrevido llamarlas partidos políticos desde el punto de vista moderno. Las divergencias funcionaron en base a intereses de grupos locales. La historia retoma en este período solamente la lucha de estos grupos, deja a un lado el estudio de los movimientos sociales y la nueva perspectiva económica. En los nuevos textos se hace un intento de ofrecer una visión de la economía y de la población durante las primeras décadas de vida independiente.

La época de “los treinta años conservadores”, comprendida desde el fin de la Guerra Nacional, 1857, hasta el inicio de la revolución liberal en 1894, es otro período de coincidencias en los libros de textos. Es considerado como una período de relativa paz; este es el único período de más o menos una estabilidad política y social en 170 años de vida independiente. Aunque en algún libro se resalte solamente la personalidad de los presidentes (Historia cuarto grado 91-98), lo más relevante fue el desarrollo de la agricultura de exportación. En el período colonial y primera mitad del siglo XIX el producto agrícola más importante era el añil, pero la elaboración de colorantes sintéticos eliminó su demanda de parte de los países industrializados; el nuevo cultivo que se desarrolló fue el café. A su vez se inició la construcción de vías de comunicación terrestre, principalmente el ferrocarril. También se resalta, en el texto de 1986, las sublevaciones indígenas como consecuencias del acaparamiento de tierras para la expansión cafetalera (Historia para cuarto grado 25-26).

Actualmente para estudiar la costa atlántica se propone otra periodización para el siglo XIX: desde 1786 a 1894. El año de 1786 resulta importante por la firma del tratado entre Inglaterra y España. La primera reconocía la dominación española en la costa de Mosquitos, pero en realidad los ingleses no desalojaron el territorio atlántico, más bien organizaron un Protectorado en 1844 anulado en 1860 por un tratado entre Nicaragua e Inglaterra y no es sino hasta 1894 que el nuevo gobierno liberal reincorporó dicho territorio. Con una población heterogénea de miskitos, sumos, ramas, negros y mestizos dedicados a la caza y la pesca principalmente, los ingleses incrementaron, a mediados del siglo XIX, su expansión comercial. Aumentó el corte de madera, la extracción de hule y no fue sino hasta 1880 que comenzó la explotación de los minerales, oro y plata, aunque el cultivo más importante fue el banano. Este aspecto de la vida de las comunidades del Atlántico y de la penetración inglesa es recogida en la enseñanza de la historia oficial hasta ahora en los libros de textos de 1991 (Romero, cuarto grado 47-58; tercer año 2, 69-82).

Existe una coincidencia en señalar la historia del siglo XX a partir de la reforma liberal iniciada en 1894 hasta nuestros días. La revolución liberal es considerada como una de las épocas de los grandes cambios en el país. Se reconoce el desarrollo de la agricultura de exportación a través del cultivo del café, la industria artesanal y el comercio, el auge del ferrocarril, la transformación jurídico política del Estado y el impulso a la educación pública.5 Actualmente los textos explican ampliamente el desarrollo económico y político impulsado por el régimen liberal. Las modernas leyes emitidas estaban encaminadas a fijar “los principios de las libertades y garantías individuales, tendientes a emancipar al hombre de los lazos tradicionales comunitarios, civiles o religiosos, familiares o étnicos” (Romero tercer año 2, 90).

La caída del líder de la revolución liberal en 1909, provocada por la intervención del gobierno de Estado Unidos, tiene varias interpretaciones. Para algunos la intervención era necesaria ya que los “movimientos revolucionarios que se sucedieron después de la caída de Zelaya, hicieron que los americanos, para defender sus intereses, se establecieran en Nicaragua con sus cuerpos de ejércitos...”, la intervención además trajo consigo la paz y el desarrollo económico (Historia para cuarto grado 103-104). La justificación histórica ante un acto que contradice todo tipo de derecho internacional no tiene límites. Es necesario reconocer que hasta 1979 la historia oficial mantuvo esta explicación sobre la intervención norteamericana en Nicaragua.

Todo estudio de la historia más reciente, en cualquier parte del mundo, resulta polémico. Observamos que en el libro utilizado en la década de 1970 la interpretación de la historia del país se encuentra apegada a la historia de la sucesión presidencial sin ninguna importancia de otros aspectos de la vida social, cultural y económica.

En cambio el régimen sandinista tomó como centro de la historia de ese período la lucha contra la intervención norteamericana, 1909-1927; la lucha del General Sandino, 1927-1934 y la lucha popular contra la dictadura somocista, 1934-1979 (Historia para cuarto grado 39-103). El énfasis se realizó en el estudio de una historia eminentemente social y política, también se deja de un lado los aspectos económicos, étnicos y culturales. El texto utilizado actualmente hace notar los estragos de la intervención y la lucha popular, a la vez que hace resaltar otros aspectos de la economía, la población y la cultura.

Se indica en los últimos libros que desde 1950 a 1979 en Nicaragua se dio un gran crecimiento económico que después de 1979 con la guerra que precede a la Revolución se interrumpió. Además de la guerra, el bloqueo implantado por el gobierno norteamericano repercutió en el estancamiento de la economía, aunque el autor señala algunos errores cometidos en materia económica. En cambio el desarrollo cultural iniciado en la década de los cincuenta se intensificó con la Revolución en la década de 1980. Finalmente es señalado el importante cambio que en el orden social y cultural aconteció en Nicaragua en la segunda mitad del siglo XX (Romero, tercer año 2, 125-166; cuarto grado 77-108).