19 de Julio de 2018
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<<Biblioteca Digital del Portal<<INTERAMER<<Serie Educativa<<La Enseñanza de la Historia <<Los libros de historia y Ciencias Sociales en Latinoamerica, España y Portugal

Colección:
INTERAMER
Número: 29
Año: 1994
Autor: Josefina Zoraida Vázquez y Pilar G.Aizpuru, Comps.
Título: La Enseñanza de la Historia

Diagnóstico por país

Argentina

Parece predominar todavía una perspectiva eurocentrista. América ocupa un lugar secundario en el programa. Un ejemplo es el Compendio de historia universal, que ni siquiera al historiar los siglos XVI y XVII menciona la colonización europea de las nuevas tierras. Sólo el Manual Peuser de la Nueva Escuela, 6o. grado se ocupa extensamente de América en general e incluso menciona las culturas indígenas que ocuparon el territorio que hoy es la Argentina.La referencia a las culturas indígenas en la mayoría de los libros es un mero recuento de las habilidades técnicas con lugares comunes intercambiables y algunos errores y problemas conceptuales de cierta importancia. Se habla, por ejemplo, de las civilizaciones tolteca y olmeca y de las culturas mochica, nazca y de Tiahuanaco, sin explicar la diferencia. Toda mención a los indígenas de la región cesa a la llegada de los españoles.

Se hace un amplio relato de la era del descubrimiento, y la conquista está bien relatada, ensalzándose la conquista espiritual como obra educadora y de fomento de la cultura; pero sin mencionar la apropiación y la explotación de tierras, el enorme costo humano y los procesos económicos y sociales que resultaron del evento. La obra de España se relata con franca simpatía: La colonización fue una gran empresa nacional —mezcla de heroísmo y de crueldad— que si bien le proporcionó grandes beneficios a España, los dejó más importantes y duraderos en la misma América... se impuso la obligación de civilizar a los indígenas, mediante el trabajo, la enseñanza y sobre todo la conversión al cristianismo. (Drago, citado por Braslavsky 97).

La colonización fue una gran empresa nacional —mezcla de heroísmo y de crueldad— ... significó una de las más legítimas glorias de España. (Braslavsky 63-64) En conjunto resultan buenos textos tradicionales, con tendencias enciclopedistas y poco análisis interpretativo. Muestran cierto avance sobre los viejos textos que sólo mencionaban las culturas asiáticas de la Antigüedad, aunque las referencias a Asia, África y América todavía son marginales.

Bahamas y Barbados

Los textos dedican un espacio limitado a las culturas americanas, pero se ocupan de arawakos y lucayos de manera coherente; y los programas de Barbados mencionan también las grandes culturas americanas, además de arawakos y caribes. Sorprende que los textos de Bahamas casi no se refieran a las culturas africanas —de las que sí se ocupan los programas de Barbados—, aunque hacen un buen análisis de la esclavitud y del movimiento inglés de emancipación. Un tema ejemplarmente abordado es el de “la revolución del azúcar” que, en forma sencilla, explica las circunstancias económicas mundiales que influyeron para la instauración del sistema de plantaciones y la generalización de la esclavitud negra en las islas.

En los textos de las Bahamas, el descubrimiento de América se desarrolla en una biografía de Colón, con cierto tono de anticatólico y antihispánico, que achaca a la Iglesia Católica “la elaboración de mapas de un mundo plano que mostraban a Jerusalem en el mismo centro!” (Cash et al. 15). Los descubrimientos y conquistas españolas ocupan un lugar secundario; se subraya la crueldad de los españoles en el exterminio de los indígenas y se da relevancia a los corsarios y piratas ingleses que aparecen como simpáticos personajes nacionales. Una buena parte del espacio se dedica a la colonización inglesa y a la historia de los Estados Unidos.

Bolivia

La primera mención realmente histórica en la enseñanza básica se encuentra en el quinto grado que aborda a los quechuas, la conquista y el coloniaje (sic). Se extienden en los viajes de Colón, el descubrimiento y la conquista; pero, en cambio, apenas se habla de la colonia. Los programas subrayan el folklore. En el ciclo intermedio se estudia la historia local con una mención a los aztecas y, en el segundo, se pasa a la historia americana. La historia universal se reserva para el nivel superior, a partir de los descubrimientos y la expansión europea. Las culturas prehispánicas ocupan buen espacio, aunque sólo se mencionan quechuas y aztecas. La parte colonial es menor y aunque habla de explotación no se condena de manera explícita. Sólo uno subraya lo negativo de la conquista española, por no haber dejado otra cosa que la lengua.

Los libros de bachillerato resultan poco afortunados y parecen destinados a la simple memorización, ya que carecen de explicaciones. El texto de Finot y Gamucio, el más logrado, intenta incorporar los acontecimientos que tenían lugar en la metrópoli y que se reflejaban en su colonia y, por tanto, indispensables para “escribir la historia de cualquiera de las naciones hispanoamericanas”. Sin ocultar los excesos de los conquistadores, que por lo demás el autor los considera “común a toda la raza humana”, critica la obra de los evangelizadores por el error fundamental de descuidar la castellanización de los indios, acometiendo la tarea de aprender “los idiomas autóctonos para predicar y doctrinar, lo que representaba un trabajo ímprobo, a la vez que creaba el problema del bilingüismo, que tanto daño ha hecho a la propagación de la cultura” (Finot y Gamucio 78-79). A pesar de todo, el juicio favorece la obra española en América, cuyas “manifestaciones intelectuales y artísticas son la demostración palpable de la noble estirpe y del elevado espiritualismo que imprimen un sello especial a la cultura hispanoamericana”. La acción civilizadora se recibió a cambio de la riqueza extraída de sus minas (Finot y Gamucio 111).

Brasil

El contexto de la comprensión histórica es fundamentalmente portugués. Hay un desinterés por las culturas aborígenes, a excepción del de Nadal y Neves que hace una breve introducción a los indígenas que viven en Brasil; y en el texto de la quinta serie pasa revista muy somera a otras culturas y a la época colonial. En el libro de Vilela Santos, la historia nacional —brasileña y americana—, se plantea a partir de la colonia. El primer capítulo se dedica a “Portugal y el descubrimiento del Brasil” o “los europeos buscan nuevas riquezas”. Nadal y Neves amplía el lente y hace una breve referencia a los indígenas antes de caracterizar el Antiguo Régimen, el mercantilismo y la colonización. Incluye una breve mención al Imperio Español, que la mayor parte de los libros pasan por alto. Almiro y la Nadal y Neves (História da América) aluden a las civilizaciones americanas; y el último incluye un buen mapa con los diversos grupos que se desarrollaron en América. La mención a los indígenas se incluye por lo general al comentar los elementos étnicos de la sociedad brasileña o las misiones jesuitas. Las referencias al descubrimiento colombino son breves, al igual que las dedicadas a las empresas españolas:

A Espanha foi o segundo país a enviar navios para explorar o Oceano Atlântico, mas isso só aconteceu quase 80 anos depois do início das navegações portuguesas. (Vilela Santos 31) En alguno de los textos, la presencia europea en América se interpreta como verdadera ruptura en la historia del Continente, os europeus modificaram enteiramente a vida dos habitantes da América: destruíam suas cidades, escravizaram grande número de pessoas, começaram a retirar as riquezas que havia aqui. América perdeu sua independência e passou a ser colônia da Europa. (Vilela Santos 25)

El relato de la colonia da una buena visión de la economía y la administración coloniales. Se hace una moderada crítica al despojo indígena y un elogio comedido de la labor de los jesuitas. La única colonización que se ensalza es la de los Estados Unidos, que contrasta con el estancamiento Latinoamericano. La esclavitud y explotación de los africanos se mencionan con motivo de la explotación del azúcar; y sólo un mapa da idea de su procedencia, sin apenas caracterizar su cultura original (Nadal y Neves 48). La casi ausencia del contexto general de los acontecimientos del continente no portugués limita la comparación con otras experiencias coloniales fuera de la norteamericana. No obstante, los contenidos temáticos son adecuados y el afán interpretativo es encomiable.

Colombia

De acuerdo con el principio general de la enseñanza de las ciencias sociales, se va de lo inmediato, conocido y familiar, a lo remoto y general. Así se inicia en el 3er. año con la caracterización de las regiones naturales y se llega hasta el 6to. y 7to. con la historia universal y un panorama global de historia de la cultura, que busca “valorar la actuación individual y colectiva”. Predomina la búsqueda de explicaciones y definición de conceptos.

La época prehispánica ocupa un lugar importante. En Nuestra historia 4. Historia lejana se logra una calidad excepcional al caracterizar los tipos básicos de cultura americana y su distribución en el Continente. El intento, novedoso e imaginativo, hace un recorrido desde los orígenes hasta las últimas civilizaciones americanas y después un recorrido equivalente para Colombia. La exposición está ordenada por el tránsito de las formas sociales más simples a las más complejas; sin estudiar las culturas en particular, se mencionan varios casos cada vez que vienen a cuento. De esa manera, se ofrecen elementos para comprender las causas del proceso general, antes de hacer un acercamiento más detallado a aztecas e incas, ofreciendo una buena explicación de los rasgos de cada sociedad y sus consecuencias culturales.

La misma estrategia se sigue en el caso de la historia colombiana. En forma clara y ordenada se expone el patrón tecnológico, se examinan las características de la organización social para plantear finalmente el tipo de formación política como el “cacicazgo”, concepto cada vez más importante en la antropología social, que junto a la reflexión sobre formas transicionales, como las que alude este texto, están ausentes en otros libros, y que son importantes para trasmitir una idea cabal de la América prehispánica. Al final, se revisan tres culturas históricas o documentadas: caribes, taironas y muiscas, con lo que se redondea una imagen completa, clara, adecuada. La explicación es sencilla, a pesar de incluir problemas complicados y difíciles de entender.

Al abordar la época de los grandes descubrimientos, se sitúa en su contexto de historia española y de encrucijada comercial por la invasión de los turcos. Lo mismo se hace con la conquista, originada en la falta de trabajo, los mayorazgos, el deseo de propagar la fe y la búsqueda de fama y riquezas. Tal vez se subrayan los encuentros pacíficos, pero se mencionan los hostiles. La catástrofe demográfica se atribuye a la lucha, la explotación y las enfermedades importadas por los conquistadores. La conquista espiritual ocupa el lugar acostumbrado y la tendencia general es hispanista y contemporizadora. Se le otorga un lugar importante a la esclavitud y al mestizaje.

La historia de América destinada a la segunda enseñanza sigue el mismo tono, con buena información y un planteamiento metodológico adecuado, pero que al abordar la historia prehispánica incurre en los errores comunes de mencionar elementos sueltos de las altas culturas y olvidar las culturas locales. El relato del descubrimiento es amplio y se considera que cambió el curso de la historia y produjo trascendentales consecuencias, por ello, aunque Colón no fue el primer europeo que llegó a América, sí fue el primero que la dio a conocer al resto del mundo y por tanto podemos continuar considerándolo el descubridor de nuestro continente. (Montenegro 49)

Se menciona el origen del nombre de América en el “error” de Martin Waldseemüller (Montenegro 51). El relato de la conquista aborda los principales eventos en todo el Continente y la colonización de otras potencias. Sin soslayar la crueldad y las matanzas de indios, la adjetivación es sobria. Se revisa el desarrollo de las instituciones coloniales, economía, sociedad, cultura y religión. Se hace referencia a la polémica sobre la naturaleza del indio y el derecho de conquista. El texto de Historia de América cubre clara y adecuadamente la conquista y colonización de América, con una serie de cuadros comparativos entre el gobierno inglés y el español y estupendos mapas.

Costa Rica

Los textos subrayan la geografía como base para comprender la historia y la cultura, con insistencia en el lugar privilegiado de Centroamérica como puente entre la América del Norte y del Sur. La revisión de las culturas americanas ofrece una sencilla clasificación general. Como la mayoría de los textos centroamericanos, los costarricenses son hispanistas. Hay pequeñas diferencias de interpretación; y mientras uno considera el período colonial como misérrimo y estancado debido a la absurda dependencia de Guatemala (Fallas 105), los otros, aunque critican que se haya diezmado la población indígena, consideran a la conquista la base de una sociedad igualitaria y justa.

Cuba

Los textos tienen un objetivo ideológico que los libra del defecto datístico tan común, pero los hace poco ágiles y repetitivos. Son textos interpretativos, pero repetitivos en su empeño por subrayar la explotación, la injusticia y la lucha de clases. La parte prehispánica de la Historia del mundo en la Edad Media resulta modelo entre los textos de toda América.

Como introducción, presenta un mapa continental en donde se marcan las áreas en las que se alojaron los diferentes tipos de sociedades: cazadores-recolectores, agricultores y agricultores avanzados. Aunque el mapa y la evaluación de los desarrollos muestran algunas impresiciones, la idea es importante. También lo es el dar ejemplos de los grupos de cazadores-recolectores y agricultores de la isla. En cuanto a las de agricultores avanzados, se tratan conjuntamente con ejemplos mesoamericanos y andinos, logrando una imagen bastante correcta y completa, en que se esboza, a la manera de los libros mexicanos de primaria elaborados en la década de 1970, la relación entre diferentes fenómenos, para tener una visión estructurada y comprender el vínculo entre el tipo de relaciones sociales y el de cultura. En cambio, la Historia de Cuba se pierde en la caracterización de la comunidad primitiva y los hallazgos arqueológicos.

El relato de los descubrimientos es escueto pero adecuado. Subraya la importancia de los viajes de Colón, Vasco de Gama y Magallanes-Elcano. La Historia de Cuba de nuevo se extiende en detalles sobre el descubrimiento de la isla, mientras la Historia del Mundo en la Edad Media incluye los portugueses en África y Asia y los españoles en América. La Historia de Cuba detalla el tráfico de esclavos y sus horrores. Las menciones a descubrimiento y conquista se hacen en función del proceso de explotación.

El régimen de encomiendas implantado por los colonizadores españoles y la brutal explotación esclavista que llevaba implícito, fueron factores decisivos en la desaparición progresiva de los indios cubanos. (Aguilera Vargas et al. 241) Los incalculables tesoros aztecas cayeron en manos de los brutales conquistadores de México. Comenzaron a hacerse realidad los sueños de enriquecimiento de los conquistadores del nuevo mundo: acumular riquezas, no importaba cómo. (Aguilera Vargas et al. 247)

Los españoles los obligaron, utilizando las formas más crueles y brutales, a aceptar el cristianismo, les impusieron las costumbres europeas y les hicieron trabajar hasta caer agotados. (Aguilera Vargas et al. 249-250) Se menciona la defensa de los indios hecha por fray Bartolomé de las Casas, con la conclusión de no haber podido “lograr ninguna medida en favor de su causa. Eran muchos los interesados en continuar enriqueciéndose” (Aguilera Vargas et al. 238), como la Corona y la propia Iglesia:

Los sacerdotes llegaron a la América.. y participaron .. en la empresa conquistadora, presenciando y justificando las más crueles y bárbaras matanzas de indios...En la conquista y la colonización de América, la Iglesia Católica fue un instrumento para justificar la crueldad de los colonizadores y para dominar a los indígenas; apoyó y participó directamente en la explotación del trabajo aborigen y obtuvo enormes riquezas. (Aguilera Vargas et al. 254-255) La expansión colonial en América, África y Asia produce la “más cruel explotación colonial”, el surgimiento de un mercado mundial y la acumulación de grandes capitales por la burguesía. Al tratar la colonización inglesa en Norteamérica, también se subraya el exterminio de los indios (Aguilera Vargas et al. 290-295).

El intento de hacer historia verdaderamente universal en la Historia del Mundo en la Edad Media es importante y logra, en forma integrada, un análisis de los diversos procesos, por lo que son de lamentar los excesos ideológicos que lo hacen un libro tedioso.

Chile

Sobresale la ausencia de interés por las culturas prehispánicas, que apenas si se mencionan. En el libro de Santillana al referirse a los onas reflexiona: mentalmente (y mirados con un enfoque europeo-occidental) también estos pueblos se hallaban atrasadísimos... Sin embargo, un antropólogo alemán... pudo demostrar lo contrario. (Duchens 27) Se les da algún espacio a las tres culturas clásicas, destacándose los elementos que las hicieron vulnerables durante su enfrentamiento con los españoles. Los sacrificios humanos (“el cáncer” que los aniquilaría) pone a prueba su empeño de comprensión y los condena como verdaderamente inmorales.

Con criterio tradicional metódico, se tratan todos los temas de antecedentes, causas, desarrollo de las campañas de descubrimiento y conquista y establecimiento de las instituciones coloniales. Después de los “grandes descubridores”, se ocupan de los referentes a su propio territorio, tema que se repite en todos los niveles de la educación general básica y de la instrucción media. Abundan los términos elogiosos para los descubridores, los reyes de España y su tarea de gobierno y las Leyes de Indias, resaltando siempre la obra española: Se ha dicho que los conquistadores eran crueles y el cargo resulta innegable, aunque no respecto a todos. Por otra parte, sus adversarios indígenas también cometían grandes crueldades, aunque por supuesto, un abuso no justificaría el otro. Y sin disculparle, entendamos que esta dureza para hacer sufrir físicamente a los demás fue común a toda Europa y no solamente española. (Duchens 47)

Es claro el objetivo de caracterizar la cultura chilena como mestiza y que debe respeto a “la sangre indígena que corre por las venas de todos los chilenos, de cualquier clase social”, si los criticamos, en cierta manera nos criticamos a nosotros mismos... Si somos buenos hijos...nos enorgulleceremos de sus cualidades, y —sin callarlos— tendremos compasión de sus defectos (Duchens 47). En el relato de la conquista, recuerda que los indios defendieron con denuedo su libertad. El libro de Villalobos le da al evento carácter sensacionalista. Los conquistadores son seres ignorantes y ambiciosos, que gracias a su superioridad técnica llevan a cabo su empresa con facilidad.

Para referirse a España, se utiliza la denominación poco frecuente de “madre patria” y los programas asientan como objetivo el de valorar la colonia como la etapa en que se consolidaron las bases “de nuestra realidad histórica”, a pesar de lo cual el desarrollo de la sociedad se pasa por alto.

Ecuador

Los textos muestran puntos de vista contrarios: son hispanistas o furiosas diatribas contra los abusos de los conquistadores, aunque en uno u otro caso, el punto de vista es eurocentrista, pues aun en los segundos se deslizan adjetivos despectivos, como “salvajes”, semidesnudos, “pintarrajeados”. En los textos con que contamos no encontramos un planteamiento serio del régimen colonial.

El Salvador

El contenido del único texto con que contamos es esquemático y con un predominio de temas políticos. Los textos centroamericanos parecen estar diseñados para servir a diversos países, lo que les da cierta vaguedad. En el programa están ausentes los temas económicos, sociales y culturales como marco de las explicaciones políticas; y hay un intento de simplificación y eclecticismo que describe “aspectos positivos” y “aspectos negativos” de la colonización.

España

Los programas le dan cierta importancia a las cuestiones americanas dentro del contexto de la historia nacional, en especial al tema de la conquista; pero hacen poca diferenciación de los espacios regionales y acusan un franco olvido de la evolución posterior a la independencia. En los textos se dedica poco espacio a los temas americanos; y a pesar de una presentación excelente, su elaboración es descuidada. Así, los libros de 7to. que se ocupan de América, describen la geografía física y económica actual, pero la historia americana sólo aparece en el discurso de la historia española. En todos los textos es dentro de la historia europea que se da noticia del descubrimiento y conquista de América.

Los errores detectados muestran un descuido imperdonable. Se habla de Teotihuacan como ciudad azteca (Seco et al. 212); se afirma que los teotihuacanos eran originarios del norte de América y que impusieron “su dominación a pueblos más cultos, como los mayas, a los que anularon” (Coronas 191). También afirman que en el siglo XVI sólo quedaban de la civilización maya unas cuantas tribus de gente que cazaba y practicaba la agricultura. En una de las pocas menciones contemporáneas se afirma que “Méjico ha comenzado a industrializarse... con industrias texiles, laneras y algodoneras” (Coronas 124).

Sobresale un problema geográfico. A veces se parte de la división de América en Norte y Sudamérica que, en ocasiones, incluye a Centroamérica. Cuando se habla de Norteamérica se omite a México; pero ni siquiera en esto hay consistencia, pues México a veces forma parte de Centroamérica y otras veces no. Esta confusión conceptual parece tener connotaciones culturales. Estados Unidos y Canadá, países desarrollados y modernos, no pueden convivir con México, país en desarrollo. Si se pretende subrayar esta situación, hubiera sido mejor solución utilizar dos mapas, uno para precisar el sentido físico y otro con criterio histórico-cultural. Las confusiones no paran ahí, algunas veces (Castejón 26) Centroamérica comienza en el istmo de Tehuantepec, como en libros centroamericanos impresos por editoriales españolas. Y casi resulta ocioso mencionar que México se escribe casi siempre Méjico, lo que implica una falta de respeto, común por lo demás también en libros colombianos y argentinos.

Los consabidos aztecas, mayas e incas representan las culturas prehispánicas, aunque aquí y allá se presentan chibchas, “pieles rojas” y “auracanos” (sic) (Ruibal 124). Desconcierta la laxitud y poca precisión en el uso de términos, que en tiempos recientes se han sometido a un rigor conceptual. En una misma página se habla de que el pueblo azteca había formado un poderoso “imperio guerrero” y tenía “sometidos por la fuerza” a los “pueblos” vecinos (Ruibal 124). También se habla de que el pueblo maya creó una civilización. El empleo de “imperio” resulta discutible para el caso mesoamericano, ya que el término alude a una realidad con determinadas características inexistentes en Mesoamérica. El uso inadecuado del concepto de imperio afecta la explicación del proceso de conquista, pues deja fuera la existencia de múltiples señoríos y estados en frecuente conflicto y la naturaleza del vínculo que la triple alianza mesoamericana mantenía, lo que hace incomprensibles los acontecimientos.

Por lo demás no se hace sino una descripción de lo que las culturas hacían, o aún peor, de sus “deficiencias”: A la llegada de los españoles, los pueblos indígenas no conocían el hierro, la rueda, el arado, ni las armas de fuego. No tenían todos el mismo grado de cultura. En gran parte del territorio vivían pueblos nómadas cazadores, pero había también civilizaciones desarrolladas de pueblos agricultores como la maya, la azteca y la incaica... Los españoles conquistaron rápidamente las tierras americanas porque se enfrentaban a pueblos muy atrasados técnicamente y con una organización social rudimentaria. (Seco et al. 212-214)

Tales deficiencias se repiten en los libros de bachillerato e incluso la Historia de España y de los países ibéricos sólo dedica a las culturas precolombinas dos fotografías. Abundan también los errores: Cholula, Teotihuacan y Xochicalco aparecen como “ciudades aztecas”; “la mayoría de las tribus indígenas vivían en un estado de gran primitivismo” y “la mayor parte de las civilizaciones se mantuvieron aisladas y no hubo relaciones e intercambios entre ellas, ya que desconocían el carro y la rueda”, lo que sirve de base para hacer la consabida afirmación de que “Cortés logró dominar, con una reducida tropa, el gran imperio azteca” (Osés et al.) lo que transmite una subvaloración de las culturas americanas. La religión de los aztecas se define como “primitiva y cruel”, casi siempre ilustrada con el dibujo sobre un sacrificio humano del libro de Diego de Durán. En algunos casos se declara abiertamente de una superioridad: “como la cultura española era superior y cristiana, los indios debían aprender el castellano, instruirse..” (Gallego et al.), o bien se achaca la mortalidad indígena durante la conquista al “contacto con una cultura superior que les privaba hasta del deseo de vivir” (Rastrilla).

En la época de los descubrimientos, minuciosamente relatada, se incluyen también los portugueses; pero el de América siempre es el “acontecimiento más trascendental”. Se repite la idea de que “hasta ese momento se pensaba que la tierra era plana” y que después de Colón “todos se dieron cuenta de que se trataba de un continente desconocido” (Equipo Aula 3 140). La conquista se narra brevemente y con atención a los principales personajes. Como no se menciona la colaboración de indígenas, prevalece la idea de una conquista fácil, es decir, “una de las empresas más fabulosas de la historia humana”.

En los libros de Santillana se insiste en que a la Iglesia le tocó “trasmitir la cultura” a los indios, lo que implica su barbarie natural. En la mayoría, está ausente la aportación indígena a la nueva cultura, que a veces se considera “una prolongación de la española” (Anaya). El mestizaje se elude o bien se menciona como producto de “el matrimonio de españoles con nativas” (Castejón 145). Sólo la Geografía e Historia de España y de los países hispánicos menciona que la fusión de “tradiciones precolombinas produjo el exuberante ‘barroco colonial’... la pintura y la escultura, afectadas por las influencias indígenas, tienen una ingenuidad conmovedora” (Álvarez 154). Se soslaya toda violencia en la conquista y se minimiza la crisis demográfica: “a la llegada de los españoles, la población americana era de unos doce millones... cifra que descendió mucho en los primeros años de la conquista debido a la guerra y a las enfermedades” (Castejón 7): la dureza del trabajo continuado —al que el indio no estaba habituado— y la indefensión biológica frente a las enfermedades europeas, ocasionaron una auténtica catástrofe demográfica. (Álvarez 152)

En cambio está presente en forma constante una justificación de la conquista que responde a las acusaciones tradicionales de la Leyenda Negra. Como en todo proceso conquistador, se produjeron graves situaciones de destrucción y de explotación, aunque en España hubo más autocrítica e intentos de rectificación que en ninguna otra potencia colonizadora. (Álvarez 147) La conquista tuvo la crueldad que suele acompañar a los encuentros de distinto nivel de desarrollo cultural. (Álvarez 148) La colonización española ha sido única en el mundo por su humanitarismo, por la libertad y protección que se prodigó a los indígenas, por el sentido católico y evangelizador que inspiró la conquista y, sobre todo, por el trato y carácter fraternal que imperó siempre en las relaciones entre españoles e indios. (Germendia et al.) Las referencias a Las Casas son constantes; alguno incluye textos de Francisco de Vitoria (Seco 219) e insiste en que “jurídicamente, los nuevos territorios no eran colonias, sino reinos como los restantes de la monarquía” (Seco 152). Unas líneas sobre el Consejo de Indias, los virreyes y la Casa de Contratación parecen suficiente explicación de la organización de la colonia y de la vida durante trescientos años. Los programas españoles incluyen temas de África y Asia, pero los textos lo hacen con reticencia y muchos los evaden.

Guatemala

La tendencia de la enseñanza es enciclopedista y privilegia la cultura maya, con los errores tradicionales. En la época del descubrimiento se da relevancia al 4to. viaje de Colón a Centroamérica y al descubrimiento del Pacífico. También se insiste en los aspectos económicos, religiosos y políticos que convierten a España en la primera potencia del mundo y las migraciones que hicieron surgir “una nueva raza”. Uno de los textos afirma que “Colón tuvo la sospecha de no haber llegado a las Indias” (Arriaza 44).

El relato de la conquista lo dominan las crueldades de Pedro de Alvarado y el menosprecio a la cultura indígena, pero se atenúan o eluden la violencia y de la crisis demográfica (Salguero 85).

Honduras

Los programas están elaborados con criterio moderno, mientras los textos son tradicionales. Se subrayan las culturas indígenas prehispánicas y se trasmite una visión bastante aséptica de la conquista, que menciona la resistencia que le hicieron los caciques.

En ellos aparece también el problema de la definición de Centroamérica: cuando nosotros hablamos de Centro América, nos referimos nada más que a las repúblicas de Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica. Estas cinco repúblicas están unidas no sólo por la geografía, sino también por su historia, idioma, religión y costumbres. (Navarro 12)

Las Indias Occidentales (Jamaica, San Cristóbal, Santa Lucia)

La historia como asignatura se empieza a estudiar en la educación media. El programa está bien diseñado, pero margina problemas de desarrollo continental. Se da importancia a la llegada de los europeos por la integración de la economía mundial, la exterminación de los indios y la introducción de esclavos africanos, “dos episodios de la historia del Nuevo Mundo que son condenados ahora por la mayor parte de la humanidad” (Beckles introducción). Apenas si se mencionan el descubrimiento y la conquista ibérica. Con motivo de la llegada de esclavos negros se hace una referencia somera al África.

Merece mención aparte The Making of the West Indies como modelo de excelente síntesis económico-política que explica el desarrollo de la región.

México

Después de terminado el dignóstico, aparecieron los nuevos textos de enseñanza primaria de 1992, que responden a un nuevo programa que restaura la enseñanza de asignaturas. El 4to. grado se dedicará a la historia de México, el 5to. a la de América y el 6to. a la universal. En el programa vigente desde 1971, el 3ro. y 4to. grados se concentraban en la geografía, historia y problemas de México y los de 5to. y 6to. a las principales manifestaciones culturales de la humanidad. La historia de América se incluía dentro de la historia universal, rompiéndose la secuencia cronológica para introducir el estudio de dos de las altas culturas del Continente —incas y mexicas—, junto a las grandes culturas de la antigüedad. Para subsanar el desfase, se subrayaba el uso de una línea del tiempo. Cada cultura ejemplificaba alguno de los elementos del desarrollo de la civilización para evitar repeticiones.

En el tratamiento de las culturas indígenas se hizo un esfuerzo por superar el afán enciclopédico. Con información actualizada se explicaban procesos básicos e instituciones. Así, el tipo de religión se explicaba en virtud de la estrategia de expansión política. No obstante, se descuidaron las culturas periféricas, que en México ocupan una buena parte del territorio.

El descubrimiento y la colonización se enfocaron de manera explicativa, pero la mención de la colonia era demasiado breve, en contraste con un tratamiento razonable para la etapa nacional. Se hizo un esfuerzo de ponderación al historiar la conquista, con la mención de la violencia y la transformación de la cultura. Para dar una idea de diversas perspectivas se incluyeron el testimonio de Cortés y uno de los poemas indígenas a la caída de Tenochtitlan (Vázquez et al.).

Los libros de quinto y sexto fueron en verdad renovadores y precursores en el empeño por incluir al Asia y África, continentes tan olvidados en las historias universales. El libro de 6to. abarcaba la historia hasta el presente. Tal vez su aspecto más encomiable haya sido el intento por hacer una historia social, económica y cultural y no simplemente política. Los nuevos libros de Historia de México que se utilizaron en 1992-93 en 4to., 5to. y 6to. destacan por su buena presentación, pero son criticables en dos aspectos importantes: el regreso a una historia básicamente política y su carácter informativo, más que explicativo. Pueden significar un retroceso en el proyecto de separar la historia americana del acontecer mundial.

Los libros de secundaria son, en general, de menor calidad; y algunos, como los de Ysunza, Rojas, Vidales y Rodríguez Palacios, verdaderamente malos. Los programas y libros denotan el empeño enciclopédico y los defectos bastante comunes al analizar las culturas prehispánicas: periodización incorrecta, descuido en el uso de conceptos y repeticiones superficiales. La interpretación de la conquista ha perdido el tono de leyenda negra, aunque todavía quedan restos, modernizados de tintes anticolonialistas:

¿Qué dejaron esos regímenes coloniales a cambio de todo lo que se llevaron? Podemos afirmar que nos heredaron, la miseria, las enfermedades, las creencias infundadas en nuestra propia inferioridad y la corrupción, el atraso técnico y científico y una desorganización casi absoluta de nuestras naciones. (Rodríguez Palacios et al. 72-73).

Algunos textos se esfuerzan por ser ecuánimes e incluyen un testimonio indígena de la tragedia (Vázquez et al. 196-197), otros evaden toda mención a la violencia (Gojman Ruvalcaba 141) y la mayoría considera terminada la conquista con la caída de Tenochtitlan; pero todos la interpretan como el principio del mestizaje racial y cultural que define a México.

Nicaragua

Los programas declaran como objetivo el inculcar valores para “formar el hombre nuevo”, con un mensaje muy simple: “ubícate en tu clase social proletaria e imprime a tus exposiciones ese sello clasista que debe de tener todo historiador consciente”. El objetivo hace que los textos abandonen los viejos métodos de exposición descriptiva, pero caen en el dogmatismo y utilizan los modos de producción como única explicación. Lo que es imperdonable es que estén plagados de errores y faltas de ortografía.

Los textos rescatan el orgullo por el origen indígena y después de una somera mención de los diversos grupos que habitaban Nicaragua se centran en mayas, aztecas e incas, cuya “grandeza.. [fue] producto de la explotación masiva de las comunidades dominadas por estos imperios” (Ministerio de Educación Pública, Lineamientos 11). Se subraya la organización social y con algunas afirmaciones sorprendentes:

Se deben destruir los mitos que la historiografía burguesa ha inventado, como el de los sacrificios humanos calificados como producto de la barbarie y la incultura de estos pueblos que alcanzaron notable desarrollo en astronomía, arquitectura, técnica agrícola. (Ministerio de Educación Pública, Historia Media 42) El relato de la era de los descubrimientos es convencional y en el de la conquista se privilegia la resistencia indígena y los aspectos negativos, resumiéndola como “la explotación más brutal de sus pobladores y el saqueo de sus riquezas” (Ministerio de Educación Pública, Así se ha forjado 87), “en la que la Iglesia fue cómplice, cristianizando a los indígenas con el pretexto de civilizarlos” (Ministerio de Educación Pública, Así se ha forjado 70).

Panamá

Con programa de estudios sociales, el conocimiento histórico se induce a partir de temas de actualidad. En cuarto grado se inicia la historia nacional, con la mención de cinco grupos aborígenes y un amplio apartado de historia colonial. El quinto se ocupa del descubrimiento y la colonización de América y el sexto es universal. Los textos denotan opiniones encontradas ante las culturas prehispánicas. Así, uno afirma que, “mientras en América se desarrollaron las culturas indígenas, en otros continentes, como en Europa, existían civilizaciones muy adelantadas” (Correa 50); mientras otro subraya “la gran capacidad creadora del pueblo americano” (Aquina y Sandoval 10). Sin embargo, parece predominar un desprecio por los indios actuales (Velarde 28).

Descubrimiento, conquista y colonia aparecen con detalles enciclopédicos en todos los niveles y explicaciones superficiales sobre la facilidad de la conquista, sin referencia a la violencia. Aquí y allá se deslizan afirmaciones racistas: La sociedad panameña es excelente, pues los restos perfectamente republicanizados de las antiguas familias españolas son numerosos y distinguidos...forman un grupo tan notable por la instrucción y talento de los hombres, por la belleza física, cultura y suavidad de maneras de las señoras, como en muy pocas ciudades de Colombia pudiera encontrarse...[más tarde] principiaron enlaces entre los americanos del norte, los ingleses, los franceses y las familias panameñas, llamadas a producir una descendencia físicamente superior. (Velarde 173)

Paraguay

La enseñanza invierte el orden tradicional de la historia que se inicia con Paraguay en el mundo, pasa a Paraguay en América y termina con el Paraguay. Las referencias a los indígenas americanos es escueta, aunque se extienden en los guaraníes, sus antepasados, aunque los autores dan por extinguidos a los indios, debido al mestizaje, tema que se destaca en el relato de la conquista en que incluso se elogia como obra importante de Irala disponer la unión de españoles con doncellas indígenas (Benítez 27-28). Los textos son enciclopédicos y el relato es un tanto convencional con elogios, sin reservas, para la labor de los jesuitas.

Perú

Según Portocarrero y Oliart, “en los textos escolares la historia del Perú está adquiriendo un sello cada vez más nacional, popular y andino” (Portocarrero y Oliart 9), lo que seguramente explica la exhortación: “Exprésate peruano, exprésate de nuevo, sé heroicidad, destino, levántate, ya es hora” (Cortez y Pautrat prólogo).

La distribución es cronológica e intenta situar la historia del Perú “en el proceso americano y mundial”; pero en los mismos programas se aprecia que las referencias a ámbitos ajenos al local son escuetas y pobres. En primer año se estudia el período prehispánico, incaico y preincaico; en segundo, descubrimiento, conquista y colonia; en tercero, independencia y proceso formativo de la nación moderna; y en cuarto y quinto, historia contemporánea.

La mayoría de los textos mantiene un tono indigenista, con lo que la historia prehispánica adquiere el lugar más importante y parece ser considerada como la auténtica historia peruana: “la de mayor grandeza nacional y el único período en el cual nuestra patria gozó simultáneamente de autonomía y de una estructura verdaderamente imperial” (Tamayo Herrera 39). Por lo demás los textos son simplemente descriptivos. La exposición que se refiere a los descubrimientos es tradicional, aunque alguno subraye “el descubrimiento intelectual de América”, a través del cual, “los europeos se percataron de que no se trataba de la India, sino de un nuevo y desconocido continente” (Tamayo Herrera 76).

La conquista se pinta como inevitable y se incluye una descripción bastante completa de las instituciones y de la vida social y económica de la colonia, aunque sin el más mínimo afán interpretativo. El empeño contemporizador hace que en algunos párrafos parezca disculparse hasta la muerte misma de Atahualpa. Los indios desaparecen también con la conquista.

Portugal

Sólo dispusimos de un libro de texto de historia nacional para nivel superior. La perspectiva es eurocéntrica, por lo que todo lo que tiene lugar fuera del ámbito europeo carece de importancia, incluso las referencias al Brasil son minúsculas y, por supuesto, se ignoran las condiciones prevalecientes antes de la colonización portuguesa; apenas un fragmento muestra que los indios iban desnudos y comían mandioca. No se habla de la esclavitud, ni se mencionan las culturas autóctonas. Es curioso que sólo se dé importancia a los viajes portugueses hacia Asia y África, casi pasando por alto el de Cabral al Brasil. Un apartado se ocupa de la “administración del espacio brasileño” y otro de la economía y las instituciones del Brasil colonial. En lugar de hablar de conquista, se utiliza el concepto de “ampliación del espacio”.

Puerto Rico

Sin duda Puerto Rico presenta un dilema especial por su pertenencia política a Estados Unidos y su herencia cultural hispánica que se percibe con la aparición de la bandera en el primer grado: La bandera de mi escuela... la de mi país, Puerto Rico y la de Estados Unidos, el país al cual estamos asociados. Debemos respetar ambas banderas, pues son símbolos nacionales de dos países, el nuestro Puerto Rico y el de un país amigo, los Estados Unidos. (Alegría 22-23)

En Mi país en relación a otros países, Ricardo Alegría hace un relato casi mítico de la historia nacional, con una alabanza a las tres razas que la han constituido. Se afirma que los aborígenes no dejaron otra huella que “el bohío, el maíz, el tabaco y la hamaca”, pues desaparecieron “rápidamente”, al igual que el oro (Alegría, Mi país 3 y 38), sin explicar cómo. De la misma forma, sin mayores detalles, se afirma que la esclavitud parece haber sido más leve que en las islas francesas e inglesas (Alegría, Mi país 55). Las referencias tienen el tono de descripción antropológica con tintes paternalistas y sin referencia a otras culturas americanas.

Morales Carrión sí aventura una pequeña introducción a la vida de los habitantes de la isla a la llegada de los españoles; pero dada su exterminación, no les da importancia; y el libro se inicia con la biografía de Colón. Los textos no mencionan formas de trabajo ni derrumbe demográfico y las referencias a los africanos son breves; aunque con elogios a su aportación a la cultura puertorriqueña (Alegría, Lecturas 25). En su Antología, Alegría eligió fragmentos contradictorios sin explicarlos y alterna los que relatan las crueldades de los españoles junto a apologías a la obra de España y los conquistadores, fundadores de la nueva cultura (Alegría, Antología 83). Prácticamente no se mencionan otros países fuera de España y los Estados Unidos, a quien uno de los libros considera una nación heroica, “defensora de los pueblos americanos” y libertadora de Puerto Rico (Alegría, Antología 74 y 85).

Los textos publicados por Blanca Silvestrini resultan del todo renovadores, con un contenido moderno y comprensivo que abarca de la revisión de los recursos naturales y humanos a los contactos y las instituciones. El análisis histórico es multidisciplinario, lo que permite caracterizar el lugar de Puerto Rico en las Américas y dar un panorama de la historia continental.

República Dominicana

Sólo dispusimos de un texto que se inicia con el tema de los descubrimientos, en donde Colón adquiere importancia universal, aunque se le da crédito a Américo Vespucio por percibir que las tierras “descubiertas” no eran la India. A las culturas americanas les concede un espacio mínimo y no se tocan los temas del trabajo forzoso, la esclavitud, la caída demográfica, los viajes de otros pueblos colonizadores y la conquista espiritual. La interpretación puede calificarse de hispanista. Se enfatiza el papel que desempeñó Santo Domingo en la conquista y colonización del resto de América.

Uruguay

A la manera de los libros de Costa Rica, los textos destacan las condiciones geográficas del Uruguay que “tiene todas las condiciones para convertirse en un país cosmopolita, abierto a las comunicaciones y a las influencias externas” y cuya homogeneidad “es favorable para la unidad, más que para la fragmentación” (Mazara 1-2). La enseñanza histórica se inicia en el cuarto grado con temas como “nuestros indígenas”, descubrimiento, conquista, colonización y mercantilismo. En el quinto curso se aborda el tema de las altas culturas prehispánicas (mayas, aztecas e incas), para continuar con la colonia, que sólo se refiere al Uruguay.

En la educación media se incorporan temas de América y el resto del mundo en forma más o menos equilibrada, aunque un tanto eurocéntrica, incluso inician el relato con el descubrimiento de Solís en 1516, advirtiendo que la historia de América comienza con el descubrimiento de Colón en 1492 (Mazara 4). El libro de Traversoni ofrece un panorama del Continente bastante completo, aunque de las culturas prehispánicas sólo se refiere a aztecas, mayas e incas, mientras el de Shurman da información escueta de los indígenas de la región, charrúas, chanas y guaraníes.

El descubrimiento se relata con entusiasmo. Colón resulta héroe visionario “ejemplo de lo que se puede lograr con la perseverancia y la firmeza”. Algunos libros se extienden sobre las disputas entre Portugal y España en las fronteras. La conquista, centrada en la del Río de la Plata, menciona algunos episodios de la toma de Tenochtitlan y Cuzco. Shurman enjuicia la matanza de Cholula y la considera como “uno de los aspectos sombríos de la conquista española” y el asesinato de Atahualpa, “uno de los crímenes más odiosos que figuran en la historia de América” (Shurman 74 y 77-78). También hay menciones al maltrato de los indios y al “infame comercio” de esclavos negros, cuya situación fue más benigna cuando fueron domésticos (Traversoni 64). Se caracteriza la singularidad de la colonización uruguaya por no tener metales preciosos.

Venezuela

La historia de Venezuela se imparte en todas las etapas de la educación general básica, pero hasta el cuarto año se menciona sistemáticamente. La etapa prehispánica incluye a toda América, con algunas referencias a historia universal, es decir, historia europea. Hay particular insistencia en el folklore local como un importante elemento constitutivo de la cultura nacional. Las culturas autóctonas merecen espacio breve, pero con un planteamiento adecuado. Aunque en Estudios sociales se propone abordar la historia de Venezuela y América, de esta última aparece únicamente la época prehispánica. La descripción es tan esquemática que dudamos que los niños comprendan la vida de esos grupos:

Los caribes vivían agrupados en tribus bajo el mando de un jefe o cacique. Unos eran guerreros nómadas que vivían de la caza, de la pesca, de los frutos silvestres, maíz y yuca. Otros eran navegantes muy osados...Las armas de los caribes eran el arco y la flecha, la macana, el hacha, la honda y cuchillos de hueso. (Morales Monzalvo, Estudios sociales 118) En la misma forma esquemática se analizan las “altas culturas de los chibchas, incas, mayas y aztecas”; pero el programa venezolano tiene la virtud de dedicar un apartado a “actuales grupos indígenas de Venezuela”. Los libros de historia se extienden más sobre el tema, pero todos saltan de las teorías del poblamiento de América a la distribución de la población indígena venezolana. En estos textos también se nota el descuido en el uso de conceptos y a menudo se hacen juicios de valor:

La cultura de los aztecas, su historia, su sociedad, susartes, no pueden describirse más que en estrecha correlación con sus creencias religiosas tiránicas, doctrinas donde no aparece el menor elemento de esperanza ni siquiera de virtud en el sentido cristiano. (Moya 17) El programa insiste en “la importancia de los viajes de Cristóbal Colón y de otros viajes de descubrimiento del territorio venezolano” (Ministerio de Educación, Programa de estudio. Cuarto grado 391). La narración de la conquista es aséptica. En un par de páginas, sin mencionar lucha alguna, se habla del avance de los españoles en diversas direcciones, antes de pasar a explicar la “estructura económico-social de la Venezuela colonial”. Se menciona la importación de esclavos y el mestizaje “o cruce entre el europeo, el indio y el negro” (Morales Monzalvo, Estudios sociales 130-131).