October 17, 2017
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Collection: INTERAMER
Number: 22
Year: 1993
Author: Adriana Rodríguez Pérsico
Title: Un Huracán Llamado Progreso: Utopía y Autobiografía en Sarmiento y Alberdi

PRESENTACIÓN

En su ya clásico Nations and Nationalism (Oxford: Basil Blackwell, 1988), Ernest Gellner sostiene que si se considera al nacionalismo como una ideología de unificación, éste antecede siempre a la constitución de las naciones; de otro modo, el nacionalismo se apropia de las culturas y sobre ellas funda las naciones. La pregunta por las relaciones entre nación, nacionalismo y cultura supone una anterior que abre un interrogante sobre la cuestión temporal: ¿cuál es el elemento que funda a los demás?

El siglo XIX encuentra a Europa en el fervor de los nacionalismos; en esta época de apogeo se acuña la idea del estado-nación cuyo máximo teórico ha sido, sin lugar a dudas, Hegel. Empujadas por las coyunturas políticas y la atmósfera ideológica que insufla en ellas los principios de la Revolución Francesa, las colonias americanas emprenden con vértigo alucinante la guerra de las armas y la lucha por las ideas contra las metrópolis. En el caso particular de la Argentina, hubo una élite intelectual —la llamada “Generación del 37”— que imaginó el perfil de la nación futura al mismo tiempo que discurría sobre cuestiones estéticas y discutía políticas de la lengua. El tema siempre renovado era la liberación. La construcción de los estados nacionales coincide con el nacimiento de las literaturas nacionales y con un debate encendido sobre la cuestión de las lenguas vernáculas. El sentido de pertenencia a una comunidad se reafirma en ciertos elementos objetivos —la lengua, el suelo, la historia— que concretan, hacen tangible ese sentido: los límites definen territorios, sean geográficos o simbólicos.

En el presente estudio Adriana Rodríguez Pérsico otorga a la literatura una función crucial en la fundación del estado-nación mostrando los modos en los que el discurso despliega una utopía de la unificación. Su hipótesis central es la siguiente: mediante el uso de ciertos géneros discursivos la literatura construye dos tipos de modelos —uno atañe a la vida colectiva, el otro describe la identidad personal— al tiempo que busca la legitimación apoyándose en la idea de patria. Si bien la obra literaria tanto de Domingo Faustino Sarmiento como la de Juan Bautista Alberdi han sido consideradas siempre como acción política, en Un huracán llamado progreso la definición de literatura política tiene que ver con la representación de los elementos del estado (el poder, los tipos de sociedad, los aparatos y las instituciones, el lugar de los individuos en su inserción con la comunidad).

Una pregunta básica recorre y guía el trabajo: por qué dos intelectuales importantes de la Argentina del siglo pasado —Sarmiento y Alberdi— escribieron utopías y autobiografías, gesto que significa —desde la perspectiva de Rodríguez Pérsico— el intento por restablecer la continuidad de los tiempos históricos así como la posibilidad de representar las esferas privada y pública simultáneamente.

Quizás porque la categoría de género literario implica, de algún modo, una prisión, la crítica prefiere adoptar la noción de enunciado y el concepto de género discursivo. Una forma de sortear los estrechos límites de la obra. La representación de lo público y lo privado ancla en dos tipos de enunciados diseminados en lo respectivos corpus. Esos dos tipos construyen los espacios colectivos y personales, diseñan las imágenes del país futuro o imponen rectificaciones al orden contemporáneo. También delinean las figuras de los líderes, el político o el legislador, encargados de conducir los destinos comunes.

Una cantidad de problemas teóricos, que la autora resuelve apelando a varias disciplinas, sostienen las argumentaciones: por ejemplo, con qué concepto de utopía se opera, porqué la literatura de Sarmiento y Alberdi es una literatura política, qué teorías se adoptan para la cuestión de los modelos de estado, cómo construir el sistema con el cual leer los sistemas textuales, qué categorías sirven para conectar la literatura con lo que no es ella, cómo se analiza la construcción del espacio y el tiempo en la lengua desde el momento en que el concepto de estado-nación dibuja mapas, traza límites y establece fronteras.

En el siglo pasado, las prácticas discursivas inventan lo que falta en el dominio de lo fáctico. En otras palabras, la literatura completa y reformula el plano histórico, realiza los pactos ausentes en la sociedad. El objeto crítico se configura en torno a dos escenas: una trata de la fundación de algo, otra representa la ruptura de las alianzas.

Con argumentaciones que unen la literatura con la política Rodríguez Pérsico insiste en que cuando el enemigo ocupa un lugar central en la vida pública, la literatura genera escenas de fundación o ruptura. Allí se proponen las soluciones literarias y políticas para la consolidación del poder estatal: se aniquila al enemigo, se ponen al descubierto los complots y se hacen alianzas con los amigos.

Ese esquema —la alternancia entre fundaciones y rupturas— que organiza la vida colectiva y modela las instituciones estatales, arma también modelos de identidad personal, la del líder que necesita el estado imaginado o delinea, por el contrario, los contornos de las subjetividades que deben ser excluidas. Es decir, en las textualidades utópicas y autobiográficas o biográficas, estas escenas dibujan en su conjunto un sistema de inclusiones y exclusiones.

El trabajo crítico con modelos plantea el riesgo incesante de caer en esquematismos, de que las similitudes sepulten las diferencias. Las lecturas canónicas han insistido en presentar las ideas de Sarmiento a Alberdi como opuestos. Lo novedoso de Un huracán llamado progreso es que considera sus proyectos como complementarios. No interesan los enfrentamientos sino ver cómo se reparten los valores fundamentales que se representan en sus discursos. De otro modo, qué significa desde una perspectiva literaria inscribir la ley o la educación en el proyecto estatal.

Algunos teóricos, como Benedict Anderson (Imagined Communities. Reflections on the Origin and Spread of Nationalism, London: Verso, 1990), rechazan las posiciones esencialistas que arraigan la nación en elementos objetivos —suelo, lengua, historia, costumbre, etnias— y se inclinan a una definición constructivista: las naciones son artefactos fabricados por los nacionalismos. “Comunidades imaginarias”. La pregunta por la nación expresada en qué es una nación ha sido desplazada por otra: cómo se construye la nación. Esta pregunta tiene siempre respuestas políticas. En el siglo pasado, la literatura argentina, junto con otras prácticas verbales como el periodismo, configura un espacio donde se politiza la idea nacional. El producto del estudio de Adriana Rodríguez Pérsico es una investigación rigurosa sobre la redefinición de la literatura política desde una práctica crítica que se pretende a la vez literaria y política.

 

Carlos E. Paldao